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miércoles, 7 de noviembre de 2012
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martes, 27 de diciembre de 2011
“La más habilitada para que el peronismo deje de ser peronismo es Cristina”
El escritor, que acaba de sacar un nuevo libro sobre el peronismo, recuerda que la Presidenta no nombra a Perón, ni se canta la marcha.
Una persistencia argentina. Eso es para José Pablo Feinmann el peronismo. Pero el pensador que acaba de publicar el tomo II de su obra Peronismo , esta vez, y para enojo de muchos, se la toma con el creador del movimiento. Es el último Perón, el que aterriza en Ezeiza el que más lo enoja. Y por eso lo pone contra las cuerdas y lo sopapea un poco, a ver el si el general tiene respuestas para tantas preguntas y herencias insoportables que dejó su muerte en 1974. Hubo muchos Perón, el último es el que Feinmann pone en la mira. Por algo lo llaman un francotirador nocturno .
¿Cuál de todos los Perón sería el más polémico? Perón se va a jactar siempre de ser el totalizador de las infinitas particularidades que componen el movimiento, va a crear una figura, que es la del “padre eterno”. Cuando dos grupos peronistas se distancian, dice, yo soy el padre eterno, es decir, me aparto, miro y después digo, arréglense, el movimiento es lo primero, vamos muchachos, dénse un abrazo y esto se acabó. El tenía esa certeza.
¿Qué peronismo se gesta durante el exilio del líder? En estos 18 años de exclusión del peronismo se gesta la tragedia argentina. Porque si, bajo el gobierno de Illia, le hubieran permitido llegar a Perón, entonces lo integraban al sistema democrático, permitían que las mayorías pobres, obreras, tuvieran la posibilidad de votar a quien quieran, si eso hubiera pasado no habría habido guerrilla en la Argentina, porque habría habido expresividad democrática de las masas.
¿Y cuál es el Perón que se esperaba en 1973? La JP esperaba a un Perón revolucionario, pero no porque creyera que Perón lo fuera. La JP sabía que Perón era el líder de la clase trabajadora, entonces se mete allí para llevar a los obreros al socialismo. Y, esta es la clave: crearle a Perón hechos políticos para que él no tuviera más remedio que avalar. La cosa era: cuando vuelva el viejo va a encontrar un estado de cosas en el país que no va a tener más remedio que apoyarlo porque si no, se le incendia el país; ahora, ¿quiénes creían realmente que Perón era un revolucionario? El colaboraba con esta idea. Cuando muere el Che dice: “se ha muerto el mejor de los nuestros”. Inventa esta cosa rara del socialismo nacional, una mentira gigantesca para captar a los jóvenes que se miraban en Cuba, Argelia y Vietnam.
Mientras aterriza en Morón, se están matando en Ezeiza...
Perón se da cuenta que, si él aterriza ahí, va a repetir el acto de Cámpora del 25 de Mayo del 73. Dice, si yo salgo a hablar delante de estos locos de la patria socialista, soy Cámpora, entonces se va a Morón. En el discurso que da el 21 de junio dice: acá empieza otra etapa, la del tiempo y no la de la sangre. Y para Montoneros la cosa era, nosotros pusimos la sangre, ahora queremos poder y largan una consigna muy equivocada: “conducción, conducción, Montoneros y Perón”. Para la rima, Montoneros tenía que ir adelante y eso a Perón no le gusta nada.
A qué género corresponde lo vivido entre octubre de 1973 y marzo de 1976...? Usted cita la obra existencialista Esperando a Godot...
¿A quién esperaban? Esperar a Godot es esperar que venga algo de afuera a solucionarte la vida. Perón llegaba y todo se arreglaba para siempre. Entonces, es una tragedia, griega o no, es un drama existencialista, pero sobre todo una tragedia. Hegel dice, la tragedia no es la lucha de lo bueno contra lo malo, sino de lo justo contra lo justo. Es una tragedia, en la que se enfrentan, no la verdad contra la verdad, sino más bien el error contra el error, o, si querés decirlo así, se enfrentan demasiadas verdades de una totalidad que ya no tiene totalizador.
Perón ya no es el padre eterno...
No, porque el padre eterno es el que no elegía, sino el que armonizaba. Ahora este padre elige a la derecha del movimiento, claramente, se juega, se particulariza. Si el totalizador deviene particularidad, ya no hay quien totalice el desastre, el desorden. Entonces es un desorden sin totalizador, ¿quiénes totalizan?, los militares del 76, a través de la muerte.
¿Cuándo es que los peronistas se permiten criticar a Perón? Hasta Cristina lo critica...
Bueno, supongo que para muchos peronistas lo de Cristina debe haber sido una suerte de permiso. Aunque Cristina dijo eso para enrostrarle a Moyano que a diferencia del primer peronismo ahora hay derecho de huelga. Pero desde Alfonsín hay derecho de huelga, desde que vivimos en democracia. Además habló de la Constitución de Sampay, lo dice medio distraída, para no nombrar a Perón. Esto lo hizo con mi beneplácito, porque una de las esperanzas que deposito en el gobierno es que avance más allá del peronismo. Yo a muchos amigos antiperonistas les digo, no se equivoquen, si ustedes quieren que el peronismo deje de ser el peronismo, la más habilitada para hacerlo es Cristina Kirchner, porque si el PJ realmente se moderniza, se va a ir diluyendo, no es que lo vaya a eliminar. Pero los símbolos peronistas ya no están, Cristina no nombra a Perón, no está el escudo peronista, no se canta la marcha.
Una persistencia argentina. Eso es para José Pablo Feinmann el peronismo. Pero el pensador que acaba de publicar el tomo II de su obra Peronismo , esta vez, y para enojo de muchos, se la toma con el creador del movimiento. Es el último Perón, el que aterriza en Ezeiza el que más lo enoja. Y por eso lo pone contra las cuerdas y lo sopapea un poco, a ver el si el general tiene respuestas para tantas preguntas y herencias insoportables que dejó su muerte en 1974. Hubo muchos Perón, el último es el que Feinmann pone en la mira. Por algo lo llaman un francotirador nocturno .
¿Cuál de todos los Perón sería el más polémico? Perón se va a jactar siempre de ser el totalizador de las infinitas particularidades que componen el movimiento, va a crear una figura, que es la del “padre eterno”. Cuando dos grupos peronistas se distancian, dice, yo soy el padre eterno, es decir, me aparto, miro y después digo, arréglense, el movimiento es lo primero, vamos muchachos, dénse un abrazo y esto se acabó. El tenía esa certeza.
¿Qué peronismo se gesta durante el exilio del líder? En estos 18 años de exclusión del peronismo se gesta la tragedia argentina. Porque si, bajo el gobierno de Illia, le hubieran permitido llegar a Perón, entonces lo integraban al sistema democrático, permitían que las mayorías pobres, obreras, tuvieran la posibilidad de votar a quien quieran, si eso hubiera pasado no habría habido guerrilla en la Argentina, porque habría habido expresividad democrática de las masas.
¿Y cuál es el Perón que se esperaba en 1973? La JP esperaba a un Perón revolucionario, pero no porque creyera que Perón lo fuera. La JP sabía que Perón era el líder de la clase trabajadora, entonces se mete allí para llevar a los obreros al socialismo. Y, esta es la clave: crearle a Perón hechos políticos para que él no tuviera más remedio que avalar. La cosa era: cuando vuelva el viejo va a encontrar un estado de cosas en el país que no va a tener más remedio que apoyarlo porque si no, se le incendia el país; ahora, ¿quiénes creían realmente que Perón era un revolucionario? El colaboraba con esta idea. Cuando muere el Che dice: “se ha muerto el mejor de los nuestros”. Inventa esta cosa rara del socialismo nacional, una mentira gigantesca para captar a los jóvenes que se miraban en Cuba, Argelia y Vietnam.
Mientras aterriza en Morón, se están matando en Ezeiza...
Perón se da cuenta que, si él aterriza ahí, va a repetir el acto de Cámpora del 25 de Mayo del 73. Dice, si yo salgo a hablar delante de estos locos de la patria socialista, soy Cámpora, entonces se va a Morón. En el discurso que da el 21 de junio dice: acá empieza otra etapa, la del tiempo y no la de la sangre. Y para Montoneros la cosa era, nosotros pusimos la sangre, ahora queremos poder y largan una consigna muy equivocada: “conducción, conducción, Montoneros y Perón”. Para la rima, Montoneros tenía que ir adelante y eso a Perón no le gusta nada.
A qué género corresponde lo vivido entre octubre de 1973 y marzo de 1976...? Usted cita la obra existencialista Esperando a Godot...
¿A quién esperaban? Esperar a Godot es esperar que venga algo de afuera a solucionarte la vida. Perón llegaba y todo se arreglaba para siempre. Entonces, es una tragedia, griega o no, es un drama existencialista, pero sobre todo una tragedia. Hegel dice, la tragedia no es la lucha de lo bueno contra lo malo, sino de lo justo contra lo justo. Es una tragedia, en la que se enfrentan, no la verdad contra la verdad, sino más bien el error contra el error, o, si querés decirlo así, se enfrentan demasiadas verdades de una totalidad que ya no tiene totalizador.
Perón ya no es el padre eterno...
No, porque el padre eterno es el que no elegía, sino el que armonizaba. Ahora este padre elige a la derecha del movimiento, claramente, se juega, se particulariza. Si el totalizador deviene particularidad, ya no hay quien totalice el desastre, el desorden. Entonces es un desorden sin totalizador, ¿quiénes totalizan?, los militares del 76, a través de la muerte.
¿Cuándo es que los peronistas se permiten criticar a Perón? Hasta Cristina lo critica...
Bueno, supongo que para muchos peronistas lo de Cristina debe haber sido una suerte de permiso. Aunque Cristina dijo eso para enrostrarle a Moyano que a diferencia del primer peronismo ahora hay derecho de huelga. Pero desde Alfonsín hay derecho de huelga, desde que vivimos en democracia. Además habló de la Constitución de Sampay, lo dice medio distraída, para no nombrar a Perón. Esto lo hizo con mi beneplácito, porque una de las esperanzas que deposito en el gobierno es que avance más allá del peronismo. Yo a muchos amigos antiperonistas les digo, no se equivoquen, si ustedes quieren que el peronismo deje de ser el peronismo, la más habilitada para hacerlo es Cristina Kirchner, porque si el PJ realmente se moderniza, se va a ir diluyendo, no es que lo vaya a eliminar. Pero los símbolos peronistas ya no están, Cristina no nombra a Perón, no está el escudo peronista, no se canta la marcha.
Héctor Pavón
Diario Clarín
lunes, 26 de diciembre de 2011
Para que el país no se hunda
Ya casi en parte, me había olvidado, claro, ha pasado tanto tiempo, era tan joven en 1973, solo 21 años de edad y a los 21 años las tareas de Hércules son trabajos fáciles de resolver, pero si tenemos toda la vida por delante, como no íbamos a poder hacer un país mejor o eso creíamos. Como decía la canción:
La lucha a la que nos habíamos unido 3 años antes, la lucha contra la dictadura militar, que había continuado hundiendo al país desde 1966, como las otras dictaduras, prácticamente había dado sus frutos, la salida democrática era una cuasi realidad, cambiar las cosas profundamente era otra cosa, sin embargo porque no, ¿porque Chile si y nosotros no? Algunos de nosotros creíamos en la necesidad de un cambio profundo, trabajábamos, estudiábamos y militábamos, esa era nuestra vida, nada podía ser mejor.
De ese sábado de febrero de 1973 ya no me olvidaré jamás. Frente a la plaza Alsina de Avellaneda, habíamos encontrado un tesoro inimaginado, imposible de creer. ¡Había un muro casi virgen!, ¡en el centro de Avellaneda! ¡A quince días de las elecciones de 1973!: medía unos diez metros de largo por casi dos de altura, ¡estaba buenísimo!
Nos caímos como a las dos de la tarde, formábamos parte de la juventud de la Alianza Popular Revolucionaria con la que como lista trece, apoyábamos a la formula de Alende-Sueldo. Llevábamos los tachos con pintura, las carbonillas y los saches de distintos colores. El petiso José que era un artista, se encargó de hacer los dibujos y las inscripciones, iba a ser “El Mural”. Nos creíamos Diego de Rivera ó el más cercano David Alfaro Siqueiros.
Dibujó campos y tractores, torres de perforación petroleras con pulpos imperialistas abrazándolas, vampiros disfrazados de banqueros (¿disfrazados?) y hombres de trabajo, sobre todo hombres y mujeres. Las consignas no eran ¡síganme! ¡No los voy a defraudar!, O cualquier otra estupidez, eran: ¡Por la reforma agraria!, ¡Abajo el imperialismo!, ¡Por la nacionalización de la banca extranjera! y otras que la segunda década infame, me hizo olvidar y que recién estoy recordando lentamente. El final rezaba así: “Vote LISTA 13” - “Vote Alende-Sueldo” Alianza Popular Revolucionaria.
