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martes, 27 de diciembre de 2011

“La más habilitada para que el peronismo deje de ser peronismo es Cristina”

El escritor, que acaba de sacar un nuevo libro sobre el peronismo, recuerda que la Presidenta no nombra a Perón, ni se canta la marcha.


Una persistencia argentina. Eso es para José Pablo Feinmann el peronismo. Pero el pensador que acaba de publicar el tomo II de su obra Peronismo , esta vez, y para enojo de muchos, se la toma con el creador del movimiento. Es el último Perón, el que aterriza en Ezeiza el que más lo enoja. Y por eso lo pone contra las cuerdas y lo sopapea un poco, a ver el si el general tiene respuestas para tantas preguntas y herencias insoportables que dejó su muerte en 1974. Hubo muchos Perón, el último es el que Feinmann pone en la mira. Por algo lo llaman un francotirador nocturno .

¿Cuál de todos los Perón sería el más polémico? Perón se va a jactar siempre de ser el totalizador de las infinitas particularidades que componen el movimiento, va a crear una figura, que es la del “padre eterno”. Cuando dos grupos peronistas se distancian, dice, yo soy el padre eterno, es decir, me aparto, miro y después digo, arréglense, el movimiento es lo primero, vamos muchachos, dénse un abrazo y esto se acabó. El tenía esa certeza.

¿Qué peronismo se gesta durante el exilio del líder? En estos 18 años de exclusión del peronismo se gesta la tragedia argentina. Porque si, bajo el gobierno de Illia, le hubieran permitido llegar a Perón, entonces lo integraban al sistema democrático, permitían que las mayorías pobres, obreras, tuvieran la posibilidad de votar a quien quieran, si eso hubiera pasado no habría habido guerrilla en la Argentina, porque habría habido expresividad democrática de las masas.

¿Y cuál es el Perón que se esperaba en 1973? La JP esperaba a un Perón revolucionario, pero no porque creyera que Perón lo fuera. La JP sabía que Perón era el líder de la clase trabajadora, entonces se mete allí para llevar a los obreros al socialismo. Y, esta es la clave: crearle a Perón hechos políticos para que él no tuviera más remedio que avalar. La cosa era: cuando vuelva el viejo va a encontrar un estado de cosas en el país que no va a tener más remedio que apoyarlo porque si no, se le incendia el país; ahora, ¿quiénes creían realmente que Perón era un revolucionario? El colaboraba con esta idea. Cuando muere el Che dice: “se ha muerto el mejor de los nuestros”. Inventa esta cosa rara del socialismo nacional, una mentira gigantesca para captar a los jóvenes que se miraban en Cuba, Argelia y Vietnam.

Mientras aterriza en Morón, se están matando en Ezeiza...

Perón se da cuenta que, si él aterriza ahí, va a repetir el acto de Cámpora del 25 de Mayo del 73. Dice, si yo salgo a hablar delante de estos locos de la patria socialista, soy Cámpora, entonces se va a Morón. En el discurso que da el 21 de junio dice: acá empieza otra etapa, la del tiempo y no la de la sangre. Y para Montoneros la cosa era, nosotros pusimos la sangre, ahora queremos poder y largan una consigna muy equivocada: “conducción, conducción, Montoneros y Perón”. Para la rima, Montoneros tenía que ir adelante y eso a Perón no le gusta nada.

A qué género corresponde lo vivido entre octubre de 1973 y marzo de 1976...? Usted cita la obra existencialista Esperando a Godot...

¿A quién esperaban? Esperar a Godot es esperar que venga algo de afuera a solucionarte la vida. Perón llegaba y todo se arreglaba para siempre. Entonces, es una tragedia, griega o no, es un drama existencialista, pero sobre todo una tragedia. Hegel dice, la tragedia no es la lucha de lo bueno contra lo malo, sino de lo justo contra lo justo. Es una tragedia, en la que se enfrentan, no la verdad contra la verdad, sino más bien el error contra el error, o, si querés decirlo así, se enfrentan demasiadas verdades de una totalidad que ya no tiene totalizador.

Perón ya no es el padre eterno...

No, porque el padre eterno es el que no elegía, sino el que armonizaba. Ahora este padre elige a la derecha del movimiento, claramente, se juega, se particulariza. Si el totalizador deviene particularidad, ya no hay quien totalice el desastre, el desorden. Entonces es un desorden sin totalizador, ¿quiénes totalizan?, los militares del 76, a través de la muerte.

¿Cuándo es que los peronistas se permiten criticar a Perón? Hasta Cristina lo critica...

Bueno, supongo que para muchos peronistas lo de Cristina debe haber sido una suerte de permiso. Aunque Cristina dijo eso para enrostrarle a Moyano que a diferencia del primer peronismo ahora hay derecho de huelga. Pero desde Alfonsín hay derecho de huelga, desde que vivimos en democracia. Además habló de la Constitución de Sampay, lo dice medio distraída, para no nombrar a Perón. Esto lo hizo con mi beneplácito, porque una de las esperanzas que deposito en el gobierno es que avance más allá del peronismo. Yo a muchos amigos antiperonistas les digo, no se equivoquen, si ustedes quieren que el peronismo deje de ser el peronismo, la más habilitada para hacerlo es Cristina Kirchner, porque si el PJ realmente se moderniza, se va a ir diluyendo, no es que lo vaya a eliminar. Pero los símbolos peronistas ya no están, Cristina no nombra a Perón, no está el escudo peronista, no se canta la marcha.
Héctor Pavón
Diario Clarín

lunes, 26 de diciembre de 2011

Para que el país no se hunda

Ya casi en parte, me había olvidado, claro, ha pasado tanto tiempo, era tan joven en 1973, solo 21 años de edad y a los 21 años las tareas de Hércules son trabajos fáciles de resolver, pero si tenemos toda la vida por delante, como no íbamos a poder hacer un país mejor o eso creíamos. Como decía la canción:

Tenemos razones puras
Tenemos porque pelear
Tenemos las manos duras,
Tenemos con que ganar
Unámonos como hermanos
Que nadie nos vencerá
……………

La lucha a la que nos habíamos unido 3 años antes, la lucha contra la dictadura militar, que había continuado hundiendo al país desde 1966, como las otras dictaduras, prácticamente había dado sus frutos, la salida democrática era una cuasi realidad, cambiar las cosas profundamente era otra cosa, sin embargo porque no, ¿porque Chile si y nosotros no? Algunos de nosotros creíamos en la necesidad de un cambio profundo, trabajábamos, estudiábamos y militábamos, esa era nuestra vida, nada podía ser mejor.

De ese sábado de febrero de 1973 ya no me olvidaré jamás. Frente a la plaza Alsina de Avellaneda, habíamos encontrado un tesoro inimaginado, imposible de creer. ¡Había un muro casi virgen!, ¡en el centro de Avellaneda! ¡A quince días de las elecciones de 1973!: medía unos diez metros de largo por casi dos de altura, ¡estaba buenísimo!

Nos caímos como a las dos de la tarde, formábamos parte de la juventud de la Alianza Popular Revolucionaria con la que como lista trece, apoyábamos a la formula de Alende-Sueldo. Llevábamos los tachos con pintura, las carbonillas y los saches de distintos colores. El petiso José que era un artista, se encargó de hacer los dibujos y las inscripciones, iba a ser “El Mural”. Nos creíamos Diego de Rivera ó el más cercano David Alfaro Siqueiros.

Dibujó campos y tractores, torres de perforación petroleras con pulpos imperialistas abrazándolas, vampiros disfrazados de banqueros (¿disfrazados?) y hombres de trabajo, sobre todo hombres y mujeres. Las consignas no eran ¡síganme! ¡No los voy a defraudar!, O cualquier otra estupidez, eran: ¡Por la reforma agraria!, ¡Abajo el imperialismo!, ¡Por la nacionalización de la banca extranjera! y otras que la segunda década infame, me hizo olvidar y que recién estoy recordando lentamente. El final rezaba así: “Vote LISTA 13” - “Vote Alende-Sueldo” Alianza Popular Revolucionaria.

Había quedado hermosa, llena de colorido. Habíamos trabajado como tres horas, pero había valido la pena. Tenía que durar por lo menos dos o tres días, para que las masas la pudieran ver y que surtiera efecto en ellas además de lograr convencer a los independientes. Nos fuimos contentos a una reunión en el comité de Lanús. Como a la media hora sonó el teléfono. Era el flaco Juan Carlos (el presidente del Centro de Estudiantes) que iba para el comité de Avellaneda y lo había visto.
-Hola, ¿quién habla?
-Cacho.
-Mira cacho te aviso que al mural le están pegando carteles encima, son los radicales, porque están colocando unos carteles celestes que ya vi en otra parte.

Nos levantamos corriendo, José manejaba su Peugeot 404, íbamos 5 mas, Héctor, Picho, Luis, Pedro y yo. El auto quedo flojo de amortiguadores, dimos la vuelta a la plaza, los vimos, eran cuatro, nosotros seis ¡pan comido! (pan comido si no estaban armados). El petizo frenó de golpe, como en una serie norteamericana y bajamos. …Tomo la palabra Héctor:

- Compañeros, nos están tapando el cartel que hicimos hoy hace menos de una hora.
-No flaco, no te tapamos nada,
Mientras un cartel azul estaba sobre la mitad superior de la torre, justo donde salía el Petróleo y tapaba a parte de un pulpo. Otro muchacho con un cartel blanco, ya le estaba dando a un tractor.

-Mira compañero lo que estás haciendo, ¡nos estas tapando el mural!.
- El mural ya estaba tapado, nosotros solo seguimos ha…
-Mira flaco hablemos bien…
-¿Que es hablar bien? Contesto el otro, nervioso, al que se lo veía bastante cascarrabias.
- Mirá, hablar bien, es hablar bien…..
- Si ya sé, y vos ¿como hablas mal?, hablemos mal.
- El eco del sonido del sopapo aun resuena por Avellaneda y algunos dicen haberlo oído por Dock Sud.
Se armó el Armagedón, Luis que estaba armado con un pedazo de caño, se fue de costado, a mi me sacaron un diente superior del lado izquierdo, el petizo José, se dio con otro medio petitero, lo tiro a suelo y lo sirvió hasta cansarse.

Una señora que pasaba por ahí, nos gritaba:
- ¡En el suelo no se pega!
- ¡En el suelo no se pega!

Nadie le daba bola, yo seguía cobrando, hasta que se metió Pedrito y le dimos a mi contrincante, lo suficiente, para que nos recordara, como yo lo recuerdo ahora.

El jefe de ellos, le dijo a Héctor:
-¡Para, Para que va a venir la cana!
Por su boca y su nariz salía el líquido rojo que lo había hecho entender, la cana era una excusa para defender el poco “honor” que le quedaba. Paramos todos, Héctor le dijo:

- ¿Entendiste flaco lo que es hablar mal?
-Sí, Si. Le respondió
- Bueno ahora sacan todos los carteles y quedamos bien.

