Letra:
lunes, 24 de agosto de 2009
Admiral William Brown
Letra:
sábado, 15 de agosto de 2009
A propósito de la patria
"La Patria era una niña de voz y pie desnudos.
La Patria era un retozo de niñez
Con las cuartillas escritas por Felipe Noguera y Alberto Berro –según informa La Nación de este domingo- el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcatti, afirmó: “La Patria es nuestra historia y también nuestra conciencia de esa historia”. Con ello, el estanciero pretendió, con sus palabras, desplegar la concepción del “Campo” sobre la Patria.
De repente “los ojos de aritmética”, que sólo ven el tamaño y el peso, “los ojos verticales”, que sólo perciben la suba y la baja de los precios, se sintieron en la obligación de explicarnos a los argentinos qué es la Patria.
Es bueno que, por fin, se acepte el desafío de discutir sobre nuestra historia y sobre la conciencia de nuestra historia, porque es, justamente la conciencia de esa historia, la huella que ha dejado en las generaciones vivas, lo que hace evidente que la Patria a la que se refiere Biolcatti es una Patria muy distinta a la que está dibujada en el corazón y la memoria colectiva de la inmensa mayoría de los argentinos.
Dicen Noguera y Berro, a través de Biolcatti: “Cuando el campo dice Patria, piensa con nostalgia en aquel magnífico granero del mundo capaz de alimentar a la humanidad entera, hoy convertido en presa de la voracidad fiscal y la falta de políticas adecuadas”.
En cambio, cuando el pueblo argentino dice Patria recuerda con dolor y con indignación histórica aquel Centenario del “granero del mundo”, regido con estado de sitio, con la Ley de Residencia y donde, un año antes, los “cosacos” de la policía de Ramón Falcón reprimieron un acto del 1º de Mayo dejando tendidos 8 muertos y 105 heridos. Aquel 25 de mayo de 1910 se celebró con la redacción de las publicaciones obreras La Protesta, La Batalla y La Acción Socialista presos, junto a un centenar de militantes populares. Mientras la Argentina de la Sociedad Rural saludaba embelesada a la obesa representante de la corona española, la “infanta” Isabel, patotas oligárquicas empastelaban imprentas anarquistas, apaleaban a trabajadores desarmados y generaban terror blanco en las barriadas humildes.
Aquella Argentina no era “capaz de alimentar a la humanidad entera”, como sus escribas le hacen fantasear a Biolcatti, sino que apenas era capaz de alimentar a los argentinos viejos del interior postrado y a los nuevos argentinos que se hacinaban en los oprobiosos conventillos. Tan sólo alimentaba a los ingleses con su chilled beef, y a cambio de ello les entregaba el control de sus puertos, sus ferrocarriles, sus frigoríficos, su prensa y su gobierno.
Esa Argentina a cuya añoranza se suma, con aire de hijo bastardo Eduardo Buzzi, es la que llevó dos años después al proceso de sindicalización agraria, enfrentado a la clase terrateniente tradicional, que se conoció como “Grito de Alcorta”. Ni siquiera para los fundadores de la Federación Agraria Argentina, chacareros criollos, italianos y españoles, la Argentina del Centenario tenía un lugar. La incorporación de la Argentina rural al mercado internacional y los recursos generados por la renta diferencial se convirtieron en fanfarronerías de nuevo rico, en dilapidación suntuaria, en viajes a Europa con la familia y la vaca, en tirar manteca al techo con cocottes franchutas de besos lentos y manos rápidas.
Esa es la nostalgia que le dictan Noguera y Berro al parvenú Biolcatti. Es simplemente un adorno retórico a la exigencia perentoria de esa clase social, que, en sus pretensiones, no ha cambiado desde el Centenario: la renta agraria es nuestra y hacemos con ella lo que queremos.
Vuelve Biolcatti a la historia, cuando dice: “Pienso en Manuel Belgrano, en José de San Martín, en Domingo Faustino Sarmiento, en Juan Bautista Alberdi. Hombres que le dieron a la Patria todo, sin pedirle nada. Hombres que fundaron y construyeron esta Nación sin necesitar superpoderes. Que murieron en la dignidad de su pobreza, sin tener que presentar declaraciones juradas. Pienso en ellos y me avergüenzo”.
Vuelve a vigilar Mitre desde lo alto de la noche el examen de historia del estanciero lechero.
¡Pobre Manuel Belgrano! Quería desarrollar la industria textil para hacer velas y sogas para nuestros barcos, y estos tipos reniegan de una Argentina industrial, que sólo puede construirse con la apropiación por parte del Estado de sus excedentes rentísticos.
