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sábado, 4 de junio de 2011

Eva

Calle Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".

Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte más muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lagrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.

Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?

II
No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.

María Elena Walsh

martes, 7 de septiembre de 2010

Se sanciona favorablemente en la Argentina la Ley del Voto Femenino

Durante el primer gobierno de Perón se produjo un cambio histórico en lo que respecta al reconocimiento de los derechos de la mujer. Se incorporaron al máximo texto jurídico los nuevos derechos sociales como también el voto femenino, que había sido aprobado en 1947, y que reivindicaba a la mujer hasta entonces marginada de la vida política argentina.

En 1947, se sancionó la ley reconociendo a todas las mujeres mayores de 18 años el derecho a votar y ser votadas (sufragio femenino), existiendo recién entonces sufragio universal en la Argentina. El derecho ya había sido reconocido en San Juan por la reforma constitucional de 1927. A nivel nacional, el derecho al voto venía siendo reclamado por las mujeres desde 1907, cuando Alicia Moreau y otras mujeres fundaron el Comité Pro Sufragio Femenino. Sin embargo ni la Unión Cívica Radical ni los conservadores apoyaron institucionalmente el reclamo y los proyectos presentados fueron sistemáticamente rechazados.

Sin embargo las resistencias al sufragio femenino no estaban ausentes tampoco en el peronismo. En ese sentido Eva Perón jugó un papel importante. Luego del 17 de octubre de 1945, a propuesta de Evita, Perón desde su cargo de Vicepresidente, intentó sancionar la ley del voto femenino. Sin embargo las resistencias tanto dentro de las Fuerzas Armadas en el gobierno, como de la oposición, que alegaba intenciones electoralistas, frustraron el intento.También influyó el hecho de que la influencia de Evita dentro del peronismo era relativamente débil antes del 24 de febrero de 1946.

Luego de las elecciones de 1946, Evita comenzó a hacer abierta campaña por el voto femenino, a través de mítines de mujeres y discursos radiales, al mismo tiempo que su influencia dentro del peronismo crecía. El proyecto de ley fue presentado inmediatamente después de asumido el gobierno constitucional ,el 1ro de mayo de 1946. A pesar de que era un texto brevísimo en tres artículos, que prácticamente no podía dar lugar a discusiones, el Senado recién dio media sanción al proyecto el 21 de agosto de 1946, y hubo que esperar más de un año para que la Cámara de Diputados sancionara el 9 de septiembre de 1947 la Ley 13.010, estableciendo la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres.

Juan Diego Carbone.

viernes, 30 de julio de 2010

Eva Perón fue declarada "mujer del Bicentenario"

A 58 años de la desaparición física de Eva Duarte de Perón, la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner la declaró mujer del Bicentenario:

Recordando a Evita

"¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires.

La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente.

Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actríz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar.

La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia.

Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina.

Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo. Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra. Muerta Evita, el presidente Perón es un cuchillo sin filo."

Eduardo Galeano

domingo, 18 de julio de 2010

Olvidarte no podrán




Te pueden amar,
te pueden odiar,
te pueden llevar en el alma.

Se puede contar una historia irreal
pero olvidarte no podrán.

Te pueden herir
y glorificar,
te pueden creer una Santa.
Hablar de dolor,
de un amor sin piedad,
pero olvidarte no podrán.

Si dejaste el corazón en este suelo
y creíste en tu batalla día a día,
cuántos que te extrañan
y esperan todavía
si aquí dejaste tu vida.

Se abren los balcones,
vuelan ruiseñores,
y algo se agiganta
cuando un pueblo canta
con el corazón.

Frágil como un hada,
furia despiadada,
como un lobo herido,
casi en un suspiro
hablaste de amor.

Quién puede contar
la historia real,
quien puede saber
de tus penas.
Tal vez comprender
cómo fue una mujer
que fue bandera alguna vez.

Patricia Sosa.

jueves, 24 de diciembre de 2009

La nochebuena nos reúne en el hogar inmenso de la Patria

Esta noche hacemos una tregua de amor en el camino de nuestras luchas y de nuestros afanes; y sólo pensamos en las cosas buenas y bellas que nos ha regalado la vida en el año que se acaba. Hundiéndose ya como un cometa en el horizonte de la eternidad, dejándonos una estela de recuerdos en el alma. Por eso estas palabras mías se atreven a romper el bullicio o el silencio de la noche, se animan a llegar con su mensaje al corazón de todos los hogares que quieren recibirlas con cariño.