Lo hicieron, pero el mural ya estaba jodido y no lo íbamos a poder reparar por seguridad pues en cualquier momento podía llegar la cana o algo peor.

Nos fuimos al comité de Avellaneda, discutimos, compramos pizza, seguimos discutiendo, cuando escuchamos un rumor, que venía de la Unidad Básica de la Juventud Peronista, con la cual hasta ese momento no habíamos tenido ningún problema y no lo queríamos tener, pues eran como se dice ahora, del mismo palo, o sea del campo popular.

Amenazadoramente nos gritaban:
- ¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno!
- ¡Aserrín, Aserrán de Avellaneda hoy no se van!

Nosotros en bolas hasta que llego Onofre, el querido Onofre.

- ¿Que hicieron Pelotudos?
-Los cascamos a los radicales, que nos taparon con los carteles celestes y blancos del mural, le dije yo.
-¡Que radicales ni ocho cuartos! Los carteles azules eran de los radicales, los blancos de los compañeros de la JP.

Eran como 50 y dale con:
- ¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno!
- ¡Aserrín, Aserrán de Avellaneda hoy no se van!
-¿Y qué hacemos?
- Vámonos mientras es de día y mañana negociaremos, fue la orden.

No, lo que habían hecho y lo que había pasado no era suficiente para estos modernos Heracles y como si se tratara del más célebre de los héroes griegos, el paradigma de la virilidad y el adalid del orden olímpico contra los monstruos ctónicos (telúricos bah), arremetimos a una nueva tarea, salir esa noche de carnaval, sábado de carnaval para ser más precisos, a pintar por las barriadas del Dock Sud.

No podíamos contar con José ni con Luis, o sea fuimos Héctor, Picho, Pedro y yo. El Picho era hijo de un pianista de tango, ex de la orquesta de Juan Darienzo, Fulvio Salamanca, preso por aquella época por una causa armada, pero básicamente por su militancia en el Partido Comunista y en SADAIC. El Picho tenía un amigo, que a su vez era dueño de una vieja camioneta rastrojero, la pidió prestada para la pintada y la consiguió, se nos unieron dos mujeres, una era Graciela Pane y la otra, la novia de Picho.

Recuerdo que salimos por la avenida Debenedetti a eso de las 12 de la noche, meta cal y brocha, a falta de José que era el artista, dibujaba yo las letras y el resto blanqueaba las paredes y rellenaba de color las letras técnicas de estudiante de ingeniería que yo realizaba, veíamos pasar las parejitas que iban empilchadas para el baile, el tiempo pasaba y nosotros pintábamos, el tiempo pasaba y unos eran felices bailando mientras otros, nosotros, lo éramos haciendo esas tareas revolucionarias que cambiarían la vida de todos, de ellos y de nosotros, el tiempo pasaba y ellos salían de bailar, nosotros…., seguíamos dándole a la brocha.

Caminando llegamos a un pequeño taller astillero, le pintamos las paredes de chapa, cuando de golpe, vemos un pequeño barco remolcador que estaban construyendo, saltamos el alambrado y sobre la proa del lado de babor, le pintamos bien clarito con letra inclinada a 75º

PARA QUE EL PAIS NO SE HUNDA
VOTE ALENDE- SUELDO

Pasó el tiempo, ni nosotros hicimos la revolución ni la JP, la patria socialista, es mas votamos a Perón (con Isabel) y luego a Luder con Exterminio Iglesias, luego de eso, juré no votar jamás a un peronista (ni por un radical) y soy de cumplir mis juramentos.

Pasaron 37 años y 9 meses, hoy es feriado nacional y se está realizando un censo nacional, estamos con mi esposa mirando la televisión esperando al censista, ya no soy Heracles luchando contra lo imposible, ya no existe Hércules, nadie ya puede Limpiar los establos de Augías en un día, por si solo, sin embargo las cosas, de a poco están mejorando. De golpe el anuncio brutal, en un cartel Rojo: Murió Néstor Kirchner...

Fue de golpe, el dolor golpeaba el pecho, me había dado cuenta que no en un día pero con paciencia, ese hombre ya cadáver, había empezado a limpiar los nuevos establos de Auguías, llenos de bosta, pero en Argentina y viendo a esos jóvenes marchar esa noche, llorando como yo lo hacía en mi casa, me di cuenta que nunca una consigna era tan justa como la aggiornada:

PARA QUE EL PAIS NO SE HUNDA
VOTE……..

Tiempo después falte dos veces a mi juramento, no lo siento, pero falta Hércules, a estos establos los tenemos que limpiar entre todos.
Enrique Ramiro Vázquez.

“Al optar por la derecha, Perón mismo aniquiló su imagen histórica”

En el primer tomo de “Peronismo”, Feinmann analiza la historia del movimiento desde 1943 hasta el regreso del líder al país, en 1972.


Anochece en Buenos Aires. Madres, chicos y estudiantes caminan apurados en la zona de facultades y clínicas de Barrio Norte. Mientras tanto, las luces de un departamento del tercer piso de un edificio antiguo y cuidado se encienden. Allí comienza la jornada de trabajo en la casa del noctámbulo ensayista José Pablo Feinmann. En el silencio de la noche escribe sus voluminosos y polémicos libros y artículos sobre filosofía, historia, política, cine, y que nunca resultan indiferentes. Esos escritos multiplican enemigos y adictos. Se reunió con Néstor Kirchner para hablar de política y ahora vuelve al debate sobre Perón y el Movimiento. Feinmann publicó el tomo I de Filosofía política de una persistencia argentina (Planeta). Un libro “filosófico histórico, de filosofía política” sobre el peronismo del período 1943-1972.

Con este libro, dice Feinmann, “estás comprando un fresco histórico y una reflexión filosófica sobre la condición humana a propósito del peronismo, porque yo analizo hacia el final qué es lo que pasa con el hombre que se vuelve un ser tan destructivo, cómo pudieron matarse así en Ezeiza, cómo es posible torturar, cómo pudo ser la bestialidad de la Triple A...” ¿A qué peronistas va a molestar este libro? A muchos peronistas porque no es un libro peronista. Creo que lo es en la pasión que el autor pone en ocuparse del peronismo y en que no lo denigra sino que exalta muchas de sus facetas y lo califica como el gran relato de los últimos 50 años de la Argentina. Escribo la historia del peronismo porque ahí encuentro todo, la vida, la muerte, la pasión, todo lo que la historia tiene de fascinante. Pero el último Perón que yo trazo, el tercero, es un Perón muy jodido. Y eso a muchos peronistas no les va a gustar.

Desde el arranque usted dice que el peronismo de la época de la resistencia es muy rico pero que ya no lo es cuando vuelve Perón. ¿Cómo se entiende esa paradoja? Hay que tener en cuenta que al peronismo, Perón lo maneja desde Madrid. Es muy rico porque hay contradicciones que surgen y que no se someten al liderazgo opresivo de Perón. Durante 18 años, Perón se cree el mago ajedrecista de la historia. El viejo dice yo desde Madrid manejo todas las contradicciones del movimiento, y entonces manda una carta a los conciliadores, una carta a los duros, una carta a los negociadores, una carta a los izquierdistas. Hay cartas para todos.

Al escribir este libro, ¿qué lo decepcionó más: Perón o el peronismo? Perón, Perón. No, el peronismo no me decepcionó. El peronismo como historia me sigue fascinando. Ahora, el tercer Perón me parece lo peor, que quede claro.

Dice que el tercer Perón es lo peor. ¿Por qué lo ve así? ¿Fracasó? ¿Por- que no fue conciliador? Creo que Perón, si vino a aplicar el escarmiento vino a suicidarse, porque vino a hacerles el trabajo sucio a los milicos. Si viniste a eso te hubieras quedado en España. Y después, el trabajo sucio que empezó a hacer es lamentable. Estoy totalmente en contra porque hizo un trabajo clandestino, fuera de la ley. Cuando matan al padre Mujica, Perón no va a su entierro ¿por qué no va? Que alguien me conteste esto. Si fue al entierro de Rucci, ¿por qué no fue al entierro del Padre Mujica? ¿Por qué lo fue a visitar a la Villa 31 en noviembre del 72? No lo encontró; fue porque lo necesitaba para las elecciones. Y después lo recibe en Gaspar Campos y le dice “el mundo marcha al socialismo”. Cuando lo matan, no manda ni una corona al velorio. Bueno, a mí ese Perón no me gusta. Perón vino y optó por la derecha, pero por la peor derecha, para barrer a la izquierda. Entonces yo digo: ¿a eso vino? El mismo aniquiló su imagen histórica.

¿Cuál fue la responsabilidad de Perón en el origen de la Triple A? Perón participó de la idea de la Triple A, no es que dejó hacer. Perón no pudo no estar enterado. Nombra al comisario Alberto Villar. Si alguien me demuestra que Perón no nombró a Alberto Villar al frente de la Policía Federal yo le voy a creer entonces que Perón estaba distraído, pero Perón no podía no saber quién era Villar. No jodamos, lo habían educado los paramilitares franceses, después había estado en la Escuela de las Américas, ¿qué esperaba Perón que iba a hacer Villar? Era un asesino y Perón lo sabía.

¿Cómo veía entonces la posición de Montoneros en su relación con Perón? Los Montoneros se apropiaron de la JP no sólo por su enlace con Galimberti. Había una fascinación por la lucha armada. Siempre me pareció peligrosa. Nunca la compartí. Pero era imposible luchar contra ella. Perón no pudo ser más claro y lo dijo muchas veces: el peronismo enfrentaba al régimen como movimiento de liberación nacional. Dentro de ese movimiento estaban las formaciones especiales. El las nombró así, especiales . Cuando le preguntan a Perón por su solidaridad con quienes están en la lucha armada, él dice: Sí cómo no. Claro que vamos a ser solidarios con todos los peronistas...

El necesitaba tanto a Rucci como a los Montoneros. Rucci fue más vivo, jamás le discutió la conducción, jamás quiso compartirla con él. Y los Montoneros tenían que saber que la política del entrismo tenía un costo: ser parte del movimiento y acatar la conducción de Perón.

¿Hoy vivimos un nuevo “relato” del peronismo? Recién ahora volvemos a tener peronismo, por eso hay tantos conflictos. Antes éramos todos amigos, estábamos todos contra Menem. Pero ahora no, todos nos hemos sacado las máscaras. Ahora hay muchas peleas porque el peronismo vuelve a tocar intereses de clases.
Héctor Pavón.
Diario Clarín.

martes, 30 de agosto de 2011

Lo bueno, lo malo y lo triste

“Ahora, mirado desde lejos, parece fácil”, dijo Cristina el 11 de marzo de 2011.