Había quedado hermosa, llena de colorido. Habíamos trabajado como tres horas, pero había valido la pena. Tenía que durar por lo menos dos o tres días, para que las masas la pudieran ver y que surtiera efecto en ellas además de lograr convencer a los independientes. Nos fuimos contentos a una reunión en el comité de Lanús. Como a la media hora sonó el teléfono. Era el flaco Juan Carlos (el presidente del Centro de Estudiantes) que iba para el comité de Avellaneda y lo había visto.
-Hola, ¿quién habla?
-Cacho.
-Mira cacho te aviso que al mural le están pegando carteles encima, son los radicales, porque están colocando unos carteles celestes que ya vi en otra parte.
Nos levantamos corriendo, José manejaba su Peugeot 404, íbamos 5 mas, Héctor, Picho, Luis, Pedro y yo. El auto quedo flojo de amortiguadores, dimos la vuelta a la plaza, los vimos, eran cuatro, nosotros seis ¡pan comido! (pan comido si no estaban armados). El petizo frenó de golpe, como en una serie norteamericana y bajamos. …Tomo la palabra Héctor:
- Compañeros, nos están tapando el cartel que hicimos hoy hace menos de una hora.
-No flaco, no te tapamos nada,
Mientras un cartel azul estaba sobre la mitad superior de la torre, justo donde salía el Petróleo y tapaba a parte de un pulpo. Otro muchacho con un cartel blanco, ya le estaba dando a un tractor.
-Mira compañero lo que estás haciendo, ¡nos estas tapando el mural!.
- El mural ya estaba tapado, nosotros solo seguimos ha…
-Mira flaco hablemos bien…
-¿Que es hablar bien? Contesto el otro, nervioso, al que se lo veía bastante cascarrabias.
- Mirá, hablar bien, es hablar bien…..
- Si ya sé, y vos ¿como hablas mal?, hablemos mal.
- El eco del sonido del sopapo aun resuena por Avellaneda y algunos dicen haberlo oído por Dock Sud.
Se armó el Armagedón, Luis que estaba armado con un pedazo de caño, se fue de costado, a mi me sacaron un diente superior del lado izquierdo, el petizo José, se dio con otro medio petitero, lo tiro a suelo y lo sirvió hasta cansarse.
Una señora que pasaba por ahí, nos gritaba:
- ¡En el suelo no se pega!
- ¡En el suelo no se pega!
Nadie le daba bola, yo seguía cobrando, hasta que se metió Pedrito y le dimos a mi contrincante, lo suficiente, para que nos recordara, como yo lo recuerdo ahora.
El jefe de ellos, le dijo a Héctor:
-¡Para, Para que va a venir la cana!
Por su boca y su nariz salía el líquido rojo que lo había hecho entender, la cana era una excusa para defender el poco “honor” que le quedaba. Paramos todos, Héctor le dijo:
- ¿Entendiste flaco lo que es hablar mal?
-Sí, Si. Le respondió
- Bueno ahora sacan todos los carteles y quedamos bien.
Lo hicieron, pero el mural ya estaba jodido y no lo íbamos a poder reparar por seguridad pues en cualquier momento podía llegar la cana o algo peor.
Nos fuimos al comité de Avellaneda, discutimos, compramos pizza, seguimos discutiendo, cuando escuchamos un rumor, que venía de la Unidad Básica de la Juventud Peronista, con la cual hasta ese momento no habíamos tenido ningún problema y no lo queríamos tener, pues eran como se dice ahora, del mismo palo, o sea del campo popular.
Amenazadoramente nos gritaban:
- ¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno!
- ¡Aserrín, Aserrán de Avellaneda hoy no se van!
Nosotros en bolas hasta que llego Onofre, el querido Onofre.
- ¿Que hicieron Pelotudos?
-Los cascamos a los radicales, que nos taparon con los carteles celestes y blancos del mural, le dije yo.
-¡Que radicales ni ocho cuartos! Los carteles azules eran de los radicales, los blancos de los compañeros de la JP.
Eran como 50 y dale con:
- ¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno!
- ¡Aserrín, Aserrán de Avellaneda hoy no se van!
-¿Y qué hacemos?
- Vámonos mientras es de día y mañana negociaremos, fue la orden.
No, lo que habían hecho y lo que había pasado no era suficiente para estos modernos Heracles y como si se tratara del más célebre de los héroes griegos, el paradigma de la virilidad y el adalid del orden olímpico contra los monstruos ctónicos (telúricos bah), arremetimos a una nueva tarea, salir esa noche de carnaval, sábado de carnaval para ser más precisos, a pintar por las barriadas del Dock Sud.
No podíamos contar con José ni con Luis, o sea fuimos Héctor, Picho, Pedro y yo. El Picho era hijo de un pianista de tango, ex de la orquesta de Juan Darienzo, Fulvio Salamanca, preso por aquella época por una causa armada, pero básicamente por su militancia en el Partido Comunista y en SADAIC. El Picho tenía un amigo, que a su vez era dueño de una vieja camioneta rastrojero, la pidió prestada para la pintada y la consiguió, se nos unieron dos mujeres, una era Graciela Pane y la otra, la novia de Picho.
Recuerdo que salimos por la avenida Debenedetti a eso de las 12 de la noche, meta cal y brocha, a falta de José que era el artista, dibujaba yo las letras y el resto blanqueaba las paredes y rellenaba de color las letras técnicas de estudiante de ingeniería que yo realizaba, veíamos pasar las parejitas que iban empilchadas para el baile, el tiempo pasaba y nosotros pintábamos, el tiempo pasaba y unos eran felices bailando mientras otros, nosotros, lo éramos haciendo esas tareas revolucionarias que cambiarían la vida de todos, de ellos y de nosotros, el tiempo pasaba y ellos salían de bailar, nosotros…., seguíamos dándole a la brocha.
Caminando llegamos a un pequeño taller astillero, le pintamos las paredes de chapa, cuando de golpe, vemos un pequeño barco remolcador que estaban construyendo, saltamos el alambrado y sobre la proa del lado de babor, le pintamos bien clarito con letra inclinada a 75º
Pasó el tiempo, ni nosotros hicimos la revolución ni la JP, la patria socialista, es mas votamos a Perón (con Isabel) y luego a Luder con Exterminio Iglesias, luego de eso, juré no votar jamás a un peronista (ni por un radical) y soy de cumplir mis juramentos.
Pasaron 37 años y 9 meses, hoy es feriado nacional y se está realizando un censo nacional, estamos con mi esposa mirando la televisión esperando al censista, ya no soy Heracles luchando contra lo imposible, ya no existe Hércules, nadie ya puede Limpiar los establos de Augías en un día, por si solo, sin embargo las cosas, de a poco están mejorando. De golpe el anuncio brutal, en un cartel Rojo: Murió Néstor Kirchner...
Fue de golpe, el dolor golpeaba el pecho, me había dado cuenta que no en un día pero con paciencia, ese hombre ya cadáver, había empezado a limpiar los nuevos establos de Auguías, llenos de bosta, pero en Argentina y viendo a esos jóvenes marchar esa noche, llorando como yo lo hacía en mi casa, me di cuenta que nunca una consigna era tan justa como la aggiornada:
Tiempo después falte dos veces a mi juramento, no lo siento, pero falta Hércules, a estos establos los tenemos que limpiar entre todos.
Tenemos razones puras
Tenemos porque pelear
Tenemos las manos duras,
Tenemos con que ganar
Unámonos como hermanos
Que nadie nos vencerá
……………
La lucha a la que nos habíamos unido 3 años antes, la lucha contra la dictadura militar, que había continuado hundiendo al país desde 1966, como las otras dictaduras, prácticamente había dado sus frutos, la salida democrática era una cuasi realidad, cambiar las cosas profundamente era otra cosa, sin embargo porque no, ¿porque Chile si y nosotros no? Algunos de nosotros creíamos en la necesidad de un cambio profundo, trabajábamos, estudiábamos y militábamos, esa era nuestra vida, nada podía ser mejor.
De ese sábado de febrero de 1973 ya no me olvidaré jamás. Frente a la plaza Alsina de Avellaneda, habíamos encontrado un tesoro inimaginado, imposible de creer. ¡Había un muro casi virgen!, ¡en el centro de Avellaneda! ¡A quince días de las elecciones de 1973!: medía unos diez metros de largo por casi dos de altura, ¡estaba buenísimo!
Nos caímos como a las dos de la tarde, formábamos parte de la juventud de la Alianza Popular Revolucionaria con la que como lista trece, apoyábamos a la formula de Alende-Sueldo. Llevábamos los tachos con pintura, las carbonillas y los saches de distintos colores. El petiso José que era un artista, se encargó de hacer los dibujos y las inscripciones, iba a ser “El Mural”. Nos creíamos Diego de Rivera ó el más cercano David Alfaro Siqueiros.
Dibujó campos y tractores, torres de perforación petroleras con pulpos imperialistas abrazándolas, vampiros disfrazados de banqueros (¿disfrazados?) y hombres de trabajo, sobre todo hombres y mujeres. Las consignas no eran ¡síganme! ¡No los voy a defraudar!, O cualquier otra estupidez, eran: ¡Por la reforma agraria!, ¡Abajo el imperialismo!, ¡Por la nacionalización de la banca extranjera! y otras que la segunda década infame, me hizo olvidar y que recién estoy recordando lentamente. El final rezaba así: “Vote LISTA 13” - “Vote Alende-Sueldo” Alianza Popular Revolucionaria.
Había quedado hermosa, llena de colorido. Habíamos trabajado como tres horas, pero había valido la pena. Tenía que durar por lo menos dos o tres días, para que las masas la pudieran ver y que surtiera efecto en ellas además de lograr convencer a los independientes. Nos fuimos contentos a una reunión en el comité de Lanús. Como a la media hora sonó el teléfono. Era el flaco Juan Carlos (el presidente del Centro de Estudiantes) que iba para el comité de Avellaneda y lo había visto.
-Hola, ¿quién habla?
-Cacho.
-Mira cacho te aviso que al mural le están pegando carteles encima, son los radicales, porque están colocando unos carteles celestes que ya vi en otra parte.
Nos levantamos corriendo, José manejaba su Peugeot 404, íbamos 5 mas, Héctor, Picho, Luis, Pedro y yo. El auto quedo flojo de amortiguadores, dimos la vuelta a la plaza, los vimos, eran cuatro, nosotros seis ¡pan comido! (pan comido si no estaban armados). El petizo frenó de golpe, como en una serie norteamericana y bajamos. …Tomo la palabra Héctor:
- Compañeros, nos están tapando el cartel que hicimos hoy hace menos de una hora.
-No flaco, no te tapamos nada,
Mientras un cartel azul estaba sobre la mitad superior de la torre, justo donde salía el Petróleo y tapaba a parte de un pulpo. Otro muchacho con un cartel blanco, ya le estaba dando a un tractor.
-Mira compañero lo que estás haciendo, ¡nos estas tapando el mural!.
- El mural ya estaba tapado, nosotros solo seguimos ha…
-Mira flaco hablemos bien…
-¿Que es hablar bien? Contesto el otro, nervioso, al que se lo veía bastante cascarrabias.
- Mirá, hablar bien, es hablar bien…..
- Si ya sé, y vos ¿como hablas mal?, hablemos mal.
- El eco del sonido del sopapo aun resuena por Avellaneda y algunos dicen haberlo oído por Dock Sud.
Se armó el Armagedón, Luis que estaba armado con un pedazo de caño, se fue de costado, a mi me sacaron un diente superior del lado izquierdo, el petizo José, se dio con otro medio petitero, lo tiro a suelo y lo sirvió hasta cansarse.
Una señora que pasaba por ahí, nos gritaba:
- ¡En el suelo no se pega!
- ¡En el suelo no se pega!
Nadie le daba bola, yo seguía cobrando, hasta que se metió Pedrito y le dimos a mi contrincante, lo suficiente, para que nos recordara, como yo lo recuerdo ahora.
El jefe de ellos, le dijo a Héctor:
-¡Para, Para que va a venir la cana!
Por su boca y su nariz salía el líquido rojo que lo había hecho entender, la cana era una excusa para defender el poco “honor” que le quedaba. Paramos todos, Héctor le dijo:
- ¿Entendiste flaco lo que es hablar mal?
-Sí, Si. Le respondió
- Bueno ahora sacan todos los carteles y quedamos bien.