¡Y qué San Martín no necesitó superpoderes! Los tuvo y los usó discrecionalmente. Los tuvo en Mendoza, como gobernador militar, y los tuvo en Perú como Protector. Es muy linda la historia de las damas mendocinas entregando su tiempo y sus joyas a la causa de la Independencia. Y es útil para falsear la verdadera imagen del Libertador. En uso de las atribuciones que le exigió al gobierno de Buenos Aires para aceptar su nombramiento, San Martín expropió a las clases pudientes cuyanas para usar sus bienes sobrantes en beneficio de la causa independentista. Aquí se ve, en su manifestación práctica, la utilidad que la historia de Mitre tiene para el sistema de dominación argentino. ¡Qué bueno es ocultar que San Martín fue un gobernante dotado de plenos poderes, sin control parlamentario alguno!
El sanjuanino está muy bien en boca de Biolcatti, que desde su cargo hace evidente la crítica observación sarmientina de que el poder en la Argentina de entonces tenía “olor a bosta de vaca”. Y, podemos agregar, la Sociedad Rural Argentina quiere que vuelva a tenerlo.
En cuanto a lo de la pobreza de Alberdi no podemos sino aceptarlo. El gobierno de los ganaderos y los importadores de la ciudad de Buenos Aires le negaba el pago de sus sueldos como representante argentino en París. “La dignidad de su pobreza” tenía mucho más de castigo mitrista que de virtud republicana. Hace bien Biolcatti en avergonzarse de ello.
Cuando el pueblo argentino dice Patria recuerda con orgullo y dolor la sangre gaucha derramada por los soldados criollos a lo largo y lo ancho de América del Sur, cuando Rivadavia –a quien los asesores de Biolcatti se olvidaron de nombrar o quizás su nombre ya no tiene el impacto publicitario de otras épocas- le quitaba su apoyo al ejército de San Martín, obligándolo a retirarse de Perú. Rememora la firmeza de Juan Manuel de Rosas defendiendo la soberanía de la Confederación, frente al asedio de ingleses y franceses, y saluda con devoción a los héroes de la Vuelta de Obligado. La palabra Patria para los argentinos pobres, para los asalariados –obreros y maestros- es el levantamiento gaucho contra la tiranía porteña, es el exilio, la tuberculosis y la muerte de Felipe Varela, es la cabeza del Chacho clavada en la plaza de Olta.
Esa palabra nos recuerda con orgullo los levantamiento de Yrigoyen contra el “régimen falaz y descreído” de la oligarquía del campo y nos alegra con el desborde arrabalero de los votos radicales de 1916.
Patria es para nosotros, los argentinos que estamos fuera del predio ferial, de la estancia y de la inversión en soja, la sangre obrera derramada en las calles de Barracas y Parque de los Patricios durante la Semana Trágica y el levantamiento de Paso de los Libres contra la dictadura justista.
Nosotros no tenemos que avergonzarnos, como Biolcatti. Nos pone orgullosos el recuerdo de los obreros bien pagos del 17 de octubre y nos alegra la insolencia plebeya de Evita, nombrando a su madre al frente de la Sociedad de Beneficencia.
La Patria, en suma, ha sido para nosotros una larga lucha por la Independencia, por construir una sociedad soberana, por reparar la injusticia, por dar voz a los desheredados. Desde el 2001, que son los años que Biolcatti mejor conoce, hemos tenido que dar una dura lucha para sacarnos de encima las políticas que nos impuso la Sociedad Rural Argentina desde su participación en el golpe de 1976 y dar trabajo a los desocupados, blanquear a los trabajadores informales y mejorar el salario de todos. La preocupación por la pobreza en boca del presidente de la SRA tiene el mismo valor que la preocupación del verdugo por la salud del condenado a muerte.
En suma:
"La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito".
Por eso, que la Sociedad Rural mejor no hable de la Patria.
lunes, 12 de noviembre de 2007
Marcha de San Lorenzo en todo su esplendor
Letra:
Avanza el enemigo a paso redoblado,
(Letra: Carlos J. Benielli - Música: Cayetano A. Silva)
domingo, 11 de noviembre de 2007
Hay gente que dio la vida por este país
"Votá con responsabilidad" pide la publicidad de Rock & Pop.