Cuando Néstor asumió la presidencia, la Argentina no tenía ninguna capacidad de maniobra. Era un blanco fácil del que se seguían aprovechando especuladores, grupos económicos concentrados y sugerentes políticos. Una coincidencia lamentable. Ellos no estaban crispados. Tenían buenos modales, consejos cordiales y mucho mundo. ¿Qué podría hacer aquel extraño patagónico, desgarbado, con problemas de dicción y sólo el 22% de los votos, para cambiar la pésima situación en la que se encontraba la gran mayoría de la gente?.

El panorama no era alentador, sin embargo a él se lo veía feliz. Había empezado algo y nadie podía sospechar de qué se trataba. No había salido de su casa para dar un paseo. Tenía en su cabeza la loca idea de desbaratarlo todo. Con 53 años y sin ningún pasatiempo que atenuara su ansiedad, puso manos a la obra.

Al tercer día de asumir la presidencia se descabezó la cúpula militar y pasó a retiró a 52 altos mandos. Recibió a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo en la Casa Rosada. Le puso fin a la Corte Suprema de la mayoría automática. Derogó la Ley de Reforma Laboral. Hizo quitar el cuadro de Jorge Rafael Videla del Colegio Militar. Transformó la ESMA en el Museo de la Memoria. Derogó las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Impulsó la apertura de causas de delitos de lesa humanidad. Dio instrucciones precisas a la política y al Ministro de Justicia para que no se reprimiera en las manifestaciones sociales. Incluyó a activistas sociales en la estructura del estado. Instrumentó políticas productivas que generaron 5 millones de puestos de trabajo. Incluyó a 2 millones de jubilados en el sistema provisional. Desendeudó al país y obtuvo la quita histórica de 67 millones de dólares a los acreedores privados. Puso fin a la relación crediticia con el FMI, previo pago de la deuda con fondos genuinos. Reinstaló los convenios colectivos de trabajo. Promocionó la generación de empleo y el consumo, fortaleciendo el mercado interno. Le dio al Estado un protagonismo creciente e inició de reformas progresistas. Instauró derechos sociales. Hizo la vigencia de los Derechos Humanos y la lucha contra la Impunidad un eje de su gobierno. Marchó contra las reformas de los 90. Convirtió al país en un emblema de integración latinoamericana y de respeto a los procesos populares y democráticos. Desautorizó el aumento de los servicios públicos que pretendían las empresas privatizadas. Le cedió el puesto a su mujer, quien profundizó el modelo y, entre tantas otras cosas, impuso retenciones a la exportación de granos, estatizó los fondos de las AFJP, cargó contra los monopolios mediáticos y recuperó el Fútbol Para Todos. Instrumentó políticas anticíclicas con el fin de preservar la demanda interna. Se volvió a hablar de política en los bares, en los colegios, en las universidades, y en las mesas de familia. Volvió a generar entusiasmo, inquietud y debate crítico.

Tuvo coraje, se arrojó a la experiencia de estar vivo, fue apasionado, un presidente militante, un conductor, un constructor.

Usó la política como herramienta para darle sentido social y transformador a la vida. Dio, según sus propias palabras “la gran batalla de amor con la Argentina”. Se apasionó por el destino del país. Fue pragmático cuando tuvo que serlo: “Teníamos que marchar haciéndonos fuertes”.

Se hizo malasangre. “Nos atacan por lo que hicimos bien, no por lo que hicimos mal”. Un día murió, temprano.

Todo quedó en penumbras por un rato. ¿Y ahora, que?, se preguntaron los miles a los que les abrió los ojos y la cabeza. Un silencio grande se adueñó de la mañana. Fue uno de esos días malos. El día en que millones se sintieron solitarios.

Cada uno se conmovió a su modo. “¿Cuántos encontraron súbitamente su verdad saliendo a la calle ese miércoles?” se preguntó José Pablo Feinmann.

El no era perfecto. Cometió errores y tuvo debilidades, pero ¿qué era lo que lo diferenciaba del resto de la clase política?

No le daba todo lo mismo. Decía lo que pensaba. Asumía riesgos. Fue un transgresor. Iba siempre para adelante. Su voluntad inquebrantable y su capacidad de trabajo no fueron doblegadas por el dolor del espíritu ni de la carne. Supo que no había tiempo que perder, se abrazó a los más humildes y comprometió a los que creyeron en él a no dar ni un paso atrás.

Sabía quién era y no estaba loco, pero la opinión del mundo poco le importaba. Tenía su propia visión y no jugó al juego de las apariencias. Su intención era hacer otra historia. No fue un aficionado del cambio. Creyó que se podía y lo hizo.

“Desde el primer día de mi militancia política, allá por los años 70, cuando desde la participación política activa creí que la Argentina se podía cambiar, creí en un proyecto popular, con consenso, en una democracia con equidad, con justicia y dignidad. Creíque era posible construir un país distinto. Esto fue lo que nos llevó a muchísimos jóvenes a participar activamente […] todo resultó en una gran frustración”, había dicho con la certeza de que finalmente sería superada la trama de errores del pasado.

También dijo que había entrado por la ventana y que lo iban a sacar con los pies para adelante. Fue una pena enorme que tuviera razón, que haya sido profético; él, que no había venido a traer la paz sino a restituirle legitimidad a la lucha por reducir las desigualdades.

Dejó en marcha un proyecto de país y un sueño que no se acabó con él. En el desván de la historia quedaron el desprecio y el cinismo con el que maltrataron a quienes pensaban diferente. Eso también se desvaneció como el humo.

Quedó su recuerdo vibrando en el aire. El recuerdo de alguien irremplazable. El recorrido de un hombre audaz con algo de niño. Una figura indispensable para entender a la Argentina contemporánea de la que fue su protagonista absoluto. El más inesperado.

Prólogo del libro "Néstor. El Presidente militante", de Gabriel Pandolfo.

sábado, 2 de julio de 2011

Los funerales de Juan Domingo Perón



Durante su tercera presidencia y con 78 años de edad, Juan Domingo Perón falleció de un paro cardíaco. Cientos de miles de personas despidieron sus restos en el Congreso de la Nación.

sábado, 4 de junio de 2011

Eva

Calle Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".

Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte más muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lagrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.

Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?

II
No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.

María Elena Walsh

domingo, 22 de mayo de 2011

Con su talento inigualable, el maestro Alejandro Dolina evoca a Néstor Kirchner


El peronismo ha sido muchas veces actor principal de acuerdos y concertaciones políticas. Hay, por otra parte, un arsenal de pensamientos burgueses que garantizan la conveniencia de buscar coincidencias.

Algunos llegan a decir que en realidad, todos deseamos lo mismo y que discrepamos acerca de las metodologías.

Se ha llegado a sostener que las ideologías habían muerto y que bastaba con elegir buenos administradores para que gobernaran.

Todo esto viene acompañado con un continuo elogio de las buenas maneras en las discusiones políticas y aún en los conflictos sociales.

A cada momento se nos propone a nuestra admiración la conducta de príncipes sonrientes o de antagonistas que se dispensan elogios mutuos durante las negociaciones.

Estas escasas palabras servirán primero para saludar todas estas ideas que acabo de exponer.

¿Quién soy yo para no ovacionarlas de pie? Pero también, y como humilde despacho en disidencia (aplausos), propongo un tímido elogio del desacuerdo, de la bifurcación, de la heterodoxia, de la herejía.

Después de todo, las revoluciones surgen sólo de desacuerdos: el hombre es un mono disidente.

Me permito entonces, subrayar la acción política de Néstor Kirchner como venturoso gestor de desacuerdos (ovación). El se atrevió a recorrer caminos que nadie se atrevía a transitar y que parecían alejarse de las concurridas avenidas centrales que recomendaban los poderosos del mundo global. Y se metió por unas calles ya olvidadas cuyos nombres sólo se pronunciaban en los foros estudiantiles, en las reuniones de soñadores y en rincones que siempre estaban alejados del poder político.

Esas calles de desacuerdo ahora pueden reconocerse: una conduce al crecimiento del mercado interno... Otra al control del comercio exterior... Está también el boulevard de la intervención del Estado, el veredón de los derechos humanos, la plazoleta de la ley de medios, la peatonal de la asignación por hijo (aplausos)y los veredones del desendeudamiento. Algunas de estas calles habían sido recorridas por otro señor en 1946 (ovación).

Cuando alguien del poder político se atreve a caminar estos senderos termina por llegar a un distrito donde el poder político no está en el mismo lugar que el poder económico. Y la bifurcación se produce y son inevitables los ataques de las corporaciones y de los poderosos que tratarán de conseguir el regreso de los gobernantes tránsfugas hacia las avenidas iluminadas de sus intereses (aplausos).

Hace muchos años hubo por televisión un debate entre el doctor Teodoro Bronzini, líder socialista e intendente de Mar del Plata, y el doctor Becar Varela que militaba en el partido que entonces tenía al menos el coraje de admitirse que era del Partido Conservador.

Fue una conversación muy amable y el moderador se sorprendió al fin del programa de que hubieran coincidido en tantas cosas. En realidad, no era sorprendente, ambos políticos formaban parte de una visión liberal del mundo y eran funcionales a los intereses de las corporaciones. ¿Cómo no van a ser amables si en el fondo pensaban lo mismo? Néstor Kirchner no les parecía amable a las corporaciones. En verdad, ningún otro presidente salvo aquel otro señor, les pareció tan desagradable . Y lo atacaron como a nadie ¿Por qué lo atacan a este y a los otros no? No porque Kirchner tuviese mal carácter y fuera confrontativo como quien es cascarrabias.

No se trataba de una cuestión de carácter: este tipo había tocado sus intereses. Y fue el único que lo hizo (aplausos). Todos los demás parecían aceptables en algún punto porque también en algún punto eran funcionales a los intereses del poder económico.

Y eso es todo lo que quería decir, a veces no hay más remedio que disentir, que persistir en el desacuerdo. Hoy casi por única vez en nuestra historia, el poder político no está donde está el poder económico.

Y este hombre que ahora se ha ido produjo un último acto de "insujeción". Su muerte encendió la luz (aplausos), y como en un refusilo vimos algo que la cerrazón de los medios había ocultado en la oscuridad: las calles laterales, las que no recomendaban los poderosos, estaban llenas de gente.

Alejandro Dolina.

jueves, 31 de marzo de 2011

Gorilas

Nunca olvidaré aquellos lluviosos días de setiem­bre del 55. Aunque para mí fueron de viento y de sol porque vivíamos en el Valle de Río Negro y los odios se atemperaban por la distancia y la pesadum­bre del desierto. Mandaba el General y a mí me resultaba incomprensible que alguien se opusiera a su reino de duendes protectores. Mi padre, en cambio, llevaba diez años de amargura corriendo por el país del tirano que no lo dejaba crecer. Una vez me explicó que Frondizi había tenido que huir en calzoncillos al Uruguay para salvarse de las hordas fascistas. Y se quedó mirándome a ver qué opinaba yo, que tendría nueve o diez años. A mí me parecía cómico un tipo en calzoncillos a lunares nadando por el río de la Plata, perseguido por comanches y bucaneros con el cuchillo entre los dientes.