Lo hicieron, pero el mural ya estaba jodido y no lo íbamos a poder reparar por seguridad pues en cualquier momento podía llegar la cana o algo peor.
Nos fuimos al comité de Avellaneda, discutimos, compramos pizza, seguimos discutiendo, cuando escuchamos un rumor, que venía de la Unidad Básica de la Juventud Peronista, con la cual hasta ese momento no habíamos tenido ningún problema y no lo queríamos tener, pues eran como se dice ahora, del mismo palo, o sea del campo popular.
Amenazadoramente nos gritaban:
- ¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno!
- ¡Aserrín, Aserrán de Avellaneda hoy no se van!
Nosotros en bolas hasta que llego Onofre, el querido Onofre.
- ¿Que hicieron Pelotudos?
-Los cascamos a los radicales, que nos taparon con los carteles celestes y blancos del mural, le dije yo.
-¡Que radicales ni ocho cuartos! Los carteles azules eran de los radicales, los blancos de los compañeros de la JP.
Eran como 50 y dale con:
- ¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno!
- ¡Aserrín, Aserrán de Avellaneda hoy no se van!
-¿Y qué hacemos?
- Vámonos mientras es de día y mañana negociaremos, fue la orden.
No, lo que habían hecho y lo que había pasado no era suficiente para estos modernos Heracles y como si se tratara del más célebre de los héroes griegos, el paradigma de la virilidad y el adalid del orden olímpico contra los monstruos ctónicos (telúricos bah), arremetimos a una nueva tarea, salir esa noche de carnaval, sábado de carnaval para ser más precisos, a pintar por las barriadas del Dock Sud.
No podíamos contar con José ni con Luis, o sea fuimos Héctor, Picho, Pedro y yo. El Picho era hijo de un pianista de tango, ex de la orquesta de Juan Darienzo, Fulvio Salamanca, preso por aquella época por una causa armada, pero básicamente por su militancia en el Partido Comunista y en SADAIC. El Picho tenía un amigo, que a su vez era dueño de una vieja camioneta rastrojero, la pidió prestada para la pintada y la consiguió, se nos unieron dos mujeres, una era Graciela Pane y la otra, la novia de Picho.
Recuerdo que salimos por la avenida Debenedetti a eso de las 12 de la noche, meta cal y brocha, a falta de José que era el artista, dibujaba yo las letras y el resto blanqueaba las paredes y rellenaba de color las letras técnicas de estudiante de ingeniería que yo realizaba, veíamos pasar las parejitas que iban empilchadas para el baile, el tiempo pasaba y nosotros pintábamos, el tiempo pasaba y unos eran felices bailando mientras otros, nosotros, lo éramos haciendo esas tareas revolucionarias que cambiarían la vida de todos, de ellos y de nosotros, el tiempo pasaba y ellos salían de bailar, nosotros…., seguíamos dándole a la brocha.
Caminando llegamos a un pequeño taller astillero, le pintamos las paredes de chapa, cuando de golpe, vemos un pequeño barco remolcador que estaban construyendo, saltamos el alambrado y sobre la proa del lado de babor, le pintamos bien clarito con letra inclinada a 75º
PARA QUE EL PAIS NO SE HUNDA
VOTE ALENDE- SUELDO
Pasó el tiempo, ni nosotros hicimos la revolución ni la JP, la patria socialista, es mas votamos a Perón (con Isabel) y luego a Luder con Exterminio Iglesias, luego de eso, juré no votar jamás a un peronista (ni por un radical) y soy de cumplir mis juramentos.
Pasaron 37 años y 9 meses, hoy es feriado nacional y se está realizando un censo nacional, estamos con mi esposa mirando la televisión esperando al censista, ya no soy Heracles luchando contra lo imposible, ya no existe Hércules, nadie ya puede Limpiar los establos de Augías en un día, por si solo, sin embargo las cosas, de a poco están mejorando. De golpe el anuncio brutal, en un cartel Rojo: Murió Néstor Kirchner...
Fue de golpe, el dolor golpeaba el pecho, me había dado cuenta que no en un día pero con paciencia, ese hombre ya cadáver, había empezado a limpiar los nuevos establos de Auguías, llenos de bosta, pero en Argentina y viendo a esos jóvenes marchar esa noche, llorando como yo lo hacía en mi casa, me di cuenta que nunca una consigna era tan justa como la aggiornada:
PARA QUE EL PAIS NO SE HUNDA
VOTE……..
Tiempo después falte dos veces a mi juramento, no lo siento, pero falta Hércules, a estos establos los tenemos que limpiar entre todos.
Enrique Ramiro Vázquez.
No me lo contaron, yo lo viví
A 10 años del 20 de diciembre.
- ¿Vos cerrás?
- ¡Y, hay estado de sitio!
Escuché y pensé qué sería eso de “estado de sitio”.
Hasta las heladerías estaban con la reja a medio cerrar. Ese 19 de diciembre todos amagaban con cerrar, pero aún nadie cerraba. Llegué a suponer que había explotado la represa de El Chocón. ¡Y… más o menos! dirá alguno. Igual nos tapó el agua.
Las medidas de Cavallo habían pegado fuerte en la vida social y económica de todo el país. Me informé que el estado de sitio impedía las concentraciones de personas como en la época de la dictadura militar. No entendía o no quería entender, que aquella medida que los militares habían sacado sólo el día de las elecciones que ganó Alfonsín en 1983, sea rescatada por un radical 18 años después.
Me volví a mi casa y no me animé a salir de ahí. Cada hora llegaban peores noticias. El 20 de diciembre todos los canales de noticias estaban llenos de sangre. Desde casa se escuchaban disparos en un supermercado cercano. Mis padres no me dejaban salir al patio por los gases lacrimógenos. Sólo quedaba mirar tele. Crónica anunció la renuncia del ministro Cavallo. TN tituló: “El Estallido”. Crónica, horas después, tituló lo que costaba creer: “Renunció el Presidente De La Rua”.
Cada hora la TV anunciaba más muertes en Plaza de Mayo, y en todos el país. Fueron 39 en total, 39 asesinados a sangre fría por protestar ante un estado corrupto e ineficiente. No es sólo un número, son 39 familias, 39 grupos de amigos, que quedaron marcados trágicamente por ese 20 de diciembre fatal.
La huída del Presidente no calmó las aguas para nada. La gente siguió protestando y saqueando. Hasta que la noticia llegó a la puerta de casa, y salimos a mirarla. El hipermercado La Anónima se debatía entre abrir sus puertas o no, porque cerrado igual perdería mucha mercadería. No las abrió, ni entregó mercadería gratis como hizo Jumbo. Fueron a saquearlo, pero la policía con un camión hidrante y colaboración de los vecinos (mínima, pero colaboración al fin), logró que el hipermercado quede intacto. Después nos enteramos que otros supermercados, como el Topsy que ahora me queda cerca, también fueron salvados por los vecinos y los mismos empleados que defendían su laburo. En el país no mandaba nadie.
A los jóvenes nos gustaba el rock, que como nosotros atacaba y odiaba a la clase política. No creíamos en la política, menos aún en los políticos. Nos parecía imposible que el país se recupere de esa crisis.
Me daba risa que De La Rua se queje de su fracaso culpando a Tinelli y a Crónica. De La Rua había luchado contra el modelo corrupto de la segunda década infame, y la gente que reventó las urnas para cambiar la historia le dio dos años exactos de crédito. No hizo absolutamente nada de lo que prometió en campaña.
Duhalde había perdido contra De La Rua pero apareció como el sucesor, no llamaron a elecciones. Empezó bien, prometió que el que depositó dólares recibiría dólares, y que el 9 de julio de 2002 comenzaría la reactivación económica del país. Él mismo reconoció meses más tarde que ninguna de esas dos promesas podría cumplirse (igual nadie le había creído), al consultársele entonces para la reactivación económica respondió: “Que Dios nos ayude”, una frase que quedaría en la historia por su tácita demostración de ineficiencia, desorientación y pesimismo. Ojalá la presidencia de Duhalde durante “el incendio” se pudiese resumir en promesas inconclusas. También se llevó la vida de dos manifestantes en una protesta: Kosteki y Santillán.
Eran tiempos duros, no había plata. Se inventaron bonos que después perdieron su valor, se imprimieron bonos de moneda nacional (“Argentinos” se llamaban) para no usar el Peso y cuidarlo, pero no se llegaron a implementar. Se pagaron sueldos con vales de comida. Se vendían de a dos litros de leche, de a dos litros de aceite por persona. Nos turnábamos con mi hermano para comprar y esperar afuera del supermercado, había que abastecerse de víveres porque no se sabía qué podía pasar con la economía del país. Sí, hagan memoria, hace apenas diez años.
¿Cómo salir de esa realidad? ¿En quién confiar? ¿A quién utilizar para negociar y descartar para gobernar? ¿Cómo sería la trancisión y con quién? ¿Cuándo y con quién cambiar el modelo de la trancisión a la recuperación? Pregúntenle a Néstor Kirchner, esa es otra historia.
Cuatro años después, en los comienzos de la recuperación, estudié que los multimedios eran demasiado importantes para manejar la cabeza de la gente. Incluso Sasturain nos dio a entender que Clarín tenía un porcentaje de Página 12. Ahora miro las tapas de diciembre, y los diarios Clarín y La Nación minimizaban el shock por las medidas de Cavallo, atacaban a De La Rua evitando perjudicar a ‘Mingo’. ¿Por qué? ¿Qué intereses defendían?
Ah, De La Rua impulsó una ley que perjudicaba los intereses monopólicos de Clarín. Ahí empezaron las tapas y noticias de TN en contra, está bien. Por eso la Alianza perdió las legislativas en octubre de 2001. Si, te lo concedo. Dos meses después tuvo que renunciar De La Rua. Puede ser una lectura. Pero ningún estallido social hubiese sido posible sin el corralito de Cavallo y el estado de sitio de De La Rua. ¿A alguien se le ocurre que mañana salga Cristina Fernández a decir: desde hoy se pueden sacar mil pesos por semana (supongamos), y no puede haber concentraciones de personas en un mismo lugar”? Sería más fácil renunciar, y no tomar medidas para impulsar a que te renuncien.
En 2008 y 2009, el gobierno actual vivió una crisis comparable. No similar, porque contra Cristina Fernández salieron a protestar los que tienen plata, y no los que no tienen para comer. Sin duda la presidenta constitucional pudo seguir en el cargo y soportar las embestidas, porque no fue tan h.d.p. de reprimir con balas de plomo, balas de goma, gases lacrimógenos, camiones hidrantes, caballos, culetazos, en fin. En ocho años, Cristina Fernández y su antecesor Néstor Kirchner jamás reprimieron una protesta social.
El 28 de junio de 2009, el gobierno actual perdió las elecciones legislativas, como la Alianza en octubre de 2001. Pero en 2009 no le dieron tiempo al grupo monopólico de darle al gobierno el empujón definitivo al abismo. En julio de ese año fue impulsada la Ley de Medios Audiovisuales, y con otra lógica mediática, comenzaron a denunciar las contradicciones del grupo Clarín, propias de un grupo empresarial que se amolda a los cambios de la realidad siempre en defensa los mismos mezquinos e inhumanos intereses. ¡Ah, entonces eso era lo que defendían en 2001 cuando no criticaban a Cavallo!
En octubre de 2011, la victoria de Cristina Fernández con el 54% de los votos, significó desde el regreso de la democracia, la primera victoria electoral de un candidato no apoyado por el Grupo Clarín.
Hoy me alegra ver un congreso donde se discuten leyes en las que se puede estar de acuerdo, o no. Pero ya no se le dan “superpoderes” al mismo tipo que, mucho antes de 2001, hizo pública la deuda privada a costa del hambre y la miseria de los argentinos. Se discute el estatuto del peón y no la reforma laboral. Hoy las nuevas canciones de rock salieron de la monotonía de atacar a la política.
Hoy creo en la política como herramienta de cambio y transformación de mi patria. Miles de jóvenes salen a la calle a defender al gobierno, y yo también. Sería desconsiderado de mi parte creer en los milagros, prefiero defender explícitamente al modelo y a las personas que lograron recuperar la política. Hoy estoy formando una familia, analizando opciones para trabajar, administrando la plata, planeando y calculando. Hace diez años, no me imaginaba vivir en un país con trabajo y con plata. Nadie me contó esta historia, yo la viví.
El estallido social. El papel de los medios de comunicación. El cambio positivo en la mentalidad de la juventud argentina.Estaba paseando por la feria Mitre. Seguramente aburrido y con plata (léase $20 o $30). A las 5 de la tarde salí de mi casa al centro de Neuquén, y mi recuerdo comienza en ese sitio exacto. Adivino que estaba aburrido y con plata, porque cuando tenía 18 años solo así me iba al centro a comprarme boludeces. Todos los puestos de la feria estaban atendidos delante del mostrador, con los vendedores hablando entre ellos.