Esta noche también sentimos que empieza ya a morir el año que termina. Por eso nos gusta rememorar las alegrías y las penas que nos trajo sobre el hombro de sus días y de sus semanas, y hasta los dolores ya sobrepasados nos parecen esta noche menos amargos. Acaso, precisamente, porque ya son recuerdos. Yo se que dentro de muchos años, cuando en esta misma noche los argentinos se dejen acariciar por el recuerdo y retornen sobre sus alas al pasado, llegarán a estos años de nuestra vida y dirán melancólicamente: entonces éramos más felices.

Primero la Justicia, que es algo así como el pedestal para el amor. No puede haber amor donde hay explotadores y explotados. No puede haber amor donde hay oligarquías dominantes llenas de privilegios y pueblos desposeídos y miserables. Porque nunca los explotadores pudieron ser ni sentirse hermanos de sus explotados y ninguna oligarquía pudo darse con ningún pueblo el abrazo sincero de la fraternidad. El día del amor y de la paz llegará cuando la Justicia barra de la faz de la tierra a la raza de los explotadores y de los privilegiados, y se cumplan inexorablemente los ideales del Justicialismo Peronista: Que haya una sola clase de hombres, los que trabajan. Que sean todos para uno y uno para todos. Que no exista ningún otro privilegio que el de los niños. Que nadie se sienta más de lo que es ni menos de los que puede ser. Que los gobiernos de las naciones hagan lo que los pueblos quieran. Que cada día los hombres sean menos pobres. Que todos seamos artífices del destino común.

Seguiré a su lado con todos ustedes, mis amigos descamisados, mis compañeros trabajadores; con todos los que se sientan peronistas de corazón. Seguiré a su lado como la simple y humilde mujer que renunció a todos los honores, porque le gustaba más que su pueblo la llamase cariñosamente: Evita.

Mi brindis es para mi Pueblo, para todos ustedes; y no puedo expresarlo de otra manera que deseándoles sencillamente que sean muy felices, cada vez más felices.

Eva Perón - Mensaje de Navidad

sábado, 24 de octubre de 2009

Esa mujer

El 17 de mayo de 1919 nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, una niña que llamaron Eva María Ibarguren, denominación que ha suscitado el comentario maligno de una escritora por anteponer el nombre de una pecadora al nombre de la virgen. Era la quinta hija de doña Juana Ibarguren y su concubino, Juan Duarte (padre). Familiarmente, la apodarían Chola y pasaría a la posteridad como una de las mujeres más importantes del mundo durante el siglo XX con el nombre de Eva Perón, aunque en el rincón más cálido de las emociones populares en la Argentina sería, como ella quiso, simplemente Evita.

Desde su nacimiento, cargaba esta criatura con tres humillaciones: ser hija extramatrimonial, no reconocida por su padre (que, en cambio, había reconocido a sus cuatro hermanos), ser mujer, grave delito para aquella sociedad machista para la cual sólo debería servir para la cocina y la cama, y ser pobre, receptora, un 6 de enero, cuando tenía 7 años, de una muñeca con una pierna rota que era lo único que habían podido regalarle unos Reyes Magos demasiado menesterosos.

Probablemente de estas humillaciones brotó su rebeldía y su confraternidad con todos los desamparados de su tierra, marginados de las instituciones, expoliados por los poderosos, víctimas también de la discriminación por género. Trasladada con su familia a Junín, a los once años, se ahoga en el ámbito aletargado de la ciudad pueblerina, abrumado de prejuicios y rutinas, con la misa dominguera y la caminata alrededor de la plaza en los atardeceres. Allí recita en el escenario de la escuela para las fiestas patrias mientras remonta sueños, proyectos, triunfos en el mundo del espectáculo, hasta que a los quince años se lanza a la aventura de la Buenos Aires pletórica de músicas y luces de neón donde –está segura– habrá de alcanzar el éxito y dejará de ser la Chola para ser Eva Duarte en las carteleras de teatros y cinematógrafos.