No nos entendíamos. Mi peronismo, que duró hasta los trece o catorce años, era una cachetada a la angustia de mi viejo, un sueño irreverente de los tiempos de Evita Capitana. Años después me iba a anotar al lado de otros perdedores, pero aquel año en que empezó la tragedia escuchaba por la radio la Marcha de la Libertad y las bravuconadas de ese miserable que se animaba a levantarse contra la autoridad del General. El tipo todavía era contraalmirante y no se sabía nada de él. Ni siquiera que había sido cortesano de Eva. Todavía no había fusilado civiles ni prohibido a la mitad del país. Era apenas un fantasma de anteojos negros que bombardeaba Puerto Belgrano y avanzaba en un triste barco de papel. Era una fragata bien sólida, pero a mí me parecía que a la mañana siguiente, harto de tanta insolencia, el General iba a hundirlo con sólo arrojar una piedra al mar.

Recuerdo a mi padre quemando cigarrillos, con la cabeza inclinada sobre la radio enorme. Lo sobresaltaban los ruidos de las ondas cortas y quizás un vago temor de que alguien le leyera el pensamiento. A ratos golpeaba la pared y murmuraba: "Cae el hijo de puta, esta vez sí qué cae". Yo no quería irme a dormir sin estar seguro de qué el General arrojaría su piedra al mar. Tres meses atrás la marina había bombardeado la Plaza de Mayo a medio día, cuando la gente salía a comer, y el odio se nos metió entre las uñas, por los ojos y para siempre. A mi padre por el fracaso y el bochorno, a mí porque era como si un intruso viniera a robarme los chiches de lata. Me cuesta verme así: ¿qué era Perón para mí? ¿Una figurita del álbum, la más repetida?, ¿los juguetes del correo?, ¿la voz de Evita que nos había pedido cuidarlo de los traidores? Se me iba la edad de los Reyes Magos y no quería aceptar las razones de mi padre ni los gritos de mi madre.

Creo que allá en el Valle no se suspendieron las clases. Una tarde vinieron unos milicos que destrozaron a martillazos la estatua de Evita. Al salir del colegio vi a un montón de gorilas que apedreaban una casa. Los chicos bajábamos la cabeza y caminábamos bien cerca de la pared. El día que Perón se refugió en la cañonera paraguaya mi madre preparó ravioles y mi padre abrió una botella de vino bueno. "Lo voy a cagar a Domínguez", dijo, ya un poco borracho, y buscó los ojos de mi madre. Domínguez era el capataz peronista que le amargaba la existencia. El tipo que me dejaba subir a la caja del camión cuando salían a instalar el agua. Creo que mamá le hizo una seña y el viejo me miró, afligido. "¿Por qué me salió un hijo así?", dijo y me ordenó arrancar el retrato de Evita que tenía en mi pieza. Lonardi hablaba por radio pero el héroe era Rojas. Para convencerme, mi padre me contaba de unos comunistas asesinados y otra vez de Frondizi en calzoncillos. No les tenía simpatía a los comunistas pero ya que estaban muertos, ¿por qué no acordarse de ellos? Yo no quise bajar el retrato y mi padre no se atrevió a entrar en mi cuarto. "Está bien, pero deja la puerta cerrada, que yo no lo vea", me gritó y fue a terminar el vino y comerse los ravioles.

Fue un año difícil. Terminé mal la primaria y empe­cé mal el industrial de Neuquén. Hasta que Rodolfo Walsh publicó Operación Masacre no supimos de los fusilamientos clandestinos de José León Suárez, ordena­dos por Rojas. Mi viejo seguía enojado con Perón pero se amigó con el capataz Domínguez. Alguien vino a ten­tarlo en nombre de Balbín. En ese entonces yo me había puesto del lado de Frondizi, tal vez por aquella imagen del tipo en calzoncillos que se aleja nadando hacia la costa del Uruguay, y entonces mi padre se negó a entrar en política.

En el verano del 58 empecé a trabajar en un galpón donde empacaban manzanas para la exportación y en febrero se largó la huelga más terca de los tiempos de la Libertadora. Largas jornadas en la calle, marchas, colec­tas y asados con fútbol mientras el sindicato prolongaba la protesta. Un judío de traje polvoriento nos leía presuntos mensajes de Perón. Un día cayó con un Geloso flamante y un carrete de cinta en el bolsillo. Le decían El Ruso; tenía unos anteojos sin marco que dos por tres se le caían al suelo y había que alcanzárselos porque sin ellos quedaba indefenso. Desde la cinta hablaba Perón, o alguien con voz parecida. El General anunciaba un regre­so inminente y los rojos ya no eran sus enemigos, decía. Al final de la cinta nos hablaba al oído y decía que se le encogía el corazón al pensar en esa heroica huelga nuestra ahí entre las bardas del desierto.

Alguien, un italiano charlatán, sospechó que el que hablaba no era el General. En aquel tiempo no conocía­mos los grabadores y la máquina que reproducía la voz parecía demasiado sorprendente y perfecta para ser au­téntica. El Ruso no tenía pinta de peronista y la gente empezaba a desconfiarle. Mi padre y yo no nos hablába­mos, o casi, pero si existía alguien en aquellos parajes capaz de confirmar que la máquina y la voz eran confiables, ése era él. Le conté lo que pasaba y en nombre de la asamblea le pedí que verificara si era auténtico el Geloso del Ruso. Todavía lo veo llegar, levantando pol­vareda con la Tehuelche que me había ayudado a com­prar. Esquivó las barreras que habíamos colocado para cortar el camino y se metió en un pajonal porque venía clandestino. Al principio todos lo miraron feo por su aspecto de radical del pueblo. Un chileno bajito lo trató de profesor y eso contribuyó a que se agrandara un poco. Se puso los anteojos, saludó al Ruso y pidió ver el aparato.

Era una joya. Apenas conocíamos el plástico y aque­llo era todo de plástico. Mi viejo lo miraba como aturdi­do, con cara de no entender un pito de voces grabadas y perillas de colores. El Ruso desenrolló un cable que había enchufado en la oficina tomada y colocó la cinta con cuidado, como si agarrara un picaflor por las alas. Y Perón habló de nuevo. Sinarquía, imperialismo, multina­cionales, algo que hoy sonaría como una sarta de maca­nas. El General recordó la Constitución justicialista, que impedía la entrega al capitalismo internacional de los servicios públicos y las riquezas naturales. Todos mira­ban a mi padre que escuchaba en silencio. Ensimismado, sacó los carretes y tocó la banda marrón con la punta de la lengua. Después pidió un destornillador y desarmó el aparato. Yo sabía que estaba deslumbrado y que alguna vez, en el taller del fondo, intentaría construir uno mejor. Pero esa tarde, mientras el Ruso se sostenía los anteojos con un dedo, mi viejo levantó la vista hacia la asamblea y murmuró: "Es Perón, no tengan duda". Rearmó el Geloso pieza por pieza mientras escuchaba la ovación sonriente, como si fuera para él. Yo le miraba la corbata raída y las uñas limpias. Aquel hombre podía reconocer la voz de Perón entre miles, con ruido de fondo y bajo fuego de morteros. Tanto lo había odiado, admirado quizás. Dos días después llegaron los cosacos y nos molie­ron a palos. Así era entonces la vida. El Ruso perdió los lentes y el Geloso. Mientras corría no paraba de cantar La Internacional. A mí me hicieron un tajo en la cabeza y a los chilenos los metieron presos por agitadores. Al volver a casa, de madrugada, encontré a mi padre en su escri­torio, dibujando de memoria los circuitos del grabador. Me hizo señas de que fuera al lavadero para no despertar a mi madre y puso agua a calentar. Allá en el patio, frente al taller en el que iba a reinventar el Geloso, me ayudó a lavar la herida y me hizo un vendaje a la bartola, porque no sabía de esas cosas. "Parece mentira —me dijo— antes cada cosa estaba en su lugar; ahora, en cambio, me parece que son las cosas las que están en lugar nuestro." Y no me habló más del asunto.
Osvaldo Soriano

martes, 29 de marzo de 2011

¡Y el nazi era Perón!

Queda claro, supongo: Perón trajo a cuanto nazi quiera Uki, pero no les dio poder. No condicionaron su ideología ni actuaron en la sociedad argentina. Salvo si uds. dicen que ellos hicieron autoritario a Perón (¡como si Perón lo necesitara!) y que hay en la ideología peronista (en la idea de la “comunidad organizada”, como se suele decir) algo de nazismo. Pavadas. En cambio, señores, los norteamericanos, quienes acaso no hayan llevado II nazis a la Casa Blanca, sin duda los llevaron al Pentágono y les dieron enorme poder.

Todos han visto o debieran ver esa formidable película de Stanley Kubrick que lleva por título Dr. Strangelove. Llamada por aquí Doctor Insólito o Cómo aprendí a no preocuparme y amar la bomba. Film de 1964, presenta a un científico en una silla de ruedas que sostiene todo el tiempo su brazo derecho con su brazo izquierdo. Siempre que el brazo derecho se le escapa hace el saludo nazi y el Dr. Strangelove exclama: “Heil Hitler!”. El éxito del film de Kubrick tapó injusta y tristemente otras dos formidables películas. Una es Fail Safe, también de 1964, dirigida por Sidney Lumet e interpretada por Henry Fonda. Y la otra es más conocida por aparecer habitualmente por las pantallas de televisión, por cable o por aire, desde hace varios años. Es The Bedford Incident (ridículamentetraducida como Al borde del abismo, que es la traducción del célebre film de Hawks con Bogart y Bacall). El film es de 1965. Es la historia de un paranoico halcón norteamericano que comanda una destroyer con carga atómica. Se larga a perseguir a un submarino ruso en aguas de Groenlandia.

Todo termina en un desastre. Pero el detalle es éste: el asesor del macartista, paranoico y casi demente conductor de la nave (Richard Widmark) es un nazi. Sí, tal cual. Esto habla bien del cine norteamericano. No necesitan que vaya Uki Goñi a decirles que pusieron a nazis en puestos importantes. No, ellos solitos se dan cuenta y hacen muy buenas películas sobre el tema. Lo notable del film es que el nazi (Eric Portman) termina siendo más sensato que el Capitán Widmark, quien acaba por hacer volar todo y presumiblemente desata una Tercera Guerra Mundial. Estas tres películas forman un corpus sobre la Guerra Fría de alto valor cinematográfico. Pero hay algo peor. ¿No entraron nazis a la Casa Blanca?¡Por favor! Los yankis fueron mucho más vivos que Perón. Si Perón se mandó ese papelón con su sabio nuclear Ronald Richter, los yankis se importaron al más brillante científico nazi, al tipo que casi le hace ganar la guerra a Hitler. Nada menos que a Wernher Magnus Maximilian Freherr von Braun. O más sencillamente: Wernher von Braun. Con respecto al tan sonado affaire Ronald Richter, a quien Perón importó para que le hiciera la bomba atómica y el tipo resultó siendo un fiasco, cosa que el gorilismo explotó hasta niveles extremos, recuerdo a un militante de la JP que decía perplejo: “No entiendo. Se equivocó, ¿y qué hay? ¿Qué quieren demostrar? ¿Que Perón era boludo?”. Impecable razonamiento. Porque o Perón era el demoníaco nazi que hundió a la democracia argentina o frenó a la revolución social que ya estallaba en el ’45 o era un boludo porque había traído a Richter. Las pavadas del chiquitaje gorila son asombrosas. Sí, Richter era un tarado recalcitrante. Sí, Perón se comió un buzón. ¿Y? Perón habrá sido muchas cosas: un político sagaz, maquiavélico, pragmático, un tipo de corazón frío, un tipo del que nunca sabremos si quiso o no verdaderamente a alguien, ni siquiera a Evita, un tipo al que con todas esas características no precisamente maravillosas le alcanzó para ser el caudillo de masas más poderoso de la Argentina y para crear un partido que hoy, aunque afortunadamente descafeinado, todavía gobierna.