- ¿Vos cerrás?
- ¡Y, hay estado de sitio!
Escuché y pensé qué sería eso de “estado de sitio”.
Hasta las heladerías estaban con la reja a medio cerrar. Ese 19 de diciembre todos amagaban con cerrar, pero aún nadie cerraba. Llegué a suponer que había explotado la represa de El Chocón. ¡Y… más o menos! dirá alguno. Igual nos tapó el agua.
Las medidas de Cavallo habían pegado fuerte en la vida social y económica de todo el país. Me informé que el estado de sitio impedía las concentraciones de personas como en la época de la dictadura militar. No entendía o no quería entender, que aquella medida que los militares habían sacado sólo el día de las elecciones que ganó Alfonsín en 1983, sea rescatada por un radical 18 años después.
Me volví a mi casa y no me animé a salir de ahí. Cada hora llegaban peores noticias. El 20 de diciembre todos los canales de noticias estaban llenos de sangre. Desde casa se escuchaban disparos en un supermercado cercano. Mis padres no me dejaban salir al patio por los gases lacrimógenos. Sólo quedaba mirar tele. Crónica anunció la renuncia del ministro Cavallo. TN tituló: “El Estallido”. Crónica, horas después, tituló lo que costaba creer: “Renunció el Presidente De La Rua”.
Cada hora la TV anunciaba más muertes en Plaza de Mayo, y en todos el país. Fueron 39 en total, 39 asesinados a sangre fría por protestar ante un estado corrupto e ineficiente. No es sólo un número, son 39 familias, 39 grupos de amigos, que quedaron marcados trágicamente por ese 20 de diciembre fatal.
La huída del Presidente no calmó las aguas para nada. La gente siguió protestando y saqueando. Hasta que la noticia llegó a la puerta de casa, y salimos a mirarla. El hipermercado La Anónima se debatía entre abrir sus puertas o no, porque cerrado igual perdería mucha mercadería. No las abrió, ni entregó mercadería gratis como hizo Jumbo. Fueron a saquearlo, pero la policía con un camión hidrante y colaboración de los vecinos (mínima, pero colaboración al fin), logró que el hipermercado quede intacto. Después nos enteramos que otros supermercados, como el Topsy que ahora me queda cerca, también fueron salvados por los vecinos y los mismos empleados que defendían su laburo. En el país no mandaba nadie.
A los jóvenes nos gustaba el rock, que como nosotros atacaba y odiaba a la clase política. No creíamos en la política, menos aún en los políticos. Nos parecía imposible que el país se recupere de esa crisis.
Me daba risa que De La Rua se queje de su fracaso culpando a Tinelli y a Crónica. De La Rua había luchado contra el modelo corrupto de la segunda década infame, y la gente que reventó las urnas para cambiar la historia le dio dos años exactos de crédito. No hizo absolutamente nada de lo que prometió en campaña.
Duhalde había perdido contra De La Rua pero apareció como el sucesor, no llamaron a elecciones. Empezó bien, prometió que el que depositó dólares recibiría dólares, y que el 9 de julio de 2002 comenzaría la reactivación económica del país. Él mismo reconoció meses más tarde que ninguna de esas dos promesas podría cumplirse (igual nadie le había creído), al consultársele entonces para la reactivación económica respondió: “Que Dios nos ayude”, una frase que quedaría en la historia por su tácita demostración de ineficiencia, desorientación y pesimismo. Ojalá la presidencia de Duhalde durante “el incendio” se pudiese resumir en promesas inconclusas. También se llevó la vida de dos manifestantes en una protesta: Kosteki y Santillán.
Eran tiempos duros, no había plata. Se inventaron bonos que después perdieron su valor, se imprimieron bonos de moneda nacional (“Argentinos” se llamaban) para no usar el Peso y cuidarlo, pero no se llegaron a implementar. Se pagaron sueldos con vales de comida. Se vendían de a dos litros de leche, de a dos litros de aceite por persona. Nos turnábamos con mi hermano para comprar y esperar afuera del supermercado, había que abastecerse de víveres porque no se sabía qué podía pasar con la economía del país. Sí, hagan memoria, hace apenas diez años.
¿Cómo salir de esa realidad? ¿En quién confiar? ¿A quién utilizar para negociar y descartar para gobernar? ¿Cómo sería la trancisión y con quién? ¿Cuándo y con quién cambiar el modelo de la trancisión a la recuperación? Pregúntenle a Néstor Kirchner, esa es otra historia.
Cuatro años después, en los comienzos de la recuperación, estudié que los multimedios eran demasiado importantes para manejar la cabeza de la gente. Incluso Sasturain nos dio a entender que Clarín tenía un porcentaje de Página 12. Ahora miro las tapas de diciembre, y los diarios Clarín y La Nación minimizaban el shock por las medidas de Cavallo, atacaban a De La Rua evitando perjudicar a ‘Mingo’. ¿Por qué? ¿Qué intereses defendían?
Ah, De La Rua impulsó una ley que perjudicaba los intereses monopólicos de Clarín. Ahí empezaron las tapas y noticias de TN en contra, está bien. Por eso la Alianza perdió las legislativas en octubre de 2001. Si, te lo concedo. Dos meses después tuvo que renunciar De La Rua. Puede ser una lectura. Pero ningún estallido social hubiese sido posible sin el corralito de Cavallo y el estado de sitio de De La Rua. ¿A alguien se le ocurre que mañana salga Cristina Fernández a decir: desde hoy se pueden sacar mil pesos por semana (supongamos), y no puede haber concentraciones de personas en un mismo lugar”? Sería más fácil renunciar, y no tomar medidas para impulsar a que te renuncien.
En 2008 y 2009, el gobierno actual vivió una crisis comparable. No similar, porque contra Cristina Fernández salieron a protestar los que tienen plata, y no los que no tienen para comer. Sin duda la presidenta constitucional pudo seguir en el cargo y soportar las embestidas, porque no fue tan h.d.p. de reprimir con balas de plomo, balas de goma, gases lacrimógenos, camiones hidrantes, caballos, culetazos, en fin. En ocho años, Cristina Fernández y su antecesor Néstor Kirchner jamás reprimieron una protesta social.
El 28 de junio de 2009, el gobierno actual perdió las elecciones legislativas, como la Alianza en octubre de 2001. Pero en 2009 no le dieron tiempo al grupo monopólico de darle al gobierno el empujón definitivo al abismo. En julio de ese año fue impulsada la Ley de Medios Audiovisuales, y con otra lógica mediática, comenzaron a denunciar las contradicciones del grupo Clarín, propias de un grupo empresarial que se amolda a los cambios de la realidad siempre en defensa los mismos mezquinos e inhumanos intereses. ¡Ah, entonces eso era lo que defendían en 2001 cuando no criticaban a Cavallo!
En octubre de 2011, la victoria de Cristina Fernández con el 54% de los votos, significó desde el regreso de la democracia, la primera victoria electoral de un candidato no apoyado por el Grupo Clarín.
Hoy me alegra ver un congreso donde se discuten leyes en las que se puede estar de acuerdo, o no. Pero ya no se le dan “superpoderes” al mismo tipo que, mucho antes de 2001, hizo pública la deuda privada a costa del hambre y la miseria de los argentinos. Se discute el estatuto del peón y no la reforma laboral. Hoy las nuevas canciones de rock salieron de la monotonía de atacar a la política.
Hoy creo en la política como herramienta de cambio y transformación de mi patria. Miles de jóvenes salen a la calle a defender al gobierno, y yo también. Sería desconsiderado de mi parte creer en los milagros, prefiero defender explícitamente al modelo y a las personas que lograron recuperar la política. Hoy estoy formando una familia, analizando opciones para trabajar, administrando la plata, planeando y calculando. Hace diez años, no me imaginaba vivir en un país con trabajo y con plata. Nadie me contó esta historia, yo la viví.
Sebastián Sánchez.
Diciembre de 2011.
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“Al optar por la derecha, Perón mismo aniquiló su imagen histórica”
En el primer tomo de “Peronismo”, Feinmann analiza la historia del movimiento desde 1943 hasta el regreso del líder al país, en 1972.

Anochece en Buenos Aires. Madres, chicos y estudiantes caminan apurados en la zona de facultades y clínicas de Barrio Norte. Mientras tanto, las luces de un departamento del tercer piso de un edificio antiguo y cuidado se encienden. Allí comienza la jornada de trabajo en la casa del noctámbulo ensayista José Pablo Feinmann. En el silencio de la noche escribe sus voluminosos y polémicos libros y artículos sobre filosofía, historia, política, cine, y que nunca resultan indiferentes. Esos escritos multiplican enemigos y adictos. Se reunió con Néstor Kirchner para hablar de política y ahora vuelve al debate sobre Perón y el Movimiento. Feinmann publicó el tomo I de Filosofía política de una persistencia argentina (Planeta). Un libro “filosófico histórico, de filosofía política” sobre el peronismo del período 1943-1972.
Con este libro, dice Feinmann, “estás comprando un fresco histórico y una reflexión filosófica sobre la condición humana a propósito del peronismo, porque yo analizo hacia el final qué es lo que pasa con el hombre que se vuelve un ser tan destructivo, cómo pudieron matarse así en Ezeiza, cómo es posible torturar, cómo pudo ser la bestialidad de la Triple A...” ¿A qué peronistas va a molestar este libro? A muchos peronistas porque no es un libro peronista. Creo que lo es en la pasión que el autor pone en ocuparse del peronismo y en que no lo denigra sino que exalta muchas de sus facetas y lo califica como el gran relato de los últimos 50 años de la Argentina. Escribo la historia del peronismo porque ahí encuentro todo, la vida, la muerte, la pasión, todo lo que la historia tiene de fascinante. Pero el último Perón que yo trazo, el tercero, es un Perón muy jodido. Y eso a muchos peronistas no les va a gustar.
Desde el arranque usted dice que el peronismo de la época de la resistencia es muy rico pero que ya no lo es cuando vuelve Perón. ¿Cómo se entiende esa paradoja? Hay que tener en cuenta que al peronismo, Perón lo maneja desde Madrid. Es muy rico porque hay contradicciones que surgen y que no se someten al liderazgo opresivo de Perón. Durante 18 años, Perón se cree el mago ajedrecista de la historia. El viejo dice yo desde Madrid manejo todas las contradicciones del movimiento, y entonces manda una carta a los conciliadores, una carta a los duros, una carta a los negociadores, una carta a los izquierdistas. Hay cartas para todos.
Al escribir este libro, ¿qué lo decepcionó más: Perón o el peronismo? Perón, Perón. No, el peronismo no me decepcionó. El peronismo como historia me sigue fascinando. Ahora, el tercer Perón me parece lo peor, que quede claro.
Dice que el tercer Perón es lo peor. ¿Por qué lo ve así? ¿Fracasó? ¿Por- que no fue conciliador? Creo que Perón, si vino a aplicar el escarmiento vino a suicidarse, porque vino a hacerles el trabajo sucio a los milicos. Si viniste a eso te hubieras quedado en España. Y después, el trabajo sucio que empezó a hacer es lamentable. Estoy totalmente en contra porque hizo un trabajo clandestino, fuera de la ley. Cuando matan al padre Mujica, Perón no va a su entierro ¿por qué no va? Que alguien me conteste esto. Si fue al entierro de Rucci, ¿por qué no fue al entierro del Padre Mujica? ¿Por qué lo fue a visitar a la Villa 31 en noviembre del 72? No lo encontró; fue porque lo necesitaba para las elecciones. Y después lo recibe en Gaspar Campos y le dice “el mundo marcha al socialismo”. Cuando lo matan, no manda ni una corona al velorio. Bueno, a mí ese Perón no me gusta. Perón vino y optó por la derecha, pero por la peor derecha, para barrer a la izquierda. Entonces yo digo: ¿a eso vino? El mismo aniquiló su imagen histórica.
¿Cuál fue la responsabilidad de Perón en el origen de la Triple A? Perón participó de la idea de la Triple A, no es que dejó hacer. Perón no pudo no estar enterado. Nombra al comisario Alberto Villar. Si alguien me demuestra que Perón no nombró a Alberto Villar al frente de la Policía Federal yo le voy a creer entonces que Perón estaba distraído, pero Perón no podía no saber quién era Villar. No jodamos, lo habían educado los paramilitares franceses, después había estado en la Escuela de las Américas, ¿qué esperaba Perón que iba a hacer Villar? Era un asesino y Perón lo sabía.