Llegan entonces los años difíciles para abrirse camino en el campo minado de los productores, directores, representantes artísticos y periodistas, hasta llegar a la tapa consagratoria de la revista Antena (1939). Según algunos comentaristas, “mala en la cinematografía, era mediocre en el teatro y alcanzaba lo mejor de sí misma en la radiofonía”. Pero, a través de esas diversas vicisitudes mantiene una consecuencia: “Tengo en el corazón un sentimiento fundamental: mi indignación contra la injusticia”.

En 1943, antes de conocer a Juan Domingo Perón, ya interviene en la creación de un gremio: la Asociación Radial Argentina, de la cual es presidenta poco después. (Este suceso será sugestivamente olvidado en la lucha política pues le imputarán a Perón hacer pareja con una actriz –o cosas peores–, en vez de admitir que se une sentimentalmente con una gremialista).

Como es sabido, un día de enero de 1944, en el festival del Luna Park para recaudar fondos para las víctimas del terremoto de San Juan, lo conoce al Coronel y esto marca un hito fundamental en su vida. Su rebeldía, su indignación contra la injusticia, inclusive su difusa vocación por una sociedad igualitaria aprendida de un novio anarquista de adolescencia, encuentra ahora cauce escuchando los proyectos que él le confía en una Munich de la Costanera, con el río por telón de fondo. No participa en el 17 de octubre –como pretende un mito innecesario– pero crece con el movimiento popular hasta hacerse símbolo de los descamisados y de los derechos femeninos. En esa época, goza los mejores días de su vida en la quinta de San Vicente, de enamoramiento y admiración por el líder que está emergiendo y el movimiento nacional en marcha.

En él ocupa inicialmente el lugar de “La primera Dama” vengándose, con los mejores vestidos, de las señoronas de la clase alta en las noches de gala del Teatro Colón. Pero a partir de 1946 se convierte en algo así como un ministro de Trabajo paralelo respecto del secretario de Trabajo y Previsión José María Freire, recibiendo los reclamos, anhelos y sugerencias de los trabajadores, que transmite al Presidente. Armando Cabo, uno de los principales dirigentes gremiales de la época, dirá que su labor fue fundamental “como puente entre Perón y la clase trabajadora”. En el armado policlasista del frente de liberación nacional, el General necesitaba un contacto directo con “la columna vertebral” –los sindicatos– y esa tarea la realizó ella, que ya empezó a ser “Evita” y dejó los vestidos lujosos por el traje sastre y el peinado con rodete. Después, vino su viaje a Europa y al regresar, la puesta en marcha de la Fundación, duplicando así la tarea social de apoyo al movimiento.

Allí entregó su vida. “No era beneficencia –recordaba su confesor, el padre Hernán Benítez–. Le llevaba remedios a un enfermo pero además lo besaba sin importarle sus llagas. Yo, pastor de Cristo, daba un paso atrás para no contagiarme y ella me reprendía: –No venimos a traer remedios, padre. Venimos a dar solidaridad, afecto, al compañero que sufre... Un día –recuerda Benítez– íbamos en el auto a la residencia cuando ella advirtió que en la puerta de un Banco una anciana lloraba. Hizo detener el auto y cuando se enteró que no le habían pagado la jubilación por una cuestión burocrática, entró con ella al Banco –y yo detrás, porque iba sin custodia– y dijo bien fuerte, en el medio del salón: ¿Quién fue el hijo de puta que le dijo a esta señora que viniera otro día? Esa era Evita”. (Así, los gobiernos populares “violan las instituciones liberales” con escándalo de los gorilas).

En esa tarea entregó su vida, cuando el cáncer comenzó a roerla impiadosamente. Era preciso estarse hasta la madrugada para contestar las cartas porque ningún argentino debía ser defraudado por una falta de respuesta, superando la endeblez de los 38 kilos. El pueblo entendió ese amor desenfrenado. La oligarquía también y por eso la odió: “Viva el cáncer” escribieron en las paredes. Ella, consumida por la enfermedad, dijo sus últimas palabras: “Gracias, Juan”. Los evitistas de última hora jamás podrán comprenderlo, ese “evitismo antiPerón” que, como dijo alguien, “es la etapa superior del gorilismo”.