Pero, ¿un boludo? No, la acusación se revierte contra quienes pretenden demostrar eso basándose en el affaire Ronald Richter. Esos, de boludos, todo. Volvamos a Wernher von Braun. Por decirlo rápido: es el tipo que le inventó a Hitler las bombas V2 con las que asoló la ciudad de Londres y es, al mismo tiempo, el tipo que les puso a los yankis al hombre en la Luna. De a poco. Veamos: Wernher von Braun nace en Alemania en marzo de 1912. Siempre le apasiona la cohetería espacial. Es eso que los yankis llaman un rocket scientist. Un científico de aparatos a reacción. Entra, de joven, en las filas de las SS. Se enrola luego en el Ejército Alemán. Quiere desarrollar misiles balísticos. Entró en las SS, aclaro, antes de que Hitler llegara al poder. Trabajando para las SS obtuvo un doctorado en ingeniería aeroespacial. ¡Miren a las SS! Y todo el mundo sólo se fija en que montaron campos de concentración y mataron a seis millones de judíos. Pues no: también le permitieron obtener a Von Braun un doctorado en ingeniería espacial. Que se sepa, acaso el mundo lo ignore o lo haya olvidado. Sigue su carrera brillante Herr von Braun. El alto mando alemán le encarga la elaboración de un cohete capaz de atacar territorio enemigo. Wernher von Braun, indignado, huye de Alemania y se refugia en la patria de la libertad y la democracia, Estados Unidos, donde... No, no es así. Wernher se queda en Alemania, como buen nazi que era.

Wernher von Braun diseña los modelos A3 y A4 que entusiasman al Führer. Hitler le ordena la producción masiva de los mismos. Wernher les pone el nombre de V2. Hitler, con ellos, se dispone bombardear a Londres. No es sencillo construir masivamente los V2. Werhner von Braun reclama entonces más contingente humano. Y emplea obreros-esclavos que le son enviados de los campos de concentración y exterminio, algo que Werhner, siempre concentrado en lo suyo, ignora por completo. De lo contrario, humanitariamente se habría opuesto. ¡El tipo era un miserable! Hacia el fin de la guerra se habían arrojado 1155 bombas V2 contra Inglaterra y 1625 contra Amberes y otros objetivos del continente. No hay experto militar que ignore un hecho fundamental: si Von Braun hubiera empezado antes la producción en masa de las bombas V2, Alemania habría ganado la guerra. Los aliados bombardearon los laboratorios de Peenemünde, donde trabajaba Von Braun con sus obreros-esclavos, pero no mataron a Von Braun, que ya se había ido en busca de los yankis. Mataron a todos los que hacían trabajo esclavo.

Wernher, entre tanto, iba en busca de la libertad. Los norteamericanos habían organizado la operación Paperclip destinada a capturar científicos alemanes y ubicarlos bajo su dirección. Wernher von Braun se entrega junto con otros quinientos científicos de su equipo. Los rusos se lo pierden. También lo quería para su equipo Sergei Korolov. A papá Stalin también le importaba un reverendo rábano que Wernher hubiera sido SS, que haya utilizado obreros-esclavos de los campos de concentración, que sus bombas V2 hayan arrasado buena parte de Europa, nada. Lo quería para él. La guerra que se iniciaba era otra y los cerebros alemanes eran muy codiciados. Ni hablemos de lo que Alemania misma hizo con los nazis, a los que integró masivamente a su resurrección. Pero sigamos con Wernher. Falta lo mejor. Lo más espectacular. ¡Es tanto lo que el mundo y todos nosotros le debemos! Wernher se hace ciudadano norteamericano.

Algo que ocurre el 14 de abril de 1955. Es un héroe. Su cohete V2 es la base de toda la cohetería que desarrollan los rusos y los yankis en la carrera espacial. En 1960, encontramos a Wernher en la NASA. Se le encomienda la construcción de los gigantescos cohetes Saturno. ---------- Pero antes, en la década del ’50, Wernher ya era muy conocido por sus artículos en la publicación semanal Cullier, la más importante de ese momento. Y aquí viene el dulce “toque” Disney: Wernher participa en tres programas de televisión divulgando temas de exploración espacial. Patrocina la Walt Disney Corporation. No sean amargos: ¿no es esto conmovedor? El SS y Mickey Mouse juntos, dejando atrás sus diferencias, acaso mínimas, y divulgando la ciencia de la cohetería para los niñitos americanos. Aún, dije, falta lo mejor. Wernher tiene en sus manos la fabricación de los cohetes Saturno. Se convierte entonces en el director del Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA. Diseña, así, el Saturno V. Que el tipo era un genio, lo era. Que había sido un SS, también. Que había reventado a bombazos a los ingleses y a los belgas y a otros países, también. Que había utilizado obreros extraídos de los campos de concentración y exterminio, también. Pero eso, ¿qué importaba? ¿Qué podía importar si Wernher von Braun, durante los años 1969 y 1972, con el cohete Saturno V... ¡lleva al Hombre a la Luna! Caramba, lo que es la historia humana. El hombre llegó a la Luna de la mano de un SS.

¿Recuerdan ustedes esas jornadas maravillosas de 1969? Yo sí, porque soy un veterano y serlo tiene sus grandes ventajas. A veces sentís que la Historia se te entrega en totalidad y la podés ver desde un lado que siempre se te negó, porque, sencillamente, eras joven. Es cierto, estás más cerca de la Parca, estirás la pata en cualquier momento, pero disfrutás de la posibilidad de un saber más añejo, más totalizador. Bien, se acabó el interregno sentimental.

Wernher nos sigue reclamando. Las jornadas de 1969, decía. Fueron así: el mundo entero estaba fascinado por una conquista, no de los norteamericanos, sino del Hombre. Era el Hombre el que había llegado a la Luna. Igual, los yankis clavaron ahí su banderita, alevosamente. Todos miraban la tele. Todos exclamaron extasiados cuando ese Armstrong dio unos saltitos en el suelo ceniciento del planeta de los enamorados. Aquí manejaban la transmisión de TV Mónica Mihanovich, creo que así se llamaba en ese entonces,y el más que agradable Andrés Percivale. De pronto, ¡aparece Nixon! ¡Y se pone a hablar con Armstrong! Increíble: el hombre habla desde la Tierra con el hombre que está en la Luna. Durante esos días, Nixon había ordenado un ataque masivo de sus poderosos bombarderos B52 sobre Vietnam del Norte para terminar de una buena vez con esa maldita guerra que no podían ganar y les arruinaba esta fiesta espacial.

También durante esos días se hace el Cordobazo en la Argentina. Pero es el mundo el que festeja. ¡Hemos llegado a la Luna! Se ha cumplido el sueño de Herbert George Wells, ese visionario. El film de Georges Méliès es realidad. El Hombre, así, con mayúscula, ha escrito una de las páginas fundamentales de su Historia. Todo gracias a Wernher. Que ya sabemos quién había sido. Amigo de Hitler, pudo haberlo llevado a ganar la guerra si disponía de un poco más de tiempo. En ese caso, habría sido el bueno de Adolf quien hablara con algún Armstrong alemán, y bien nazi, sobre la gran hazaña del género humano. ¡Y el nazi era Perón!

Fuente: Jose Pablo Feinmann, Peronismo: Filosofía política de una persistencia argentina, Planeta, 2010.

viernes, 11 de marzo de 2011

La gran impostura: Cámpora y el 11 de marzo de 1973

Quien no debió ser más que un presidente interino en la transición a la democracia, acabó manipulado por los grupos más radicalizados cuyos sucesores fabrican hoy el mito. El testimonio del ministro del Interior de Perón, Benito Llambí, sobre la violenta "primavera" camporista.

La historia está llena de malentendidos y el del papel de Héctor Cámpora en el 11 de marzo de 1973 es uno de ellos.

La fecha, de la que se cumplen 38 años, está asociada a la figura de este odontólogo de San Andrés de Giles porque, ante la proscripción que pesaba sobre el general Juan Domingo Perón, exiliado en Madrid, éste lo eligió para encabezar la fórmula del Frente Justicialista de Liberación que triunfó por 49,5% de los votos en las elecciones presidenciales que pusieron fin a la dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse.

Pero la exageración sobre su protagonismo –a niveles que rozan el ridículo– y la elevación a la categoría de víctima de un despojo –por su posterior renuncia– son imposturas contemporáneas.
El de Cámpora era un poder vicario, resultado de las últimas maniobras montadas por un gobierno de facto saliente que se negaba a aceptar lo inevitable: el regreso de Perón al país y a la Presidencia.

La elección de un candidato sustituto recayó en él por su presumida lealtad. Había sido electo diputado en 1946 y presidió la Cámara entre 1948 y 1952. Fue encarcelado tras el golpe de Estado que derrocó a Perón en septiembre de 1955 y al año siguiente se fugó a Chile, junto con otros dirigentes.

En 1971, Perón lo designó delegado personal. Se acercaba la apertura democrática y la retirada del gobierno de facto.

El entonces presidente, general Alejandro Lanusse, estableció que todos los candidatos presidenciales debían acreditar una residencia en el país anterior al 25 de agosto de 1972 –cláusula arbitraria que tenía un solo destinatario. Perón no tuvo más remedio que designar a un sustituto.

Una personalidad poco carismática y la ausencia de poder propio convertían a Cámpora en el candidato ideal para un mandato delegado en lo que no debía ser más que una transición hacia la definitiva normalización política del país.

Este interinato forzado por la proscripción de Juan Perón intenta ser presentado hoy por ciertos sectores como un período soñado. Una impostura histórica e intelectual que además elude responsabilidades en la frustración de aquella nueva oportunidad democrática para el país. El período camporista, pese a su brevedad, no fue en absoluto inocuo respecto al posterior desarrollo de los acontecimientos.