¿Cómo veía entonces la posición de Montoneros en su relación con Perón? Los Montoneros se apropiaron de la JP no sólo por su enlace con Galimberti. Había una fascinación por la lucha armada. Siempre me pareció peligrosa. Nunca la compartí. Pero era imposible luchar contra ella. Perón no pudo ser más claro y lo dijo muchas veces: el peronismo enfrentaba al régimen como movimiento de liberación nacional. Dentro de ese movimiento estaban las formaciones especiales. El las nombró así, especiales . Cuando le preguntan a Perón por su solidaridad con quienes están en la lucha armada, él dice: Sí cómo no. Claro que vamos a ser solidarios con todos los peronistas...
El necesitaba tanto a Rucci como a los Montoneros. Rucci fue más vivo, jamás le discutió la conducción, jamás quiso compartirla con él. Y los Montoneros tenían que saber que la política del entrismo tenía un costo: ser parte del movimiento y acatar la conducción de Perón.
¿Hoy vivimos un nuevo “relato” del peronismo? Recién ahora volvemos a tener peronismo, por eso hay tantos conflictos. Antes éramos todos amigos, estábamos todos contra Menem. Pero ahora no, todos nos hemos sacado las máscaras. Ahora hay muchas peleas porque el peronismo vuelve a tocar intereses de clases.

Anochece en Buenos Aires. Madres, chicos y estudiantes caminan apurados en la zona de facultades y clínicas de Barrio Norte. Mientras tanto, las luces de un departamento del tercer piso de un edificio antiguo y cuidado se encienden. Allí comienza la jornada de trabajo en la casa del noctámbulo ensayista José Pablo Feinmann. En el silencio de la noche escribe sus voluminosos y polémicos libros y artículos sobre filosofía, historia, política, cine, y que nunca resultan indiferentes. Esos escritos multiplican enemigos y adictos. Se reunió con Néstor Kirchner para hablar de política y ahora vuelve al debate sobre Perón y el Movimiento. Feinmann publicó el tomo I de Filosofía política de una persistencia argentina (Planeta). Un libro “filosófico histórico, de filosofía política” sobre el peronismo del período 1943-1972.
Con este libro, dice Feinmann, “estás comprando un fresco histórico y una reflexión filosófica sobre la condición humana a propósito del peronismo, porque yo analizo hacia el final qué es lo que pasa con el hombre que se vuelve un ser tan destructivo, cómo pudieron matarse así en Ezeiza, cómo es posible torturar, cómo pudo ser la bestialidad de la Triple A...” ¿A qué peronistas va a molestar este libro? A muchos peronistas porque no es un libro peronista. Creo que lo es en la pasión que el autor pone en ocuparse del peronismo y en que no lo denigra sino que exalta muchas de sus facetas y lo califica como el gran relato de los últimos 50 años de la Argentina. Escribo la historia del peronismo porque ahí encuentro todo, la vida, la muerte, la pasión, todo lo que la historia tiene de fascinante. Pero el último Perón que yo trazo, el tercero, es un Perón muy jodido. Y eso a muchos peronistas no les va a gustar.
Desde el arranque usted dice que el peronismo de la época de la resistencia es muy rico pero que ya no lo es cuando vuelve Perón. ¿Cómo se entiende esa paradoja? Hay que tener en cuenta que al peronismo, Perón lo maneja desde Madrid. Es muy rico porque hay contradicciones que surgen y que no se someten al liderazgo opresivo de Perón. Durante 18 años, Perón se cree el mago ajedrecista de la historia. El viejo dice yo desde Madrid manejo todas las contradicciones del movimiento, y entonces manda una carta a los conciliadores, una carta a los duros, una carta a los negociadores, una carta a los izquierdistas. Hay cartas para todos.
Al escribir este libro, ¿qué lo decepcionó más: Perón o el peronismo? Perón, Perón. No, el peronismo no me decepcionó. El peronismo como historia me sigue fascinando. Ahora, el tercer Perón me parece lo peor, que quede claro.
Dice que el tercer Perón es lo peor. ¿Por qué lo ve así? ¿Fracasó? ¿Por- que no fue conciliador? Creo que Perón, si vino a aplicar el escarmiento vino a suicidarse, porque vino a hacerles el trabajo sucio a los milicos. Si viniste a eso te hubieras quedado en España. Y después, el trabajo sucio que empezó a hacer es lamentable. Estoy totalmente en contra porque hizo un trabajo clandestino, fuera de la ley. Cuando matan al padre Mujica, Perón no va a su entierro ¿por qué no va? Que alguien me conteste esto. Si fue al entierro de Rucci, ¿por qué no fue al entierro del Padre Mujica? ¿Por qué lo fue a visitar a la Villa 31 en noviembre del 72? No lo encontró; fue porque lo necesitaba para las elecciones. Y después lo recibe en Gaspar Campos y le dice “el mundo marcha al socialismo”. Cuando lo matan, no manda ni una corona al velorio. Bueno, a mí ese Perón no me gusta. Perón vino y optó por la derecha, pero por la peor derecha, para barrer a la izquierda. Entonces yo digo: ¿a eso vino? El mismo aniquiló su imagen histórica.
¿Cuál fue la responsabilidad de Perón en el origen de la Triple A? Perón participó de la idea de la Triple A, no es que dejó hacer. Perón no pudo no estar enterado. Nombra al comisario Alberto Villar. Si alguien me demuestra que Perón no nombró a Alberto Villar al frente de la Policía Federal yo le voy a creer entonces que Perón estaba distraído, pero Perón no podía no saber quién era Villar. No jodamos, lo habían educado los paramilitares franceses, después había estado en la Escuela de las Américas, ¿qué esperaba Perón que iba a hacer Villar? Era un asesino y Perón lo sabía.
¿Cómo veía entonces la posición de Montoneros en su relación con Perón? Los Montoneros se apropiaron de la JP no sólo por su enlace con Galimberti. Había una fascinación por la lucha armada. Siempre me pareció peligrosa. Nunca la compartí. Pero era imposible luchar contra ella. Perón no pudo ser más claro y lo dijo muchas veces: el peronismo enfrentaba al régimen como movimiento de liberación nacional. Dentro de ese movimiento estaban las formaciones especiales. El las nombró así, especiales . Cuando le preguntan a Perón por su solidaridad con quienes están en la lucha armada, él dice: Sí cómo no. Claro que vamos a ser solidarios con todos los peronistas...
El necesitaba tanto a Rucci como a los Montoneros. Rucci fue más vivo, jamás le discutió la conducción, jamás quiso compartirla con él. Y los Montoneros tenían que saber que la política del entrismo tenía un costo: ser parte del movimiento y acatar la conducción de Perón.
¿Hoy vivimos un nuevo “relato” del peronismo? Recién ahora volvemos a tener peronismo, por eso hay tantos conflictos. Antes éramos todos amigos, estábamos todos contra Menem. Pero ahora no, todos nos hemos sacado las máscaras. Ahora hay muchas peleas porque el peronismo vuelve a tocar intereses de clases.
Héctor Pavón.
Diario Clarín.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Sur, Corralito y después
TVR - Informe: Revisionismo histórico: Sur, Corralito y después (a 10 años) 03-12-11
lunes, 5 de septiembre de 2011
"Cómo habría de pasarles, desde sus cómodos lugares del notemetás y poralgohabrásido"
La última vez que la vi a mi hermana fue cerca de “la mandarina”, zona sur de Rosario. La mandarina era una construcción cerca del frigorífico Swift que alguna vez había estado destinada a tener un monumento a Evita, pero que jamás se dio, y quedaron estos gajos de cementos circundando…nada. Adriana se acercó a mí en contraluz.
Le vi su panza redonda, hermosa circunferencia de vida, a medida que se iba acercando con el sol a su espalda. La luz jugaba otras luces en su pelo y su contorno.La vi tan hermosa.
Lástima no haber sabido que iba a ser la última vez. No me hubieran podido separar del abrazo. Pero no supe. Pero no presentí.
Un chico que estaba detenido -porque de chicos hablamos- le dijo a su madre que le diga a mi madre que los chicos estaban muertos y enterrados en el cementerio La Piedad. Y que la nena había pasado por el Juzgado de Menores.
Cinco meses estuvo perdida.
A sus nueve meses, encontrada y recuperada.
La esperaba en el departamento de San Luis 1119, 4° piso
, de Rosario. Mi madre la subía en el ascensor antiguo, de rejas. Estaba en un cochecito, ella, tan buscada, tan parecida a su madre. Abrí las rejas del viejo ascensor, y me largué a llorar.
Todos llorábamos.
Fui al cine a ver una película, “Julia”, sobre un hecho verídico.
Todos llorábamos.

Julia, miembro de la resistencia en Alemania durante la segunda Guerra Mundial; su amiga, Lillian Hellman, esposa del escritor Dashiel Hammet, fue a Alemania sirviéndole de correo. Julia desapareció en esos días. Estaba embarazada y tuvo una niña, la que su amiga Lillian nunca dejó de buscar. Jamás la encontró.
Aún habiendo encontrado a mi sobrina, me paré en el cine con una inmensa angustia en el pecho, gritando “¡hay que encontrar a la nena!”.
No me acuerdo quién me hizo sentar, volviéndome a la realidad, mi realidad.
Yo tuve suerte.
Tuvimos suerte.
Más suerte que más de 400 familias que aún esperan noticias, que esperan saber que sus nietos, sobrinos, primos, sobrevivieron, llevando la sangre, la carne, la genética y la historia de sus seres ausentes, asesinados, torturados, masacrados…como retoños del árbol querido, extrañado, en falta eterna, en vacío de lugar en la mesa, en los festejos, en los aniversarios, en los nuevos nacimientos, en…siempre…en siempre…ausencia.
Escucho en los medios, escucho mucho.
Que Clarín, que manipulación, que se le debe exigir perdón al gobierno, que la oposición… Las mujeres que entonces tenían 40, 50 años, hoy tienen 80, 90. Sus mesas siguen vacías. Su dolor, intacto.
No hay retoños del árbol caído. No están sus risas, su juventud, sus caras tan parecidas a los queridos ausentes. Está la inmensa desolación de pensar que tal vez se los crucen en alguna esquina; la desesperación de tratar de encontrar parecidos en caras desconocidas.
Estela de Carlotto es hoy el enemigo.
Las Abuelas, son hoy el enemigo.
Estas mujeres, despojadas de sus hijos y de sus nietos, son hoy la comidilla de aquellos a los que nunca les pasó nada, y cómo habría de pasarles, desde sus cómodos lugares del notemetás y poralgohabrásido. Desde sus mezquinos intereses.
Estela de Carlotto es hoy el enemigo.
Las Abuelas, son hoy el enemigo.
Estas mujeres, despojadas de sus hijos y de sus nietos, son hoy la comidilla de aquellos a los que nunca les pasó nada, y cómo habría de pasarles, desde sus cómodos lugares del notemetás y poralgohabrásido. Desde sus mezquinos intereses.
No sufrieron escarnio, ni allanamientos, ni persecuciones, ni extorsiones, ni pasaron más de tres décadas siendo parias sociales, golpeando puertas que jamás se abrieron.
Se levantan voces airadas ahora, en la seguridad de la democracia, las mismas voces que jamás se levantaron cuando vivíamos el horror día a día, cuando el protestar significaba, tal vez, perder la vida; pero entonces, no hubo voces airadas: solamente las de estas mujeres, dueñas de ovarios del tamaño de una galaxia.
Cobardes. Mierdas cobardes en época de elecciones, tratando patéticamente de quedar bien para conseguir los votos de la derecha. Pequeñas mierdas cobardes. Oportunistas.
Les deseo un segundo, sólo un segundo, nada más que un segundo, estar en el cuerpo de cualquiera de nosotros.
Les deseo un segundo, sólo un segundo, nada más que un segundo, la desesperación de no saber dónde está su hijo, su hermano, su nieto, la certeza de la tortura sobre el cuerpo amado, la desaparición de esos retoños queridos.
Realmente, se los deseo.
Pero los escucho hablar, y, creo, que ni aún así.
Laura Elena Tasada.
Rosario, julio de 2011
domingo, 4 de septiembre de 2011
martes, 30 de agosto de 2011
Lo bueno, lo malo y lo triste
“Ahora, mirado desde lejos, parece fácil”, dijo Cristina el 11 de marzo de 2011.Cuando Néstor asumió la presidencia, la Argentina no tenía ninguna capacidad de maniobra. Era un blanco fácil del que se seguían aprovechando especuladores, grupos económicos concentrados y sugerentes políticos. Una coincidencia lamentable. Ellos no estaban crispados. Tenían buenos modales, consejos cordiales y mucho mundo. ¿Qué podría hacer aquel extraño patagónico, desgarbado, con problemas de dicción y sólo el 22% de los votos, para cambiar la pésima situación en la que se encontraba la gran mayoría de la gente?.