Luego vino la contrarrevolución y secuestraron su cadáver. Al devolverlo, dieciséis años después, en 1971, en Puerta de Hierro, abrieron el féretro y resultó evidente que la habían golpeado hasta quebrarle la nariz y hacerle un tajo profundo en el cuello. Tal era el odio, a niveles tan altos como, por contrapartida, la veneración de su pueblo. Perón sólo dijo la palabra que correspondía a ese furioso ensañamiento clasista: ¡Miserables!.

Norberto Galasso. Historiador.

sábado, 15 de agosto de 2009

A propósito de la patria

Leopoldo Marechal nos dejó un poema que, a quienes amamos esta Patria con nombre platino, nos ha marcado para toda la vida.

"La Patria era una niña de voz y pie desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones
en tiempos de labranza,
o dirigir los carros graciosos del estío,
con las piernas al sol y el idioma en el aire.
(Los hombres de mi estirpe no la vieron:
sus ojos de aritmética buscaban
el tamaño y el peso de la fruta).

La Patria era un retozo de niñez
en el Sur aventado, en la llanura
tamborileante de ganaderías.
Yo la vi junto al fuego de las yerras
estampando su risa en los novillos;
o junto al universo de los esquiladores,
cosechando el vellón en las ovejas
y la copla en las dulces guitarras de setiembre.
(No la vieron los hombres de mi clan:
sus ojos verticales se perdían
en las cotizaciones del Mercado de Lanas)."

Con las cuartillas escritas por Felipe Noguera y Alberto Berro –según informa La Nación de este domingo- el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcatti, afirmó: “La Patria es nuestra historia y también nuestra conciencia de esa historia”. Con ello, el estanciero pretendió, con sus palabras, desplegar la concepción del “Campo” sobre la Patria.

De repente “los ojos de aritmética”, que sólo ven el tamaño y el peso, “los ojos verticales”, que sólo perciben la suba y la baja de los precios, se sintieron en la obligación de explicarnos a los argentinos qué es la Patria.

Es bueno que, por fin, se acepte el desafío de discutir sobre nuestra historia y sobre la conciencia de nuestra historia, porque es, justamente la conciencia de esa historia, la huella que ha dejado en las generaciones vivas, lo que hace evidente que la Patria a la que se refiere Biolcatti es una Patria muy distinta a la que está dibujada en el corazón y la memoria colectiva de la inmensa mayoría de los argentinos.

Dicen Noguera y Berro, a través de Biolcatti: “Cuando el campo dice Patria, piensa con nostalgia en aquel magnífico granero del mundo capaz de alimentar a la humanidad entera, hoy convertido en presa de la voracidad fiscal y la falta de políticas adecuadas”.

En cambio, cuando el pueblo argentino dice Patria recuerda con dolor y con indignación histórica aquel Centenario del “granero del mundo”, regido con estado de sitio, con la Ley de Residencia y donde, un año antes, los “cosacos” de la policía de Ramón Falcón reprimieron un acto del 1º de Mayo dejando tendidos 8 muertos y 105 heridos. Aquel 25 de mayo de 1910 se celebró con la redacción de las publicaciones obreras La Protesta, La Batalla y La Acción Socialista presos, junto a un centenar de militantes populares. Mientras la Argentina de la Sociedad Rural saludaba embelesada a la obesa representante de la corona española, la “infanta” Isabel, patotas oligárquicas empastelaban imprentas anarquistas, apaleaban a trabajadores desarmados y generaban terror blanco en las barriadas humildes.

Aquella Argentina no era “capaz de alimentar a la humanidad entera”, como sus escribas le hacen fantasear a Biolcatti, sino que apenas era capaz de alimentar a los argentinos viejos del interior postrado y a los nuevos argentinos que se hacinaban en los oprobiosos conventillos. Tan sólo alimentaba a los ingleses con su chilled beef, y a cambio de ello les entregaba el control de sus puertos, sus ferrocarriles, sus frigoríficos, su prensa y su gobierno.