"Perón no va a volver", dice su delegado

Los rasgos de personalidad que hicieron a Cámpora elegible como suplente de Perón también lo volvieron permeable a la presión de la corriente de izquierda militarista en cuyo núcleo se encontraban las organizaciones armadas, Montoneros y FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), y que desde un primer momento pretendió disputarle al general exiliado la conducción del movimiento.

Mareado por la euforia del triunfo del 11 de marzo, el presidente interino prestó oídos a los cantos de sirena de quienes le sugerían que podía sustituir al fundador del peronismo.
"La primera señal clara que obtuve acerca de que Cámpora había cambiado sus intenciones y meditaba mantenerse en la presidencia –relata Benito Llambí, ministro del Interior de Perón en 1973, en sus Memorias– me la proporcionó él mismo espontáneamente cuando me dijo: 'Usted lo va a ver. (Perón) va a venir, va a estar un tiempo, y luego retornará a España. Y después ya no va a volver'".

En concreto, Cámpora se dejó manipular por los grupos que vieron en su debilidad política y de carácter una oportunidad de "copar" el Gobierno.

Esta intención era reflejo de una distancia creciente entre el discurso de unidad, conciliación y pacificación nacional, que encarnaba el Perón del retorno, y el proyecto sectario, extremista y violento inspirado en el modelo castrista de Cuba, que era el de la guerrilla.

Baste un ejemplo: mientras el jefe del peronismo intentó sumar al principal partido opositor, la Unión Cívica Radical, a su proyecto, ofreciéndole la vicepresidencia a Ricardo Balbín, la organización Montoneros asesinó meses después a otro importante referente radical, Arturo Mor Roig.

Benito Llambí escribe que estos grupos, "si bien contribuyeron (a la caída del régimen militar), luego también contribuyeron a la caída del gobierno constitucional (y) en vez de adaptarse al proyecto general y aceptar los requisitos mínimos de tolerancia y sacrificio que reclamaba la unidad nacional, prefirieron sostener su pretensión de conducir unilateralmente el proceso".


Ezeiza, la otra falsificación

El drama es que esta diferencia se expresó en actos violentos. Durante lo que los panegiristas del Presidente –que no debió ser– llaman "primavera camporista" tuvo lugar el enfrentamiento de Ezeiza, otro episodio que mediante artificio literario se pretende convertir en un complot contra Cámpora, cuando en realidad apuntaba a frustrar el regreso de Perón.

La responsabilidad institucional por la seguridad en la concentración de cientos de miles de argentinos que fueron a buscar al dirigente exiliado a Ezeiza aquel 20 de junio de 1973 le correspondía al gobierno camporista.

La violencia desatada ese día forzó al avión que traía al general a aterrizar en la base aérea de Morón. "De inmediato se le expuso a Perón el problema de Ezeiza –recuerda Llambí–. Sin disimular para nada su fastidio, hizo responsable de toda la situación al ministro del Interior Esteban Righi, a quien retó en términos durísimos delante de todo el mundo".

Ezeiza no fue sino uno más de varios episodios que no presagiaban nada bueno y que se habían iniciado apenas asumió Cámpora.

El periodista Armando Rubén Puente, corresponsal de la Agencia France Presse en Madrid, lo recuerda así: "Las noticias que recibía Perón en Puerta de Hierro desde el 25 de mayo de 1973 lo ponían furioso. No toleraba ni el clima de violencia que se generaba en el país por parte de la Juventud Peronista ni la cobertura que le otorgaba el nuevo presidente argentino. Las ocupaciones de edificios públicos, la violencia de las agrupaciones guerrilleras contra sindicalistas, militares y policías, o el clima revolucionario en las universidades no formaban parte de la restauración de la democracia que pretendía el General".

Llambí, por su parte, relata: "Los pasos dados por el doctor Righi, en las horas subsiguientes al cambio de gobierno, indicaron lo que se estaba preparando. Desafío y provocaciones a las fuerzas de seguridad, situaciones de escándalo en el servicio penitenciario, a raíz de las libertades determinadas por la amnistía decretada por el gobierno, virtual ocupación de la Casa Rosada por jóvenes de la Tendencia, sólo podían llevarme a una conclusión: recuperar el curso de acción en el que veníamos no iba a ser fácil".

Cabe recordar que las organizaciones armadas no esperaron a que el Congreso se reuniera. Tomaron las cárceles hasta forzar al gobierno camporista a liberar a los presos políticos mediante un decreto. Muchos de los cuadros guerrilleros que dejaron entonces la prisión volvieron de inmediato a la lucha armada.


"Cosas de muchachos"

Benito Llambí estuvo a cargo del protocolo de los actos de traspaso de mando. Para él, "el 25 de mayo de 1973, que debió haber sido una fecha de alegría y alivio para el pueblo argentino, terminó siendo una jornada funesta y llena de malos presagios, (...) alterada por innumerables hechos de provocación y violencia".

Un ejemplo –anticipo de los escraches hoy de moda– fue que el presidente uruguayo Juan Bordaberry estuvo a punto de volver a Montevideo sin asistir al acto tras ser insultado y agredido por un grupo de manifestantes.

Se trataba del mandatario electo de la nación vecina y que la llamada "bordaberrización" uruguaya no había tenido lugar aún. El ataque estaba motivado por la solidaridad con los jefes de la organización guerrillera Tupamaros detenidos poco antes en la República Oriental. Cámpora le restó importancia al incidente: "Son cosas de muchachos... En unos días se reordena todo".

No fue así, lamentablemente. La guerrilla no depuso las armas, pese a la abrumadora legitimidad con la cual Perón asumió la presidencia poco después, demostrando encontrarse en las antípodas del espíritu de reconciliación nacional del cual éste había regresado imbuido.

Montoneros ejecutó su venganza asesinando al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, a días del triunfo electoral de Juan Domingo Perón.

El líder sindical había sido el primero en manifestar públicamente que la voluntad de los trabajadores era ver al General en la presidencia. El 13 de julio, organizó un multitudinario desfile de trabajadores a la residencia de Perón en Gaspar Campos.

Horas después, Héctor Cámpora presentaba su renuncia. Al producirse el golpe que derrocó a Isabel Perón, tuvo que exiliarse en México –previa estadía en la embajada de ese país en Buenos Aires–, donde falleció en diciembre de 1980.

Lamentablemente, como los hechos posteriores lo demuestran, las tendencias negativas desatadas durante su breve interinato no pudieron luego ser desmontadas.

La consigna 'Cámpora al gobierno, Perón al poder' no había sido una trampa, sino la herramienta para eludir un veto.

Nadie se llamó a engaño entonces. Sólo por deshonestidad intelectual se intenta hoy atribuirle al personaje una "legitimidad" de la cual carecía. Los peronistas habían hecho un ensayo previo cuando en 1958 votaron a Arturo Frondizi por mandato de Perón, estando proscripto en esa ocasión todo el Partido Justicialista. En 1973, todos entendieron el sentido de la candidatura del ignoto Cámpora. Fue votado masivamente porque era la cara legal de Perón.

Fuente: infobae.com

jueves, 10 de marzo de 2011

"En Ezeiza, Perón sabía que lo querían matar"

El escritor Juan Bautista "Tata" Yofre detalló por Radio 10 cómo fueron los últimos días del gobierno de Héctor J. Cámpora, que duró 49 días. Afirmó que el día de su vuelta, sectores de izquierda querían asesinar al General. Mañana se cumplen 38 años del triunfo "camporista" en las elecciones presidenciales de 1973.


Tal vez sea uno de los hechos que más polémica generó dentro del movimiento peronista. La presidencia de Héctor José Cámpora, de quien mañana se cumplen 38 años del triunfo en las elecciones presidenciales de 1973, marcó un punto de inflexión entre los distintos sectores que pugnaban por el poder en la década del ´70 dentro del peronismo.Juan Bautista "Tata" Yofré, autor del libro "El escarmiento", en donde cuenta el último año de vida de Perón luego de su vuelta de España, y en el que afirma que el General sabía que sectores ligados a la izquierda dentro del Peronismo querían asesinarlo cuando llegara a Argentina, dio detalles de aquellos días de gobierno "camporista".

"Perón advierte que el país era un caos. Lo van a buscar a Madrid, y ahí a Cámpora lo maltrata. Perón vuelve el 20 de junio del 73, donde se cometen los enfrentamientos de Ezeiza. Y ya antes Perón sabía que lo querían matar, que "Montoneros" quería atacarlo. Incluso varios le advierten que las balas que se dispararon ese día también estaban dirigidas hacia él", afirmó Yofré en diálogo con Marcelo Longobardi, en el programa Cada Mañana de Radio 10. "Al día siguiente se va a la casa de Gaspar Campos sin avisarle a Cámpora, que al enterarse también se va para allá. Ahí Cámpora recibe una de las mayores humillaciones de su vida, porque Perón le reprocha duramentre una serie de cosas que habían ocurrido en el último tiempo", continuó.

El escritor afirmó que Perón estaba muy disgustado con los hechos que habían sucedido durante el gobierno de Cámpora, que había indultado a quienes habían sido detenidos por cometer ataques políticos durante los años anteriores, y que formaban parte de los grupos armados de izquierda.

"El 21 de junio pronuncia su famoso discurso y le advierte a la izquierda que no intenten infiltrarse en el movimiento. El 25 de junio se encuentra con Balbín en la oficina del bloque radical en el Congreso, donde Perón le muestra su enojo con lo que estaba pasando. El 26 sufre un pequeño ataque cardíaco, que le hace demorar unos días la decisión de sacar a Cámpora del poder", dijo Yofré.

"Cámpora ya tenía decidio abandonar el gobierno, pero esa decisión se acelera luego de que Calabró, desde Corrientes, declara que no tiene sentido que estando Perón en el país Cámpora sea el Presidente. Por eso el 13 de julio decide renunciar y asume la presidencia provisional Lastiri", concluyó Yofré.

lunes, 28 de febrero de 2011

Cooke quería la revolución peronista para imponersela a Perón

Mi novela La astucia de la razón plantea este tema en un diálogo ficcional que trama entre René Rufino Salamanca, el líder obrero de los mecánicos cordobeses, y John William Cooke. Voy a vulgarizar un poco la novela transcribiendo sólo los diálogos.

Estos diálogos, en ella, se mezclan con bloques narrativos, algo que los torna complejos en su lectura. Ahorrémonos eso aquí. Cooke había ido a Córdoba para dar una conferencia sobre el fallido regreso de Perón de 1964, abortado por la Cancillería del gobierno de Arturo Humberto Illia y todo el país gorila. Ahora, Cooke y Salamanca están en la calle 27 de Abril, en la casa de los mecánicos, y ahí tienen un diálogo trascendente. Salamanca dice a Cooke:

“–Mirá, Gordo, el problema es éste: los obreros son peronistas, pero el peronismo no es obrero.

Cooke responde:

–Si el peronismo fuera obrero como los obreros son peronistas, la revolución la haríamos mañana mismo.