El panorama no era alentador, sin embargo a él se lo veía feliz. Había empezado algo y nadie podía sospechar de qué se trataba. No había salido de su casa para dar un paseo. Tenía en su cabeza la loca idea de desbaratarlo todo. Con 53 años y sin ningún pasatiempo que atenuara su ansiedad, puso manos a la obra.
Al tercer día de asumir la presidencia se descabezó la cúpula militar y pasó a retiró a 52 altos mandos. Recibió a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo en la Casa Rosada. Le puso fin a la Corte Suprema de la mayoría automática. Derogó la Ley de Reforma Laboral. Hizo quitar el cuadro de Jorge Rafael Videla del Colegio Militar. Transformó la ESMA en el Museo de la Memoria. Derogó las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Impulsó la apertura de causas de delitos de lesa humanidad. Dio instrucciones precisas a la política y al Ministro de Justicia para que no se reprimiera en las manifestaciones sociales. Incluyó a activistas sociales en la estructura del estado. Instrumentó políticas productivas que generaron 5 millones de puestos de trabajo. Incluyó a 2 millones de jubilados en el sistema provisional. Desendeudó al país y obtuvo la quita histórica de 67 millones de dólares a los acreedores privados. Puso fin a la relación crediticia con el FMI, previo pago de la deuda con fondos genuinos. Reinstaló los convenios colectivos de trabajo. Promocionó la generación de empleo y el consumo, fortaleciendo el mercado interno. Le dio al Estado un protagonismo creciente e inició de reformas progresistas. Instauró derechos sociales. Hizo la vigencia de los Derechos Humanos y la lucha contra la Impunidad un eje de su gobierno. Marchó contra las reformas de los 90. Convirtió al país en un emblema de integración latinoamericana y de respeto a los procesos populares y democráticos. Desautorizó el aumento de los servicios públicos que pretendían las empresas privatizadas. Le cedió el puesto a su mujer, quien profundizó el modelo y, entre tantas otras cosas, impuso retenciones a la exportación de granos, estatizó los fondos de las AFJP, cargó contra los monopolios mediáticos y recuperó el Fútbol Para Todos. Instrumentó políticas anticíclicas con el fin de preservar la demanda interna. Se volvió a hablar de política en los bares, en los colegios, en las universidades, y en las mesas de familia. Volvió a generar entusiasmo, inquietud y debate crítico.
Tuvo coraje, se arrojó a la experiencia de estar vivo, fue apasionado, un presidente militante, un conductor, un constructor.
Usó la política como herramienta para darle sentido social y transformador a la vida. Dio, según sus propias palabras “la gran batalla de amor con la Argentina”. Se apasionó por el destino del país. Fue pragmático cuando tuvo que serlo: “Teníamos que marchar haciéndonos fuertes”.
Se hizo malasangre. “Nos atacan por lo que hicimos bien, no por lo que hicimos mal”. Un día murió, temprano.
Todo quedó en penumbras por un rato. ¿Y ahora, que?, se preguntaron los miles a los que les abrió los ojos y la cabeza. Un silencio grande se adueñó de la mañana. Fue uno de esos días malos. El día en que millones se sintieron solitarios.
Cada uno se conmovió a su modo. “¿Cuántos encontraron súbitamente su verdad saliendo a la calle ese miércoles?” se preguntó José Pablo Feinmann.
El no era perfecto. Cometió errores y tuvo debilidades, pero ¿qué era lo que lo diferenciaba del resto de la clase política?
No le daba todo lo mismo. Decía lo que pensaba. Asumía riesgos. Fue un transgresor. Iba siempre para adelante. Su voluntad inquebrantable y su capacidad de trabajo no fueron doblegadas por el dolor del espíritu ni de la carne. Supo que no había tiempo que perder, se abrazó a los más humildes y comprometió a los que creyeron en él a no dar ni un paso atrás.
Sabía quién era y no estaba loco, pero la opinión del mundo poco le importaba. Tenía su propia visión y no jugó al juego de las apariencias. Su intención era hacer otra historia. No fue un aficionado del cambio. Creyó que se podía y lo hizo.
“Desde el primer día de mi militancia política, allá por los años 70, cuando desde la participación política activa creí que la Argentina se podía cambiar, creí en un proyecto popular, con consenso, en una democracia con equidad, con justicia y dignidad. Creíque era posible construir un país distinto. Esto fue lo que nos llevó a muchísimos jóvenes a participar activamente […] todo resultó en una gran frustración”, había dicho con la certeza de que finalmente sería superada la trama de errores del pasado.
También dijo que había entrado por la ventana y que lo iban a sacar con los pies para adelante. Fue una pena enorme que tuviera razón, que haya sido profético; él, que no había venido a traer la paz sino a restituirle legitimidad a la lucha por reducir las desigualdades.
Dejó en marcha un proyecto de país y un sueño que no se acabó con él. En el desván de la historia quedaron el desprecio y el cinismo con el que maltrataron a quienes pensaban diferente. Eso también se desvaneció como el humo.
Quedó su recuerdo vibrando en el aire. El recuerdo de alguien irremplazable. El recorrido de un hombre audaz con algo de niño. Una figura indispensable para entender a la Argentina contemporánea de la que fue su protagonista absoluto. El más inesperado.
Prólogo del libro "Néstor. El Presidente militante", de Gabriel Pandolfo.
martes, 2 de agosto de 2011
El homicidio al obispo de La Rioja, Enrique Angelelli
El 4 de agosto de 1976, el cuerpo del obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, fue encontrado al costado de la ruta 38, camino a la capital provincial. La camioneta furgón en la que viajaba dio varias vueltas antes de que saliera expulsado. Su acompañante, el entonces vicario episcopal, Arturo Pinto, sufrió numerosos golpes y perdió la conciencia, pero salvó su vida. Cuando la policía encontró el cuerpo de Angelelli, estaba llamativamente dispuesto sobre la tierra. Ambos religiosos regresaban de Chamical, donde unos quince días antes habían sido secuestrados, torturados y brutalmente asesinados los jóvenes sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias. El obispo había oficiado la misa del entierro el 22 de julio y en la camioneta llevaba una valija con documentos recogidos para esclarecer estos crímenes.Enrique Angelelli nació en 1923, en Córdoba. A los 26 años fue ordenado sacerdote y once años más tarde, obispo. En 1968, le fue asignada la diócesis de La Rioja. Allí, desarrolló con notorio entusiasmo su apuesta por los votos sociales del Concilio Vaticano II. Con su estilo llano y de estrecha relación con el empobrecido poblador de aquella provincia, estimuló y apoyó la organización de las empleadas domésticas, de los trabajadores mineros y agrícolas. Sus misas dominicales llegaron a ser transmitidas por radio hacia todos los rincones de la provincia. Pero en una Argentina en la que se agudizaban los conflictos sociales, pronto encontró la enemistad del clero integralista y conservador del país, de los dirigentes de las Fuerzas Armadas y de los sectores poderosos de La Rioja. Apenas producido el golpe del 24 de marzo de 1976, sus emisiones radiales fueron prohibidas. En varias oportunidades, sus misas debieron ser canceladas por la prepotencia de los grupos de poder local.
Al día siguiente de su muerte, el diario El Sol de La Rioja, tituló: “Murió Angelelli en un accidente”. Esta misma opinión fue la que mantuvo por años la Dictadura y el Episcopado argentino. Pero su acompañante, Arturo Pinto, aseguró ante el Tribunal que abrió la causa en 1983 para investigar la muerte del obispo, que un Peugeot 404 maniobró bruscamente delante de ellos, provocando el vuelco de la camioneta en la que viajaban. Lo último que dijo recordar fue el ruido de una explosión. El 19 de junio de 1986, el juez Aldo Morales sentenció que se trató de “un homicidio fríamente premeditado”. Las “leyes de la impunidad” en los 90 provocaron la caída de la causa. Pero la anulación de aquellas leyes, en 2005, permitió su reapertura. En 2010, Pinto y varios actores más se constituyeron en nuevos querellantes y solicitaron la imputación de catorce militares y policías, encabezados por el ex dictador Jorge Rafael Videla, el entonces comandante del III Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y el interventor de La Rioja, coronel Osvaldo Héctor Pérez Battaglia.
Fuente: Pastor y Profeta. Mensajes de Monseñor Angelelli, Editorial Claretiana, Buenos Aires, 1986
Entrevista a Raúl Alfonsín
Autor: Felipe Pigna¿Por qué cree que tanta gente apoyó la dictadura e inclusive acuñó frases como "algo habrán hecho"?
Era una situación muy difícil, muy dura, cada uno con miedo, era muy difícil encontrar en el miedo la posibilidad de actitudes altruistas porque cada uno estaba encapsulado en su propia privacidad y sentía lo exterior como riesgoso. Ha habido también un aspecto de psicología social importante, como un “sálvese quien pueda”. Muchos no se preocupaban demasiado, ni siquiera se enteraban de lo que estaba sucediendo. Sería útil recordar el poema de Bertolt Brecht que decía que porque no le tocaba a él creía que no le iba a tocar nunca.
En lo personal, ¿cómo lo vivió?
Los que estábamos en política no nos podíamos reunir de ninguna manera. Nos juntábamos cuatro y venía la policía y nos sacaba. Para los que actuábamos con mayor fuerza en la defensa de los derechos humanos, se había hecho muy complicado todo. Yo recuerdo que en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos nos reuníamos en algunos templos y la policía sabía, estaban afuera en los celulares, y no era nada gracioso saber que estaban por allí.
¿No cree que los partidos políticos mayoritarios antes y durante la dictadura no estuvieron a la altura de las circunstancias?
Los partidos veníamos trabajando mucho, pero era evidente que se había llegado a una situación como nunca había vivido la Argentina, con más de 10.000 desaparecidos que después fueron comprobados por la CONADEP. Deben de haber sido más, pero por lo menos 10.000 comprobados, y con una parte de la guerrilla y la subversión, con una filosofía que atentaba también contra la Argentina y contra la sociedad, porque era una concepción fascista de izquierda, que no tenía en cuenta para nada los conceptos de la democracia. Hay un libro muy interesante que se llama La soberbia Armada, de Pablo Giussani donde se pone precisamente de manifiesto lo que era esto. En una reunión, por ejemplo, de periodistas del diario El Mundo -que había cerrado y se había despedido a su personal- se comenzó a discutir si la libertad de prensa no era una libertad burguesa. A esta situación se había llegado, con fanatismos y con gente que condujo, por reacción contra todo lo que había venido pasando con anterioridad, a la juventud argentina hacía un verdadero holocausto.
¿Qué actitud asumió frente al episodio Malvinas?
Con las Malvinas se manifiesta una gran explosión popular, una alegría súbita y pasajera, momentánea. Yo creo que fui el único argentino que no me sumé a esa euforia.
Bueno, no creo que el único…
Seguramente habrá habido muchos, pero entre los que estábamos en la vida política, yo era el único que creía que íbamos a terminar en un desastre, como en el que realmente terminamos. Porque la situación que quedó después fue mucho peor y aún hoy la estamos padeciendo.
¿Con qué país se encontró cuando asumió el gobierno en diciembre de 1983?
Nos encontramos con un país muy especial. Se había producido un extraordinario crecimiento de la deuda externa, y a nosotros nos tocaba administrar el país con esta crisis de la deuda externa, crisis que no asumió nadie… Por eso, durante todo mi gobierno, las cosas malas que sucedían en la Argentina eran atribuidas a errores, equivocaciones y aun hasta perversidades del gobierno. Estábamos en cesación de pagos desde el punto de vista económico y era una situación sumamente grave por cuanto no había crédito para el sector público ni para el sector privado. Además, por ejemplo, podía aterrizar un avión de Aerolíneas Argentinas en un aeropuerto y lo podían embargar.
Ustedes sabían que el contexto internacional no ayudaba demasiado, Thatcher, Reagan, el neoliberalismo a pleno y los llamados "organismos multilaterales de crédito" que actuaban como agentes de esas ideas…
Nosotros teníamos que luchar contra cúmulos de ideas nuevas en el campo económico y social: el neoconservadurismo, que potenciaba el mercado y que pretendía un estado mínimo, prácticamente desertor, que consideraba que era inocua cualquier medida que se tomara en defensa de los sectores más necesitados. En el marco de esta concepción neoconservadora -que algunos llaman también neoliberal- y en el marco de una vulnerabilidad mayor de la economía Argentina por el problema de la deuda, habíamos perdido independencia. Éramos más dependientes y, en consecuencia, cuando teníamos que recurrir al crédito internacional, los organismos internacionales de crédito -el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial- establecían condiciones que estaban de acuerdo con esas concepciones del estado neoconservador, el estado desertor.