Esa Argentina a cuya añoranza se suma, con aire de hijo bastardo Eduardo Buzzi, es la que llevó dos años después al proceso de sindicalización agraria, enfrentado a la clase terrateniente tradicional, que se conoció como “Grito de Alcorta”. Ni siquiera para los fundadores de la Federación Agraria Argentina, chacareros criollos, italianos y españoles, la Argentina del Centenario tenía un lugar. La incorporación de la Argentina rural al mercado internacional y los recursos generados por la renta diferencial se convirtieron en fanfarronerías de nuevo rico, en dilapidación suntuaria, en viajes a Europa con la familia y la vaca, en tirar manteca al techo con cocottes franchutas de besos lentos y manos rápidas.

Esa es la nostalgia que le dictan Noguera y Berro al parvenú Biolcatti. Es simplemente un adorno retórico a la exigencia perentoria de esa clase social, que, en sus pretensiones, no ha cambiado desde el Centenario: la renta agraria es nuestra y hacemos con ella lo que queremos.

Vuelve Biolcatti a la historia, cuando dice: “Pienso en Manuel Belgrano, en José de San Martín, en Domingo Faustino Sarmiento, en Juan Bautista Alberdi. Hombres que le dieron a la Patria todo, sin pedirle nada. Hombres que fundaron y construyeron esta Nación sin necesitar superpoderes. Que murieron en la dignidad de su pobreza, sin tener que presentar declaraciones juradas. Pienso en ellos y me avergüenzo”.

Vuelve a vigilar Mitre desde lo alto de la noche el examen de historia del estanciero lechero.

¡Pobre Manuel Belgrano! Quería desarrollar la industria textil para hacer velas y sogas para nuestros barcos, y estos tipos reniegan de una Argentina industrial, que sólo puede construirse con la apropiación por parte del Estado de sus excedentes rentísticos.

¡Y qué San Martín no necesitó superpoderes! Los tuvo y los usó discrecionalmente. Los tuvo en Mendoza, como gobernador militar, y los tuvo en Perú como Protector. Es muy linda la historia de las damas mendocinas entregando su tiempo y sus joyas a la causa de la Independencia. Y es útil para falsear la verdadera imagen del Libertador. En uso de las atribuciones que le exigió al gobierno de Buenos Aires para aceptar su nombramiento, San Martín expropió a las clases pudientes cuyanas para usar sus bienes sobrantes en beneficio de la causa independentista. Aquí se ve, en su manifestación práctica, la utilidad que la historia de Mitre tiene para el sistema de dominación argentino. ¡Qué bueno es ocultar que San Martín fue un gobernante dotado de plenos poderes, sin control parlamentario alguno!

El sanjuanino está muy bien en boca de Biolcatti, que desde su cargo hace evidente la crítica observación sarmientina de que el poder en la Argentina de entonces tenía “olor a bosta de vaca”. Y, podemos agregar, la Sociedad Rural Argentina quiere que vuelva a tenerlo.

En cuanto a lo de la pobreza de Alberdi no podemos sino aceptarlo. El gobierno de los ganaderos y los importadores de la ciudad de Buenos Aires le negaba el pago de sus sueldos como representante argentino en París. “La dignidad de su pobreza” tenía mucho más de castigo mitrista que de virtud republicana. Hace bien Biolcatti en avergonzarse de ello.

Cuando el pueblo argentino dice Patria recuerda con orgullo y dolor la sangre gaucha derramada por los soldados criollos a lo largo y lo ancho de América del Sur, cuando Rivadavia –a quien los asesores de Biolcatti se olvidaron de nombrar o quizás su nombre ya no tiene el impacto publicitario de otras épocas- le quitaba su apoyo al ejército de San Martín, obligándolo a retirarse de Perú. Rememora la firmeza de Juan Manuel de Rosas defendiendo la soberanía de la Confederación, frente al asedio de ingleses y franceses, y saluda con devoción a los héroes de la Vuelta de Obligado. La palabra Patria para los argentinos pobres, para los asalariados –obreros y maestros- es el levantamiento gaucho contra la tiranía porteña, es el exilio, la tuberculosis y la muerte de Felipe Varela, es la cabeza del Chacho clavada en la plaza de Olta.

Esa palabra nos recuerda con orgullo los levantamiento de Yrigoyen contra el “régimen falaz y descreído” de la oligarquía del campo y nos alegra con el desborde arrabalero de los votos radicales de 1916.