jueves, 8 de noviembre de 2007
Correspondencia entre Manuel Belgrano y el General don José de San Martín
nto cada instante que pienso que usted se me acerca, porque estoy firmemente persuadido de que, con usted, se salvará la patria y podrá el ejército tomar un diferente aspecto. (…); no tengo ni he tenido quién me ayude y he andado por los países en que he hecho la guerra como un descubridor; pero no acompañado de hombres que tengan iguales sentimientos a los míos de sacrificarse antes que sucumbir a la tiranía. Se agrega a esto la falta de conocimiento y práctica militar, como usted lo verá, y una soberbia consiguiente a su ignorancia con la que todavía nos han causado mayores males que con la misma cobardía. En fin, mi amigo, espero en usted un compañero que me ilumine, que me ayude, y que conozca en mí la sencillez de mi trato y la pureza de mis intenciones, que Dios sabe no se dirigen ni se han dirigido más que al bien general de la patria y a sacar a nuestros paisanos de la esclavitud en que viven… (…) Empéñese usted en volar, si le es posible, con el auxilio y en venir a ser no sólo amigo, sino maestro mío, mi compañero y mi jefe si quiere; persuádase que le hablo con mi corazón como lo comprobaré con la experiencia constante”.Poco después, a principios de 1814, Belgrano le aconsejaba con elocuencia: “La guerra allí no sólo la ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre ésta en las virtudes naturales, cristianas y religiosas; pues los enemigos nos la han hecho llamándonos herejes, y sólo por este medio, han atraído las gentes bárbaras a las armas, manifestándoseles que atacábamos la religión. Acaso se reirá alguno de este mi pensamiento; pero usted no debe llevarse de opiniones exóticas, ni de hombres que no conocen el país que pisan; además, por este medio conseguirá usted tener el ejército bien subordinado, pues él, al fin, se compone de hombres educados en la religión católica que profesamos y sus máximas no pueden ser más a propósito para el orden. Estoy cierto de que en los pueblos del Perú la religión la reducen a exterioridades todas las clases, hablo en lo general; pero son tan celosos de éstas que no cabe más; le aseguro a usted que se vería en muchos trabajos si notasen lo más mínimo en el ejército de su mando que se opusiese a ella y a las excomuniones de las paces. He dicho a usted lo bastante; quisiera hablarle más, pero temo quitar a usted su precioso tiempo y mis males tampoco me dejan; añadiré únicamente que conserve la bandera que le dejé y que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no olvide los escapularios a la tropa; deje usted que se rían; los efectos le resarcirán a usted de la risa de los mentecatos que ven las cosas por encima. Acuérdese usted que es un general cristiano, apostólico, romano. Cele usted de que en nada, ni aun en las conversaciones más triviales, se falte al respeto de cuanto diga nuestra santa religión. Tenga presente, no sólo a los generales del pueblo de Israel, sino al de los gentiles y al gran Julio César que jamás dejó de invocar a los dioses inmortales y por sus victorias en Roma se decretaban rogativas”.
El 12 de marzo de 1816, más de tres meses antes de la celebración del Congreso de Tucumán que declararía la Independencia, en carta a Tomás Godoy Cruz, San Martín se refería a las virtudes de Belgrano: “su comunicación del 24 del pasado llegó a mis manos y fue tanto más satisfactoria cuando me anuncia la reunión próxima del Congreso: de él esperamos las mejoras que nos son necesarias, y si éste no lo hace, podemos resolvernos a hacer la guerra de gaucho. (…) En el caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano: éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América lleno de integridad, y talento natural: no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”.martes, 6 de noviembre de 2007
Himno al Gral. José de San Martín
No es muy conocida la marcha de San Martín, es mucho más famosa la de la batalla de San Lorenzo. Pero es un buen video, con citas muy profundas. Tal vez la gran admiración al General, no le permitió al autor del video pensar que las guerras libertadoras de Chile y Perú tuvieron como fin echar a los españoles de América, eso comprendía que cesen en su intento de reconquistar las Provincias Unidas del Río de la Plata (Argentina) ingresando desde Perú por Jujuy. Tras decenas de derrotas del Ejército del Norte en su afán de derrotar a los realistas de Perú, San Martín formó el Ejército de Los Andes para llegar por mar desde Chile y así atacar al enemigo en Lima, el centro de su resistencia.
En resúmen, pienso que San Martín no liberó Chile y Perú ignorando a su patria como entre líneas lo dice el video. Todo lo hizo por su patria, y más en esa época donde las fronteras entre los países eran casi nulas. Pero se nota que el homenaje a San Martín no viene de un historiador , viene de un admirador (como yo) de nuestros héroes. Por eso vale el homenaje al héroe máximo de la historia sudamericana.
Letra:
Yergue el Ande su cumbre más alta,
de la mar el metal de su voz
y entre cielos y nieves eternas
se alza el trono del Libertador.
Suenen claras trompetas de gloria
y levanten un himno triunfal,
que la luz de la historia
agigante la figura del Gran Capitán.
De las tierras del Plata a Mendoza,
de Santiago a la Lima gentil
fue sembrando en la ruta laureles
a su paso triunfal, San Martín.
San Martín, el señor de la guerra,
por secreto designio de Dios,
grande fue cuando el sol lo alumbraba
y más grande en la puesta del sol.
¡Padre augusto del pueblo argentino,
héroe magno de la libertad!
A su sombra la patria se agranda
en virtud, en trabajo y en paz.
¡San Martín! ¡San Martín! Que tu nombre
honra y prez de los pueblos del sur
aseguren por siempre los rumbos
de la patria que alumbra tu luz.
(Música: Arturo Luzzatt - Letra: Segundo M. Argarañaz)