¿En qué quedó la promesa de campaña “con la democracia se come, se cura, se educa”? ¿No fue un error atribuirle al sistema democrático cualidades de una especie de panacea prescindiendo de los condicionamientos de esos factores de poder a los que usted aludía recién?
Nosotros, desde luego, queríamos poner en marcha lo que habíamos pensado toda nuestra vida, que era la concepción del estado de bienestar, y habíamos dicho durante la campaña: “con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura” y pusimos en marcha el Plan Alimentario Nacional (PAN), que fue realmente aplaudido por organismos internacionales, que vinieron a estudiarlo acá porque tenía poquísimo gasto de administración. Decíamos “con la democracia se educa” y pusimos en marcha el Plan de Alfabetización, el plan ABC, que daba útiles escolares a millones de niños pobres. Terminamos con la limitación extraordinaria que existía con anterioridad para el ingreso a las facultades. Éstas eran las políticas de esta concepción fundamental y básica del estado de bienestar. Uno llega con un conjunto de ideas y convicciones que no puede aflojar y hay que mantenerse.
¿Qué pasó con la famosa frase de Alem “Que se rompa pero que no se doble”?
Muchas veces lo que uno comprueba es que el camino más rápido para llegar desde aquí hasta acá no es una línea recta, sino que hay que hacer algunas curvas.
¿Cuál fue el criterio para procesar a las cúpulas militares y guerrilleras?
Hay tres formas de atender el problema de los derechos humanos para atrás: una es la amnistía y el olvido, que se ha aplicado en todos los países del mundo. La otra forma es la de pretender procesar absolutamente a todos los que puedan parecer imputables.
Eso no se ha aplicado nunca en ningún país de la tierra. Y la última, finalmente, es la de buscar conductas paradigmáticas para demostrar que no hay impunidad. Eso es lo que pretendimos nosotros. Por eso, al mismo tiempo que procurábamos la detención y procesamiento de la subversión, también lo hicimos con las Juntas Militares, ¿verdad?
¿Qué urgencia política lo llevó a enviar al parlamento la Ley de Punto Final?
Ni los jueces militares, ni los civiles, hacían marchar los expedientes y esto me estaba poniendo en una situación cada vez más grave, porque las tensiones militares subían extraordinariamente. En consecuencia, yo advertí la necesidad de movilizar a los jueces y establecer un punto, que fue la llamada “Ley de Punto Final”, después del cual, quienes no hubieran sido procesados, debían quedar afuera del proceso. Se comenta esto como si hubiera sido un verdadero desastre, pero, lo que nadie dice es que aumentó considerablemente el número de los procesados porque todos los jueces procesaron a todos los que tenían imputados. Fue una medida que aceleró el proceso, movilizó las instancias, pero a costa de haber aumentado enormemente, y a veces de manera inadecuada el número de procesados en la Argentina. No hubo absolutamente ningún perjuicio desde el punto de vista de los derechos humanos. Las cosas seguían marchando.
Pero la multiplicación de los juicios aumentó el malestar militar y llevó a la sanción de la Ley de Obediencia Debida, que implicó la libertad para centenares de represores y torturadores…
El tema llegó a una situación tal que finalmente los juicios se extendieron también a otros niveles más bajos, y la situación se puso tremendamente grave. Yo me había obligado a volver a lo inicial de la ley que establecía la presunción de que quienes hubieran actuado cumpliendo órdenes estaban equivocados. Había un error acerca de la legitimidad de la orden impartida. El tema de la Obediencia Debida no es un tema mío. En definitiva, se hubieran llevado a la Corte todos los juicios y la Corte hubiera tenido que operarla, porque era la ley más benigna al momento de la comisión del delito y éste es un axioma del derecho penal. La corte habría tenido que referirse a este tema y juzgar en la forma en que yo le digo.
¿Por qué no se respetaron los tiempos procesales legales?
Porque esto iba a tardar mucho y no estaba bien la situación económico-social. Estábamos perdiendo legitimidad económico-social. La cuestión estaba poniéndose demasiado dura. Entonces, volví a la idea original de los diferentes grados de responsabilidad. Por otra parte, esto que se llamó la Ley de Obediencia Debida estaba en el Código de Justicia Militar. Quiero resaltarlo porque en el año 1925, cuando se sanciona el Código de Justicia Militar, el entonces diputado Alfredo Palacios ya había dicho que una obediencia de este tipo era incompatible con la democracia.
De modo que usted admite que es un concepto absolutamente cuestionable…
Sí, pero tuve que llegar a esta solución a los efectos de que tuviéramos la certeza de que gozábamos de los derechos humanos para adelante. Estuve mucho tiempo muy preocupado por este tema. ¿Hasta dónde podía arriesgar? Y hoy pienso a veces que he arriesgado demasiado, porque lo que hicimos nosotros no conoce antecedentes en el mundo; no sólo las juntas habían quedado detenidas y condenadas, sino también otros militares importantes que habían tenido un accionar manifiesto en todos esos episodios atentatorios de los derechos humanos.
¿Qué conversó con Rico en la Escuela de Infantería aquel domingo de las Felices Pascuas?
Cuando llegué a la Escuela vi a un muchacho joven que estaba muy nervioso, muy sensible. Me pareció una persona sincera. Venía de las Malvinas; estaba muy emocionado. Tanto Rico como este muchacho me decían que no realizaban una acción contra el Gobierno, sino contra su Jefe.
Se suponía que el Jefe era usted.
Claro, yo era el jefe, sin dudas. Era Comandante en Jefe, como lo establece la Constitución. En Semana Santa logramos encontrar soluciones sin derramamiento de sangre. Son mentiras que hice ningún tipo de negociación. No hubo ningún tipo de negociación. Se llegó a imputar que no había cumplido con la negociación. Creo que hoy se acepta que no hubo tal negociación... Y bueno, pusimos a disposición de la justicia militar a todos los que habían actuado, y así se actuó.
¿Por qué fracasó el Plan Austral?
Nosotros teníamos que vencer todas las dificultades. Teníamos que terminar en lo posible con la inflación y, al mismo tiempo, no cumplir con lo que nos pedía el FMI, que era un déficit que llegaba a tal punto del presupuesto que hubiera significado, bueno, todo lo que vino en gran parte después, una enorme desocupación. Entonces, hicimos una experiencia propia muy secreta. Es increíble haberlo tenido tan en secreto.
Hasta que Ámbito Financiero lo publicó en tapa un día antes.
Es cierto. Hubo alguna filtración. Trabajó bastante gente dirigida por Juan Sourrouille y dio resultado en su primer tiempo, pero de entrada nomás se reunieron para ver como podían combatirlo. En un principio los resultados del Plan Austral fueron extraordinarios, pero al mes de ponerlo en marcha, los sectores sindicales se montaron en una real legítima defensa de los derechos de los trabajadores y, en el marco de una crisis, no podíamos satisfacer nosotros todas las demandas. Esa era nuestra preocupación. Trajo cierta frustración en la Argentina.
¿Quiénes se unieron para combatirlo?
Bueno, se reunieron representantes de una oposición que entonces teníamos muy sistemática, muy dura.
¿Puede definir claramente a aquella oposición?
No. Creo que hay que hacer excepciones, no incluir a todos, digamos. No sé. Puede haber alguno que me diga “no, no es cierto”. Lo que pienso es que salvo a nosotros, que estábamos muy contentos, a nadie le gustó mucho el Plan Austral. Debía haber motivaciones políticas. Desgraciadamente en nuestro sistema, durante mucho tiempo, se ha supuesto que para que la oposición llegue al poder el gobierno tiene que fracasar. Esto es un desastre porque el que fracasa es el pueblo, es la Argentina, es la Nación.
La gente recordaba los slogans de campaña y quería comer, educarse y curarse…
La gente pensó que lograda la libertad, iba a encontrar solución para todos sus problemas y la crisis dijo que no. Sufrimos hasta 14 huelgas generales y miles de huelgas particulares, con una prédica de la izquierda tremendamente dura -todo lo blanda que había sido contra la dictadura-, y con una prédica de la derecha también tremendamente dura. Es lo que le pasa, por lo general, a los gobiernos que aspiran a reformas sociales y a soluciones de tipo social, a la democracia con contenido social. En el marco del liberalismo político recibimos la andanada de los dos lados.
¿Por qué, tras los éxitos iniciales que provocaron cierta sensación de estabilidad, volvió la inflación hasta transformarse en hiper?
En ese momento se vivió la caída de los precios internacionales de los productos agropecuarios. Fue una caída estrepitosa que nos obligó a poner impuestos. Poco a poco, tuvimos que emitir, porque habíamos quedado desfinanciados por la caída de los precios. Todo esto se daba mientras la situación político-institucional generaba ciertas incertidumbres que conspiraban contra la economía. Desde la Semana Santa tuvimos varios problemas militares, después tuvimos el de la Tablada ya en enero del ‘89 que fue una cosa totalmente inusitada, que fue un golpe de gracia también a la economía.
¿Por qué el establishment les dio la espalda y se decidió por Menem?
Yo creo que los gobiernos tienen necesariamente que sufrir el lobby de todos los sectores. Es una forma democrática de hacer conocer sus derechos, sus pretendidos derechos. De modo que yo recibía a todo el mundo. A pesar de las huelgas generales nunca quebré el diálogo con la CGT. Y tampoco con los sectores económicos, aunque discutíamos siempre. Cuando la gente de la economía advirtió que las encuestas daban triunfante al Dr. Menem, quisieron saber qué era lo que proponía el candidato del Partido Justicialista y, ¿qué proponía? Una revolución industrial con salariazo, con disminución de impuestos y no aumentos de tarifas. Evidentemente todos salieron corriendo hacia el dólar. Incluso pienso que si algún gerente de finanzas de alguna empresa no aconsejaba el cambio hacia el dólar podía ser despedido. Los bancos aconsejaban irse al dólar. Fue un problema muy agudo. Nosotros tuvimos que cambiar la política. Así llegamos a las elecciones y, a pesar de todo, con tantos elementos en contra, hicimos muy buena elección. Tuvimos una oposición permanente muy sistemática, casi una oposición desleal, porque si bien defendió el sistema en su momento, procuraba el fracaso de gobierno.
¿Quiénes fueron los responsables de la hiperinflación?
Yo era el presidente, así que yo soy el primero. Ideológicamente, le contesto: el neoliberalismo, el neoconservadurismo. La hiperinflación fue el resultado de varias cosas. Creo que ya todo el mundo estaba contra nosotros. El FMI estaba muy fastidiado porque el Banco Mundial nos había dado un crédito sin la luz verde del Fondo.
Sin embargo, en aquel momento usted acusó a la izquierda. Recuerdo las detenciones de los dirigentes del P.O…. Ningún neoliberal fue a la cárcel en aquellos días del ’89.
Yo creo que también lo señalaba con mucha claridad, me refiero lo que fue la Sociedad Rural Argentina. No, no… Yo tenía que pelear a dos puntas.
¿Es cierto que los grandes grupos no pagaron impuestos a partir de diciembre del ’88?
Hubo grupos exportadores que se sentaron sobre las divisas; otros se sentaron sobre sus bienes: no vendieron sus cosechas, sus haciendas, por ejemplo. A pesar de que luchamos durante todo nuestro tiempo contra la receta del FMI, finalmente terminaron ganándonos la carrera a través de la inflación.
¿Cómo influyeron los dichos de Domingo Cavallo y Guido Di Tella en su caída?
Se producen las elecciones y las cosas se agravaron porque el entonces diputado Cavallo había hablado con los bancos internacionales para que se nos exigiera el pago de la deuda, conspirando contra el país; y luego Guido Di Tella había dicho que el dólar no tenía que estar alto, sino recontra alto; entonces nos comenzaban a pedir la entrega inmediata del poder. Todos los partidos que habían integrado el FREJUPO, desde luego el Partido Justicialista, la CGT, también, pedían que le entregáramos el poder.
¿Cómo se produce su renuncia?
Yo me di cuenta de que por una razón de orgullo personal podíamos poner en riesgo todo lo que habíamos logrado en el campo democrático. Había que producir una anticipación de la entrega. El error fue hacer las elecciones con tanta anticipación.
Por otra parte, no fue una cuestión arbitraria. Yo consulté con los dos jefes de los partidos más importantes de aquel entonces, que eran Cafiero y Alsogaray, y estuvimos de acuerdo en que las elecciones se hicieran en ese momento, porque la campaña se hacía en una época aceptable para hacer actos públicos en la calle (febrero, marzo, abril). Además, suponía que en la economía las cosas se podían poner duras.