Patria es para nosotros, los argentinos que estamos fuera del predio ferial, de la estancia y de la inversión en soja, la sangre obrera derramada en las calles de Barracas y Parque de los Patricios durante la Semana Trágica y el levantamiento de Paso de los Libres contra la dictadura justista.

Nosotros no tenemos que avergonzarnos, como Biolcatti. Nos pone orgullosos el recuerdo de los obreros bien pagos del 17 de octubre y nos alegra la insolencia plebeya de Evita, nombrando a su madre al frente de la Sociedad de Beneficencia.

La Patria, en suma, ha sido para nosotros una larga lucha por la Independencia, por construir una sociedad soberana, por reparar la injusticia, por dar voz a los desheredados. Desde el 2001, que son los años que Biolcatti mejor conoce, hemos tenido que dar una dura lucha para sacarnos de encima las políticas que nos impuso la Sociedad Rural Argentina desde su participación en el golpe de 1976 y dar trabajo a los desocupados, blanquear a los trabajadores informales y mejorar el salario de todos. La preocupación por la pobreza en boca del presidente de la SRA tiene el mismo valor que la preocupación del verdugo por la salud del condenado a muerte.

En suma:

"La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito".

Por eso, que la Sociedad Rural mejor no hable de la Patria.
Julio Fernández Baraibar

domingo, 26 de julio de 2009

La profesía de Evita hace más de 50 años

En un discurso en la Escuela Superior Peronista, Eva Duarte de Perón anticipa lo que sucederá con los cargos públicos durante los próximos 50 años de historia argentina:

"...Por qué insisito en hablarle sobre la ética peronista, muy simple compañeros, porque todavía hay peronistas que por su afán de obtener privilegos más parecen oligarcas que peronistas.

Quiero decirles, y se los digo con mi pasión de peronista y de mujer, que el peronismo que nació el 17 de octubre es un triunfo del auténtico pueblo sobre la oligarquía.

Les voy a dar un ejemplo, el funcionario que se sirve de su cargo es oligarca, no sirve al pueblo sino a su desmesurada ambición. Esos no son peronistas, son oligarcas, ídolos de barro.

La oligarquía que derrotamos el 17 de octubre está muerta, o a lo sumo agoniza. Por eso es que le tengo más miedo a la oligarquía que puede haber entre nosotros, o a la que puede nacer cotidianamente cada día entre nosotros.

Perdonen chicas y muchachos que les insista tanto con esto, pero quisiera que se lo lleven profundamente grabado en el corazón. Es fundamental para nuestro movimiento, es fundamental para que no sean los peronistas los que destruyan al peronismo."

Eva Perón.

sábado, 25 de julio de 2009

María Eva

Letra:

María Eva nació en Los Toldos,
no en un estudio de filmación,
supo beber del dolor de todos,
no sólo cuando se alzó un telón.

Eva no es un cuento,
no respeta un guión...
María Eva nació en Los Toldos...
Evita en nuestro corazón.

María Eva se fue en invierno...
Julio de un negro cincuenta y dos...
Arden los ojos de los más buenos,
lloran por Eva, niegan su adiós.

No regala un pueblo...
tanta devoción.
María Eva se fue en invierno...
Evita no.

Qué sabe un coreógrafo en Londres
de esta historia...
Qué sabe del beso que esconde
nuestra memoria...

De los abrazos descamisados,
de un país sembrado
de dignidad...
Semilla de Evita que un día florecerá.

María Eva nació en Los Toldos,
no en una Opera de ficción,
después Evita en los barrios rotos,
por cada fábrica renació.

Eva no es un cuento...
Es revolución.
María Eva nació en Los Toldos...
Evita en vos.

Qué sabe un coreógrafo en Londres
de esta historia...
Qué sabe del beso que esconde
nuestra memoria...

De los destierros,
de los agravios,
de los hermanos que hoy no están,
por ir tras su huella y sus pasos de libertad.

Dame el sol de tu ternura...
enseñame a no aflojar ...
Soy uno entre millones,
en los que vuelve Eva y sus razones una vez más.

Tu privilegiado fui...
Me diste un tiempo feliz
y leyes para seguir...