–Y sí, claro –dice Salamanca–. Tenemos que conducir a la clase obrera al encuentro con su propia ideología. Que no es el peronismo.

–Estás equivocado –dice Cooke–. Eso es ponerse afuera de los obreros. Eso es hacer vanguardismo ideológico, Salamanca. Recordá el brillante consejo de Lenín: hay que partir del estado de conciencia de las masas. ¿Está claro, no? La identidad política de los obreros argentinos es el peronismo. No estar ahí, es estar afuera.

Salamanca, muy firme, dice: –Bueno, compañero. Entonces nosotros estamos afuera. Afuera del peronismo y sobre todo afuera de la conducción de Perón.

Cooke, irónico, sonríe. Se siente seguro. Sabe que tiene algo sorpresivo para decirle a Salamanca (y probablemente a todos nosotros). Antes, lo agrede un poco. Siempre con estima, con respeto, pero no deja de decirle lo que duele de los tipos como Salamanca, de la izquierda obrera argentina. De los cordobeses combativos.

–No hay caso entre ustedes y Perón, ¿eh? Cómo les jode, che. “Bonapartista.” “Nacionalista burgués.” A veces, “fascista”. Pero esto, menos. Se lo dejan a la derecha. Pero todo lo que le dicen, también “populista” y algo más que seguramente olvido, son distintas formas de decir lo mismo, Salamanca. Que Perón no representa los verdaderos intereses de la clase obrera. Que la clase obrera argentina tiene un líder y una ideología burgueses. Bueno, mirá, escuchame bien. –Y aquí dijo su frase sorpresiva. La frase más inesperada de la noche. Ahí, en la calle 27 de Abril, la calle de los mecánicos.

Dijo Cooke:

-Yo me cago en Perón.

Salamanca responde:

–Nosotros también nos cagamos en Perón. Parece que estamos más de acuerdo de lo que creíamos.

–No –dice Cooke–, no estamos de acuerdo. Porque ustedes se cagan en Perón de una manera y yo y los peronistas como yo de otra. Porque, para ustedes, compañero, cagarse en Perón es quedarse afuera. Afuera de Perón y de la identidad política del proletariado. Mientras que para nosotros, cagarnos en Perón es rechazar la obsecuencia y la adulonería de los burócratas del peronismo. Es reconocer el liderazgo de Perón, pero no someternos mansamente a su condición estratégica. Para nosotros, Salamanca, para mí y para los peronistas como yo, para los peronistas revolucionarios, cagarnos en Perón es creer y saber que el peronismo es más que Perón. Que Perón es el líder de los trabajadores argentinos, pero que nosotros, los militantes de la izquierda peronista, tenemos que hacer del peronismo un movimiento revolucionario. De extrema izquierda. Y tenemos que hacerlo le guste o no a Perón. Porque si lo hacemos, compañero, a Perón le va a gustar. Porque Perón es un estratega y un estratega trabaja con la realidad. Una realidad que, más allá de sus convicciones que son muy difíciles de conocer, Perón va a tener que aceptar. Porque Perón, Salamanca, ya no se pertenece. Quiero decir: lo que no le pertenece es el sentido polítíco último que tiene en nuestra historia. Porque Perón va a tener que aceptar lo que realmente es, lo que el pueblo hizo de él: el líder de la revolución nacional y social en la Argentina. Ésa es, entonces, compañero, en suma, mi manera de cagarme en Perón.”

Fragmento de “Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina” de José Pablo Feinmann. Clase 10: "Conducción política y economía".

martes, 22 de febrero de 2011

Ultimo programa "A mi me la vas a contar?" del gran Discepolín


"Bueno, mirá, lo digo de una vez. Yo no lo inventé a Perón. Te lo digo de una vez, así termino con esta pulseada de buena voluntad que estoy llevando a cabo en un afán mío de liberarte un poco de tanto macaneo. La verdad: yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón, la milagrosa. Ellos nacieron como una reacción a los malos gobiernos. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón ni a su doctrina. Los trajo, en su defensa, un pueblo a quien vos y los tuyos habían enterrado de un largo camino de miseria.

Nacieron de vos, por vos y para vos. Esa es la verdad. Porque yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón. Los trajo esta lucha salvaje de gobernar creando, los trajo la ausencia total de leyes sociales que estuvieran en consonancia con la época. Los trajo tu tremendo desprecio por la clases pobres a las que masacraste, desde Santa Cruz hasta lo de Vasena, porque pedía un mínimo respeto a su dignidad de hombres y un salario que los permitiera salvar a los suyos del hambre. Sí, del hambre y de la terrible promiscuidad de sus viviendas en las que tenían que hacinar lo mismo sus ansias que su asco. No. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. ¡Vos los creaste! Con tu intolerancia. Con tu crueldad. Con la misma crueldad aquella del candidato a presidente que mataba peones en su ingenio porque le pisaban un poco fuerte las piedritas del camino a la hora de la siesta.

Sí, yo sé que te fastidia que te lo recuerde. Es claro, pero vamos a terminarla de una vez. Porque yo no lo inventó a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que presidía el país. Porque a fuerza de hacer un estilo de tanto desmán, terminó por parecerte correcto lo más infame. Claro, a vos no te alcanzaba esa injusticia. Tendrías, como un señor que yo conocía y que iba todos los meses a cobrarlo, una puesto de ama de cría para cubrir sus gastos, que se lo pagaban oficialmente, y un sueldo para salir con el Klan. Yo me acuerdo del Klan. Y vos también. Aquella mafia siniestra que salía sólo para aterrorizar gente y mataba una vez a gomazos, otra vez a tiros y a veces con el camión para hacerlo más divertido. No, si la memoria fastidia. Pero yo no lo inventó a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la estulticia que manejaba el país. Mirá, si vos hubieras estado en la Semana Trágica como yo y como tantos, en Cochabamba y Barcala, y hubieras visto morir primero a aquellos cinco, fuego a cientos y hubieras visto masacrar judíos por una "gioriosa" institución que nos llenó de vergüenza, no hubieras formado nunca más parte de ese partido que integrás por amor propio y quizá por ignorancia de tantos hechos delictuosos que son los que empezaron a preparar la llegada de Perón y Eva Perón. En un país milagroso de rico, arriba y abajo del suelo, la gente muerta de hambre. Los maestros sirviendo de burla en lugar de hacer llorar porque estaban sin cobrar un año entero. ¡No! ¡Y todo vendido! ¡Y todo entregado! Yo sé que te da rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece también pensar que no lo querés oír. El otro día, en un discurso oí que decías refiriéndote a un gobierno de 1918: "Ya por ese entonces los obreros gozaban..." ¿De qué gozaban? ¡Los gozaban!, que no es lo mismo. Y, sí, Mordisquito, ¡los gozaban!

La nuestra es una historia de civismo llena de desilusiones. Cualquiera fuese el color político que nos gobernó, siempre la vimos negra. Aspiramos a gozar y al final nos gozaron. ¡Todos! ¡Siempre! Una curiosa adoración, la que vos sentís por los pajarones, hizo que el país retrocediese cien años. Porque vos tenés la mística de los pajarones y practicás su culto como una religión. Cuanto más pajarón él, más torpe y más crédulo vos. Te gusta oír hablar a la gente que no le entendés nada, la que te habla claro te parece vulgar. Yo también entré como vos y, ¿por qué no confesarlo?, me sentía más conmovido frente a un pajarón que frente a un hombre de talento. El pajarón tiene presencia, tiene historia larga, la que casi siempre empieza con un tatarabuelo que era pirata. Yo también me sentía dominado por los pajarones cuando era chico. Ahora ¡No! Cuando era chico, sí. ¡Pero no ahora Mordisquito! Salvate de los pajarones. El fracaso -por no decir la infamia- de los pajarones fue lo que trajo como una defensa a Perón y Eva Perón. Pero no fui yo quien los inventó. A Perón lo trajo el fraude, la injusticia y el dolor de un pueblo que ahogaba de harina blanca y una vez tuvo que inventar un pan radical de harina negra para no morirse de hambre. Tampoco te lo acordabas. ¡Ay, Mordisquito, que desmemoriado te vuelve el amor propio!

Te dejo. Con tu conciencia. ¡Perón es tuyo! ¡Vos lo trajiste! ¡Y a Eva Perón también! Por tu inconducta. A mí lo único que me resta es agradecerte el bien enorme que sin querer le hiciste al país. Gracias te doy por él y por ella, por la Patria que los esperaba para iniciar su verdadera marcha hacia el porvenir que se merece. ¡A mi ya no me la podés contar, Mordisquito! Hasta otra vez, sí. Hasta otra vez."


Enrique Santos Discepolo, año 1951.

viernes, 11 de febrero de 2011

Nunca menos

Músicos como Horacio Fontova, legisladores como Eric Calcagno y Ariel Pasini, actores de la talla de Gustavo Garzón y Lito Cruz, entre 120 voces, grabaron un video con una canción homenaje a Néstor Kirchner.

La canción homenaje al ex presidente, "Nunca Menos" de Horacio Bouchoux, consiguió en poco tiempo la adhesión de artistas como Guillermo Fernández a quien los organizadores fueron a grabar a Mar del Plata, según contó a Télam Víctor Testani durante un alto del registro en el Centro Cultural Homero Manzi, un bastión murguero.

"Estamos muy contentos, podemos decir que el video se está haciendo solo porque todo el mundo se fue sumando y por eso decimos que tenemos unas 120 voces", agregó "Hoy pasaron por el lugar, el senador Calcagno, el Negro Fontova y el militante de la Martín Fierro, Quito Aragón que se suman a las voces de integrantes de las agrupaciones kirchneristas Descamisados, Negros de Mierda y la murga La Gloriosa de Boedo".

También participaban la sobreviviente de la noche de los Lápices Emilce Moler de Mar del Plata, los artistas Luis "Titite" Longhi que toca el bandoneón, Alejandro Sanz y el cubano Rafael de La Torre.

Los derechos de autor y reproducción de la canción serán donados "íntegramente" a espacios culturales y juveniles del kirchnerismo, porque no hay ánimo de lucro entre los organizadores.

Con una producción "a pulmón" ya fueron grabados, además de artistas y políticos más de 80 militantes cantando el coro final murguero en La Plata, Mar del Plata y Buenos Aires.





Lágrimás que riegan todo el suelo en primavera
de tu mañana azul que llora y rie
nombre que se talla para siempre en la madera
de los que sin estar están y viven.

Voces que te nombran y se aferran al color
de esa insolencia alegre que inventaste
ríos muchedumbres de un subsuelo que volvió
para quedarse acá, para quedarse

¿Será verdad que te fuiste con la historia
o será que aún no despertamos
y que con una antorcha nueva en cada mano
vas a volver cubriéndonos de gloria?