El peronismo se negó a cogobernar…
Yo quise buscar una solución con el peronismo, quise que desarrolláramos en común un pequeño plan que nos permitiera llegar con tranquilidad hasta el 10 de diciembre. Se negaron absolutamente. No quisieron nada. Entonces comprendí que yo ya había logrado el objetivo más importante que me había fijado, que era entregar el gobierno a otro ciudadano elegido por el pueblo. Por eso entregamos el gobierno con anticipación. Por eso me molesta muchísimo que se diga que huimos, porque habíamos pedido de todas las maneras posibles un acuerdo al que se negaron.
¿Cómo fue la negociación en cuanto al desguace del Estado, cuando el Radicalismo da, de alguna manera, su aprobación a las leyes de Reforma del Estado?
El radicalismo no da una aprobación. Simplemente acepta la posición del gobierno que viene, como se acepta una ley de Ministerio. Es normal que se deje jugar en el primer mes, con las ideas que tiene.
¿Aunque vayan en contra de los intereses nacionales y los principios del estado benefactor que usted decía defender?
No fue tan así. De entrada no se plantearon todas las reformas.
Bueno, ustedes aceptaron lo conceptual, la supuesta necesidad de la reforma del estado propiciada por los sectores más conservadores de la sociedad…
Nosotros no podíamos ponerle palos en la rueda al nuevo gobierno elegido por el pueblo.
¿Qué hicieron sus colegas de la Internacional Socialista para ayudarlo en los momentos más graves?
La gente de la Internacional Socialista nos acompañaba mucho individualmente. Por ejemplo, en España, Francia, Italia nos daban créditos blandos, que facilitaban el accionar del gobierno, pero cuando se juntaban en comunidad, allí se acababa todo. Entonces teníamos los problemas permanentes de colocación de nuestros productos. En una oportunidad, cuando vino François Mitterrand acá, yo le dije: “Sr. Presidente: no puede ser lo que está ocurriendo con respecto a los subsidios que usted les da a los sectores agrarios. Está bien que subsidie a la producción, pero esto no sólo nos desplaza del mercado francés, sino de ser un mercado”. Y él me dijo muy sinceramente: “tiene razón, pero si yo no hago esto, pierdo la paz social en Francia, porque en Francia hay muchos minifundios, y no tengo lugar ni empleo para toda la gente que se iría del campo a la ciudad”. Así que también hay problemas entre los que pensamos parecido.
sábado, 2 de julio de 2011
Los funerales de Juan Domingo Perón
Durante su tercera presidencia y con 78 años de edad, Juan Domingo Perón falleció de un paro cardíaco. Cientos de miles de personas despidieron sus restos en el Congreso de la Nación.
viernes, 1 de julio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
Eva
Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.
Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.
Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.
Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".
Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte más muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.
Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lagrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.
Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?
II
No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.
No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?
Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.
María Elena Walsh
viernes, 3 de junio de 2011
Soy la Mier... Oficialista
Sera porque no toco el clarín que me parece evidente
que los hijos de gente Noble son los hijos de otra gente,
que nunca pudo ver TN y sino porque esquiva el ADN, ¿por qué?
Ahí no salen letras ni fotos de lo que dice Carlotto,
que los hijos de gente Noble son los hijos de otra gente,
que nunca pudo ver TN y sino porque esquiva el ADN, ¿por qué?
Ahí no salen letras ni fotos de lo que dice Carlotto,
lo que me pasa ya lo se,
y es que yo soy "soy la mier... oficialista".
y es que yo soy "soy la mier... oficialista".
Me gustó que bajaran el cuadrito de Videla de mi vista,
yo soy la mier... oficialista,
porque todavia me acuerdo
porque todavia me acuerdo
de los muertos que dejo el gobierno delaruista.
Yo preferí que los jubilados tengan la guita en el estado,
que los genocidas esten presos,
y que a los pobres les den un ingreso,
y pienso que un pájaro en mano siempre sera mejor
que exigir sentado en su silla deslumbrantes maravillas
como esos que en "A dos voces" hacen la tercera voz,
y es que soy, soy la mier... oficialista.
que los genocidas esten presos,
y que a los pobres les den un ingreso,
y pienso que un pájaro en mano siempre sera mejor
que exigir sentado en su silla deslumbrantes maravillas
como esos que en "A dos voces" hacen la tercera voz,
y es que soy, soy la mier... oficialista.
Me cae bien que nunca repriman
a los piqueteros ni a los bravos ruralistas,
por eso soy la mier... oficialista,
me convenzo cuando salen de gira
me convenzo cuando salen de gira
a decir mentiras los caros economistas,
Soy la mier... oficialista.
Que raro es Clarín y su periodismo
Que raro es Clarín y su periodismo
es independiente y todos opinan lo mismo,
soy la mier... oficialista.
soy la mier... oficialista.
Prefiero a Néstor con su ojo desviado
que el ojo del amo engordando el ganado,
soy la mier... oficialista.
soy una basura y mi mejor defensa
soy una basura y mi mejor defensa
es que puede basurearme toda la prensa,
soy, soy la mier... oficialista.
soy, soy la mier... oficialista.
Yo soy la mier... oficialista,
a mi me pagan por decir que
a mi me pagan por decir que
hay democracia y por hacerme el optimista,
y es que yo soy la mier... oficialista,
me lo dice el sobre que me da Cristina
para no repetir lo que dicen los periodistas.
Carlos Barragán.
domingo, 22 de mayo de 2011
Con su talento inigualable, el maestro Alejandro Dolina evoca a Néstor Kirchner
El peronismo ha sido muchas veces actor principal de acuerdos y concertaciones políticas. Hay, por otra parte, un arsenal de pensamientos burgueses que garantizan la conveniencia de buscar coincidencias.
Algunos llegan a decir que en realidad, todos deseamos lo mismo y que discrepamos acerca de las metodologías.
Se ha llegado a sostener que las ideologías habían muerto y que bastaba con elegir buenos administradores para que gobernaran.
Todo esto viene acompañado con un continuo elogio de las buenas maneras en las discusiones políticas y aún en los conflictos sociales.
A cada momento se nos propone a nuestra admiración la conducta de príncipes sonrientes o de antagonistas que se dispensan elogios mutuos durante las negociaciones.
Estas escasas palabras servirán primero para saludar todas estas ideas que acabo de exponer.
¿Quién soy yo para no ovacionarlas de pie? Pero también, y como humilde despacho en disidencia (aplausos), propongo un tímido elogio del desacuerdo, de la bifurcación, de la heterodoxia, de la herejía.
Después de todo, las revoluciones surgen sólo de desacuerdos: el hombre es un mono disidente.
Me permito entonces, subrayar la acción política de Néstor Kirchner como venturoso gestor de desacuerdos (ovación). El se atrevió a recorrer caminos que nadie se atrevía a transitar y que parecían alejarse de las concurridas avenidas centrales que recomendaban los poderosos del mundo global. Y se metió por unas calles ya olvidadas cuyos nombres sólo se pronunciaban en los foros estudiantiles, en las reuniones de soñadores y en rincones que siempre estaban alejados del poder político.
Esas calles de desacuerdo ahora pueden reconocerse: una conduce al crecimiento del mercado interno... Otra al control del comercio exterior... Está también el boulevard de la intervención del Estado, el veredón de los derechos humanos, la plazoleta de la ley de medios, la peatonal de la asignación por hijo (aplausos)y los veredones del desendeudamiento. Algunas de estas calles habían sido recorridas por otro señor en 1946 (ovación).
Cuando alguien del poder político se atreve a caminar estos senderos termina por llegar a un distrito donde el poder político no está en el mismo lugar que el poder económico. Y la bifurcación se produce y son inevitables los ataques de las corporaciones y de los poderosos que tratarán de conseguir el regreso de los gobernantes tránsfugas hacia las avenidas iluminadas de sus intereses (aplausos).
Hace muchos años hubo por televisión un debate entre el doctor Teodoro Bronzini, líder socialista e intendente de Mar del Plata, y el doctor Becar Varela que militaba en el partido que entonces tenía al menos el coraje de admitirse que era del Partido Conservador.
Fue una conversación muy amable y el moderador se sorprendió al fin del programa de que hubieran coincidido en tantas cosas. En realidad, no era sorprendente, ambos políticos formaban parte de una visión liberal del mundo y eran funcionales a los intereses de las corporaciones. ¿Cómo no van a ser amables si en el fondo pensaban lo mismo? Néstor Kirchner no les parecía amable a las corporaciones. En verdad, ningún otro presidente salvo aquel otro señor, les pareció tan desagradable . Y lo atacaron como a nadie ¿Por qué lo atacan a este y a los otros no? No porque Kirchner tuviese mal carácter y fuera confrontativo como quien es cascarrabias.
No se trataba de una cuestión de carácter: este tipo había tocado sus intereses. Y fue el único que lo hizo (aplausos). Todos los demás parecían aceptables en algún punto porque también en algún punto eran funcionales a los intereses del poder económico.
Y eso es todo lo que quería decir, a veces no hay más remedio que disentir, que persistir en el desacuerdo. Hoy casi por única vez en nuestra historia, el poder político no está donde está el poder económico.
Y este hombre que ahora se ha ido produjo un último acto de "insujeción". Su muerte encendió la luz (aplausos), y como en un refusilo vimos algo que la cerrazón de los medios había ocultado en la oscuridad: las calles laterales, las que no recomendaban los poderosos, estaban llenas de gente.
Alejandro Dolina.
viernes, 6 de mayo de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
35º aniversario del golpe militar de 1976. Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia
24 de marzo de 2011: Se conmemora el Golpe de Estado de 1976, el último y más sangriento de la historia argentina y a las 30 mil víctimas del terrorismo de Estado. El 24 de marzo de 1976 un golpe de Estado cívico-militar derrocó al gobierno constitucional de la presidenta María Estela Martínez de Perón e instauró una dictadura que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983 a través de una Junta Militar encabezada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas: Jorge R. Videla (Ejército), Emilio E. Massera (Armada) y Orlando R. Agosti (Fuerza Aérea).Se autodenominó "Proceso de Reorganización Nacional" y es por eso que suele ser referida simplemente como "el Proceso".
viernes, 1 de abril de 2011
La histórica Plaza de Mayo a 35 años del último golpe militar
"Por algo será!..." decían. Y sí, era por algo, porque luchaban por un país libre y justo. Por eso los torturaron sin piedad y a 30 mil los hicieron desaparecer. Pero aparecerán por siempre en la historia argentina. A 35 años del último golpe de estado, cientos de miles de personas marchamos a Plaza de Mayo por la memoria, la verdad y la justicia. Y todavía están entre nosotros... Muchos canales de TV y diarios no quisieron mostrar absolutamente nada de la movilización multitudinaria y el acto en la histórica Plaza de Mayo.
jueves, 31 de marzo de 2011
El duelo entre Lisandro de la Torre e Hipólito Yrigoyen
6 de Septiembre de 1897. Amanece. En uno de los galpones de Las Catalinas, en las proximidades del puerto de Buenos Aires, se realiza un histórico duelo originado en causas políticas. Sus protagonistas son Hipólito Yrigoyen, de 45 años de edad, y Lisandro de la Torre, que tiene a la sazón 28 años. Decidido partidario de la política de las paralelas, el joven político rosarino rompió con Yrigoyen y lo acusó de personalismo y de egoísmos malsanos. Se alejó para siempre de la Unión Cívica Radical. Yrigoyen nombró padrinos a Marcelo T. de Alvear y al Coronel Tomás Vallée; su antagonista, a Carlos Rodríguez Larreta y a Carlos F. Gómez. Las condiciones del duelo fueron severísimas. El lance se realizaría a sable con filo, contrafilo y punta. El jefe de la intransigencia radical no sabe esgrima y se prepara en pocas horas. De la Torre es un experimentado conocedor del arma. Pero la imperturbabilidad del primero contrasta con la impetuosidad del segundo.
En el galpón de Las Catalinas lidian durante más de medía hora. Cuando el lance termina, Lisandro de la Torre presenta heridas en la cabeza, en las mejillas, en la nariz y en el antebrazo, al tiempo que Yrigoyen resulta ileso. Los duelistas no se reconcilian y el acta que se labra luego expresa que el lance se ha llevado a cabo en San Fernando.
Las causas del duelo estaban en la renuncia que de la Torre había hecho pública ante la convención nacional del radicalismo. “El Partido Radical – decía - ha tenido en su seno una influencia hostil y perturbadora, la del señor Hipólito Yrigoyen, influencia oculta y perseverante que ha operado lo mismo antes y después de la muerte del doctor Alem, que, destruye en estos instantes la gran política de la coalición, anteponiendo a los intereses del país y a los intereses del partido, sentimientos pequeños e inconfesables”.
Fuente: www.historiadelpais.com.ar
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