Yo...
después del año dos mil,
aunque no te conocí,
te quiero desde que nací.

Qué sabe la crítica en Broadway
de esta historia...
Del verso y la música que honran
nuestra memoria...

Las marquesinas y las vidrieras,
un día brillan,
otro no están...
En mi país la bandera de Eva es inmortal.

Letra y música: Ignacio Copani

domingo, 27 de julio de 2008

Eva Perón, 19 años después

Fuente: Revista Panorama, 27 de julio de 1971.

Era un atardecer pesado de Buenos Aires. El sábado 26 de julio de 1952 no parecía vivirse un día invernal; sin embargo, a las 20.25 una corriente helada atravesó las barriadas más humildes, se enroscó en los hogares de la clase media, rozó el barrio Norte y se hundió en el centro mismo del sentimiento del país. A esa hora, Eva Duarte de Perón -Evita- fallecía, rodeada por su esposo, sus hermanos y el médico, Ricardo Finocchietto.

Un largo, infinito velatorio, se extendió por los días y las semanas siguientes: filas interminables de hombres y mujeres se agolpaban en el local de la Confederación General del Trabajo para ver el cuerpo muerto y embalsamado por el doctor Ara.

Durante 41 meses, el cadáver de “la Abanderada de los Humildes” reposó en la CGT. El 22 de diciembre de 1955 un piquete de oficiales de Ejército, bajo el mando del coronel Carlos Moore Koëning -jefe del Servicio de Inteligencia del arma- procedía a retirar del segundo piso de Azopardo 702 el ataúd con el cuerpo de la compañera de Perón. “Podía ser profanado o utilizado como bandera de una guerra civil. Por eso llegué a una conclusión: había que sacarlo de allí muy rápido”, arguyó el oficial ante Panorama, dos años atrás.

Aquellos eran los días más duros de la Revolución Libertadora: la palabra “revancha”estaba a la orden del día.

Historia de una búsqueda
Desde entonces el destino de los restos se convirtió en una de las incógnitas más apasionantes de la política argentina. Una incógnita que acaso llegue a develarse en las próximas semanas cuando Jorge Daniel Paladino -el virrey de Perón- viaje a España a conversar con el “Líder”. ¿Dónde han reposado el cuerpo o las cenizas de“la Dama de la Esperanza”durante estos años? Es casi posible enumerar las versiones y teorías que circularon para dar respuesta a esa pregunta. Primero se creyó que los restos pasaron a una guarnición. Más tarde quiso la leyenda que los ataúdes se multiplicaran hasta llegar a 25 y que otras tantas misiones -todas falsas, salvo una- llevaran esos sombríos presentes a puntos distintos: Bélgica, Alemania, el Vaticano. La literatura propuso un detalle: “el cuerpo está parado, vertical” hizo declarar Rodolfo Walsh al anónimo militar que protagoniza su cuento Esa Mujer. También se supuso que un organismo dependiente de la Marina se encargó de cremar los restos y sepultarlos en medio del Río de la Plata. ¿Quiénes son los poseedores del secreto? Uno de ellos, sin duda, era Pedro Eugenio Aramburu y quizás se lo llevó a la tumba.

Palabras, palabras
Manuel de Anchorena, -ex candidato a concejal de la UCRP-, estanciero nacionalista que últimamente corteja al General Perón, viajó la semana última de la Santa Sede. ¿Tal vez para lograr allí la devolución del cuerpo? Armando Puente, corresponsal de Panorama en Madrid, alcanzó a detectar las agitadas tramitaciones del embajador en Italia, almirante Argüelles y de monseñor Ángel Bonamín. Ellos se habrían reunido con Anchorena y con el flamante embajador argentino ante Franco, brigadier Jorge Rojas Silveyra para dar los pasos finales en la reaparición del cadáver. No obstante, la gestión fue recubierta de una discreción impenetrable.

El viernes pasado, horas antes de cumplir el rito anual del homenaje a Evita, Juana Larrauri -secretaria de la rama femenina del peronismo- arriesgó una opinión: “A la Señora no le perdonaron nunca que fuera joven y hermosa. Ese es el valor que más le importa a las mujeres de la oligarquía, lo único que jamás le disculparán”.