Nada más al sur de esa indómita armadura
hecha de ayeres, blindada de ausencias
mágica de amores y de sueños que perduran
sin arrumbarse en ninguna puerta

Todas esas risas que viniste a restaurar
desde un recóndito rincón dormido
hoy cubren las paredes que no pueden derrumbar
los que sin luz ni sol están perdidos

¿Será verdad que te fuiste con la historia
o será que aún no despertamos
y que con una antorcha nueva en cada mano
vas a volver cubriéndonos de gloria?

Y esos mil jirones que dejaste en el camino
serán retazos si, de una bandera
marcas imborrables en el cuerpo que elegimos
llevar hasta el final y nunca menos

Nunca menos que ese fuego en la mirada
que las voces acalladas retomando la canción
Nunca menos que tu nombre en las banderas
que tu plaza siempre llena de esperanza y de pasión

Nunca menos que pañuelos en tu casa
Nunca menos que justicia sin perdón
Nunca menos que el paisaje repetido
de este sur tan aguerrido y diciendo al fin que no
Nunca menos que esas risas desdentadas
aguantando la parada que supieron conquistar
Nunca menos que un enjambre de morochos
arruinandoles la foto a los que no vuelven más
Nunca menos que los pibes en el centro
Nunca menos que vivir con dignidad
Nunca menos que la Patria que soñamos
Nunca menos
Ni un paso atrás.
Letra y música: Horacio Bouchoux. Centro Cultural Héctor Oesterheld.

¿A mí me la vas a contar? Discépolo por radio

Penúltima charla del ciclo que originalmente se llamára "Pienso y digo lo que pienso" y que Enrique Santos Discépolo rebautizára "¿A mí me la vas a contar?". En realidad estas últimas dos charlas fueron agregadas luego de finalizado el ciclo. Este ciclo fue originalmente un espacio de adhesión de figuras públicas a la obra de gobierno de Perón. Pero a partir de la incorporación de Discépolo se transformó en algo más significativo. Las charlas anteriores, cuyos audios fueron debidamente destruídos tras la caída del gobierno de Perón, son piezas discepolianas fantásticas. Estas dos últimas charlas presentan a un Discépolo más cansado, un Discépolo que ha sufrido ataques y agravios de todo tipo y que muy probablemente ya ha comenzado el proceso que lo llevará a la muerte en diciembre de ese mismo año.

viernes, 29 de octubre de 2010

Homenajes y último adiós a Néstor Kirchner



El ex Presidente de la Nación falleció el 27 de octubre de 2010 a las 9:15 hs. en El Calafate, por un paro cardiorrespiratorio. Era Diputado Nacional, Secretario General de UNASUR, y Presidente del Partido Justicilista. El país entró en un profundo estado de shock, conmoción y angustia.

Homenaje:


El último adiós: Más de 170 mil personas ingresaron a su velorio en Casa Rosada en las primeras diez horas.



Cientos de miles de personas asistieron a la despedida del ex presidente Néstor Kirchner, en la casa de Gobierno. Bajo la lluvia, la gente siguió llegando a la Plaza de Mayo para brindar su apoyo a la Presidenta Cristina Fernández y acompañar el cortejo que llevará al ex primer mandatario hasta el Aeroparque, desde donde partió hacía su morada final, en Río Gallegos.



Una multitud despidió los restos del ex presidente Néstor Kirchner, a lo largo del recorrido del cortejo fúnebre, entre la Casa de Gobierno y el aeroparque Jorge Newbery, desde donde será trasladado a Santa Cruz.
El cortejo partió desde la explanada de la Casa de Gobierno a las 13:15, precediendo la caravana el automóvil que condujo a la presidenta Cristina Fernández quién, en todo el trayecto, recibió constantes muestras de afecto, aplausos y vivas.



"Quisiera que me recuerden": Poema de Joaquín Enrique Areta, correntido, secuestrado y desaparecido en Villa Martelli, provincia de Buenos Aires, cuando tenía 23 años. Néstor Kirchner leyó el poema cuando era Presidente, en la presentación de la obra Palabra Viva (recopilación de testimonios de desaparecidos) en la Feria del Libro de 2005.



La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner agradece a los argentinos por Cadena Nacional:

lunes, 18 de octubre de 2010

La gente venía del sur

El 17 de octubre de 1945 - Testimonio de un obrero

A principios de octubre, durante el gobierno de Edelmiro J. Farrell, Perón fue obligado a renunciar a todos los cargos públicos que ocupaba con el objetivo de desarticular su programa político. Fue detenido y trasladado a la isla Martín García. El Comité Central Confederal de la CGT declaró una huelga general a partir de la hora cero del 18 de octubre “como medida defensiva de las conquistas sociales amenazadas por la reacción de la oligarquía y el capitalismo”. La iniciativa sindical fue, sin embargo, desbordada por las bases, y desde la tarde del 16 de octubre los obreros empezaron a dejar sus lugares de trabajo. El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores provenientes principalmente del cordón industrial del Gran Buenos Aires se acercaron a Plaza de Mayo reclamando la presencia de Perón. El gobierno debió finalmente ceder a la presión popular y el general fue trasladado a la capital. Por la noche, Perón pudo estrenar su saludo con los brazos en alto.

Relato testimonial de Sebastián Borro, un obrero que participó de la jornada aquel 17 de octubre, aparecido en La Opinión Cultural el 15 de octubre de 1972.

El 17 de octubre de 1945 me encuentra cumpliendo tareas en un establecimiento metalúrgico ubicado en Constitución, sobre las calles Luis Sáenz Peña y Pedro Echagüe. Yo tenía entonces 24 años de edad. Mi oficio era oficial tornero mecánico… En la mañana del 17 de octubre, aproximadamente a las 9, grupos de personas venían desde Avellaneda y Lanús avanzando hacia el centro de la ciudad. Pasaron por la calle Sáenz Peña, observaron que había un taller mecánico (donde trabajaban 130 personas) se acercaron a nosotros y nos dijeron: “Muchachos hay que parar el taller, hay que salir a la calle a rescatar a Perón”.

Las noticias que teníamos en ese momento eran que Perón estaba detenido y que todo lo que se hacía era para rescatarlo. Efectivamente, el taller paró y la gente salió a la calle. Algunos fueron a sus casas. Pero la gran mayoría siguió con los compañeros que venían del sur. Fuimos caminando hacia Plaza de Mayo y habremos llegado aproximadamente a las once y media, porque en el camino íbamos parando los diversos establecimientos de la industria metalúrgica y maderera que había por Constitución.

A esa hora no había tanta gente como la que hubo por la tarde, que cubrió toda la Plaza. En la marcha hacia allí se pintaban sobre los coches, con cal, leyendas como “Queremos a Perón”. También sobre los tranvías. La gente se paraba y reaccionaba a favor de la manifestación que iba a Plaza de Mayo para tratar de cumplir con la idea que tenían los que habían organizado eso. Perón había aplicado leyes nuevas y otras las había ampliado: pago doble por indemnización, preaviso, pago de las ausencias por enfermedad. Eran cosas que antes no se cumplían; hasta ese momento, donde yo trabajaba, no se cumplía ninguna de esas leyes. Le voy a decir más: creo que pocos días antes de su detención, Perón había conseguido un decreto por el que se debían pagar al trabajador los días festivos: 1º de mayo, 12 de octubre, 9 de julio, etcétera. Recuerdo que uno de los patrones nos dijo entonces: vayan a cobrarle a Perón el 12 de octubre (ya estaba detenido). Después del 17 de octubre cobramos ése y muchos días más.

Eran tan reaccionarios los patrones (me aparto un poco del 17 de octubre) que en enero de 1946, estando el capitán Russo en la Secretaría de Trabajo, la empresa en la que yo trabajaba fue citada tres veces. No se había presentado. Tuvo que ser intimado por la fuerza pública a concurrir a la Secretaría de Trabajo, donde algunos de nosotros éramos representantes del personal; no elegidos, porque no había organización gremial, sino porque éramos los más decididos. Uno de los patrones dijo que no tenía tiempo para pagar aguinaldo, vacaciones, a última hora. Le contestaron que la ley 11.729 fue aprobada en 1932. Y que todas las cuentas que no se habían hecho desde entonces habría que hacerlas ahora. Efectivamente, el 1º de febrero de ese año cobramos aguinaldo, pagos por enfermedad y tuvieron vacaciones los que quisieron tomárselas.

Siguiendo con el 17, llegamos a la Plaza; cada vez se hacía más entusiasta; había alegría, fervor. Frente a la Casa Rosada empezaron a armar los altavoces. Hablaron distintas personas, el coronel Mercante, Colom, que fue uno de los últimos oradores. Trataban de ir calmando a la gente: por cada intervención de los oradores, la reacción era más fervorosa a favor de Perón. Se decía que venían trabajadores del interior del país. No lo puedo probar. Recuerdo, sí, que era una tarde muy calurosa y la gente se descalzaba y ponía los pies en las fuentes, muchos por haber caminado tanto. Concretamente lo que yo presencié era la gente que venía del sur. Berisso, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora. A medida que crecía la cantidad, en la Plaza de Mayo aparecían los carteles. Por primera vez yo observaba algo igual: nunca había visto una asamblea tan extraordinaria. Cuando el coronel Perón apareció en los balcones sentí temblar a la Plaza. Fue un griterío extraordinario que nos emocionó de tal manera. Todo parecía venirse abajo.

Unos días antes se decía que Perón estaba gravemente enfermo. Por los parlantes se había anunciado que el coronel Perón se encontraba bien de salud y que estaba en el Hospital Militar. En un momento, Colom dijo, más o menos: “Quédense que vamos a traer a Perón”. Mucha gente gritaba por Perón –quizá por primera vez- sin tener todavía conciencia clara de su actividad. Porque, además, la gran prensa trataba de desvirtuar la figura de Perón. La gente se enteraba a través de los delegados o los activistas pero no por la prensa, que casi en su totalidad estaba en contra. Aunque él había hablado en distintas oportunidades desde la Secretaría de Trabajo. Y se había hecho carne que era un auténtico defensor de los derechos del trabajador.

Nos causó mucho dolor saber que lo habían detenido pero –en lo que respecta a mí y un grupo de compañeros- sinceramente nos considerábamos impotentes, porque recién estábamos despertando, después de muchos años, en el país. Para otros –quizá- con anterioridad, pero a partir de ese 17 de octubre despierta la conciencia para nosotros. Se hace carne que al pueblo tiene que respetársele como tal, cosa que Perón proclamaba diariamente. De ahí que, si bien nos sentíamos impotentes, podíamos hacer algo: sacar a Perón de las garras de la oligarquía y colocarlo en el lugar que correspondía para que sea permanente una auténtica justicia. Es decir, ese idealismo que teníamos nunca lo habíamos vivido en el país. No creí que iba a haber tanta gente en la Plaza; lo que sí pensaba era que el agradecimiento del pueblo a Perón tenía que ser auténtico. Pero yo no conocía la reacción de la gente, hasta que la viví.

La Opinión Cultural, 15 de octubre de 1972