Amado, aborrecido, el cuerpo de Evita fue arrancado violentamente del lugar que le correspondía. Será mucho, mucho más difícil quitarle su memoria a la inmortalidad. Y sin duda también debe ser incluida en el Gran Acuerdo Nacional.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

viernes, 25 de julio de 2008

Argentina llora por Evita

El 26 de julio de 1952 por cadena nacional, un locutor anunció: “Son 20.25, hora en que Eva Perón, jefa espiritual de la Nación entró en la inmortalidad”. Falleció "Evita", la mujer de mayor influencia social y política en la historia argentina. Tenía sólo 33 años de edad.

Evita nació el 7 de Mayo de 1919 en Los Toldos (Provincia de Buenos Aires-Argentina), y murió en Buenos Aires el 26 de julio de 1952.

Evita, hija ilegítima de una cocinera, se convirtió en la amante del coronel Perón cuando era adolescente, siendo cantante y actriz radiofónica y cuando en 1945 aquél fue detenido, ella movilizó a los sindicatos para que lo liberaran.

Participó -ese año y el siguiente- en la campaña presidencial de su marido. Cuando un año más tarde accedió a la presidencia, ella se convirtió en una poderosa líder a su lado.

A pesar de que nunca tuvo un puesto oficial en el gobierno, Evita actuó de facto como Ministro de Salud y Trabajo. Luego de eliminar los subsidios a la tradicional Sociedad de Beneficencia, ganándose gran cantidad de enemigos en la elite tradicional, la reemplazó con la Fundación Eva Perón, la cual fue sostenida por uniones "voluntarios" y contribuciones más aportes de la lotería nacional y otros fondos. Estos recursos fueron utilizados para establecer cientos de hospitales, escuelas, orfanatos, casas para personas de edad y otras instituciones de caridad.

Evita fue gran responsable del voto femenino y formó el Partido Feminista Peronista en 1949.
En 1951, a pesar de padecer de cáncer, fue nominada para la vicepresidencia, pero el ejército la forzó a renunciar a tal candidatura. Esto fue un punto que marcó su declive político.

Aunque su vida fue corta, impulsó toda una serie de transformaciones sociales. Cuando Eva Perón falleció a los 33 años, en la radio se anunció: "¡Nuestra líder espiritual ha muerto!". Paladín de los "descamisados" de Argentina, superó en popularidad a su marido, el presidente Juan Domingo Perón.

La Concertación evoca a grandes personajes de la historia argentina

Ingeniosa propaganda de la campaña política de la fórmula presidencial del Frente Para la Victoria, Cristina Fernández de Kirchner y Julio Cobos. Un sólo discurso de los políticos de mayor visión de la historia argentina.

viernes, 18 de julio de 2008

Evita llama a la oligarquía por su nombre

Fragmento del film "Eva Perón", de Juan Carlos Desanzo.

jueves, 15 de noviembre de 2007

No llores por mi Argentina

Para emocionarse, como lo hace Paloma San Basilio interpretando la canción.


Letra:

Será dificil de comprender
Que a pesar de estar hoy aquí
Soy del pueblo jamás lo podré olvidar.
Debéis creerme, mis lujos son solamente un disfraz
Un juego burgués, nada más
Las reglas del ceremonial.

Tenía que aceptar debí cambiar
Y dejar de vivir en lo gris
Siempre tras la ventana, sin lugar bajo el sol
Busqué ser libre, pero jamás dejaré de soñar
Y solo podré conseguir la fe que querrás compartir.

No llores por mí Argentina
Mi alma está contigo
Mi vida entera te la dedico
Mas no te alejes, te necesito.

Jamás poderes ambicioné
Mentiras dijeron de mí
Mi lugar vuestro es, por vosotros luché
Yo sólo quiero sentiros muy cerca, poder intentar
Abrir mi ventana y saber
Que nunca me vais a olvidar.

No llores por mí Argentina...

No llores por mí Argentina
Mi alma está contigo
Mi vida entera te la dedico
Mas no te alejes, te necesito.

Qué mas podré decir
Para convenceros de mi verdad
Si aún queréis dudar, mirad mis ojos ved
Cómo lloran de amor.