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lunes, 26 de diciembre de 2011

Para que el país no se hunda

Ya casi en parte, me había olvidado, claro, ha pasado tanto tiempo, era tan joven en 1973, solo 21 años de edad y a los 21 años las tareas de Hércules son trabajos fáciles de resolver, pero si tenemos toda la vida por delante, como no íbamos a poder hacer un país mejor o eso creíamos. Como decía la canción:

Tenemos razones puras
Tenemos porque pelear
Tenemos las manos duras,
Tenemos con que ganar
Unámonos como hermanos
Que nadie nos vencerá
……………

La lucha a la que nos habíamos unido 3 años antes, la lucha contra la dictadura militar, que había continuado hundiendo al país desde 1966, como las otras dictaduras, prácticamente había dado sus frutos, la salida democrática era una cuasi realidad, cambiar las cosas profundamente era otra cosa, sin embargo porque no, ¿porque Chile si y nosotros no? Algunos de nosotros creíamos en la necesidad de un cambio profundo, trabajábamos, estudiábamos y militábamos, esa era nuestra vida, nada podía ser mejor.

De ese sábado de febrero de 1973 ya no me olvidaré jamás. Frente a la plaza Alsina de Avellaneda, habíamos encontrado un tesoro inimaginado, imposible de creer. ¡Había un muro casi virgen!, ¡en el centro de Avellaneda! ¡A quince días de las elecciones de 1973!: medía unos diez metros de largo por casi dos de altura, ¡estaba buenísimo!

Nos caímos como a las dos de la tarde, formábamos parte de la juventud de la Alianza Popular Revolucionaria con la que como lista trece, apoyábamos a la formula de Alende-Sueldo. Llevábamos los tachos con pintura, las carbonillas y los saches de distintos colores. El petiso José que era un artista, se encargó de hacer los dibujos y las inscripciones, iba a ser “El Mural”. Nos creíamos Diego de Rivera ó el más cercano David Alfaro Siqueiros.

Dibujó campos y tractores, torres de perforación petroleras con pulpos imperialistas abrazándolas, vampiros disfrazados de banqueros (¿disfrazados?) y hombres de trabajo, sobre todo hombres y mujeres. Las consignas no eran ¡síganme! ¡No los voy a defraudar!, O cualquier otra estupidez, eran: ¡Por la reforma agraria!, ¡Abajo el imperialismo!, ¡Por la nacionalización de la banca extranjera! y otras que la segunda década infame, me hizo olvidar y que recién estoy recordando lentamente. El final rezaba así: “Vote LISTA 13” - “Vote Alende-Sueldo” Alianza Popular Revolucionaria.

Había quedado hermosa, llena de colorido. Habíamos trabajado como tres horas, pero había valido la pena. Tenía que durar por lo menos dos o tres días, para que las masas la pudieran ver y que surtiera efecto en ellas además de lograr convencer a los independientes. Nos fuimos contentos a una reunión en el comité de Lanús. Como a la media hora sonó el teléfono. Era el flaco Juan Carlos (el presidente del Centro de Estudiantes) que iba para el comité de Avellaneda y lo había visto.
-Hola, ¿quién habla?
-Cacho.
-Mira cacho te aviso que al mural le están pegando carteles encima, son los radicales, porque están colocando unos carteles celestes que ya vi en otra parte.

Nos levantamos corriendo, José manejaba su Peugeot 404, íbamos 5 mas, Héctor, Picho, Luis, Pedro y yo. El auto quedo flojo de amortiguadores, dimos la vuelta a la plaza, los vimos, eran cuatro, nosotros seis ¡pan comido! (pan comido si no estaban armados). El petizo frenó de golpe, como en una serie norteamericana y bajamos. …Tomo la palabra Héctor:

- Compañeros, nos están tapando el cartel que hicimos hoy hace menos de una hora.
-No flaco, no te tapamos nada,
Mientras un cartel azul estaba sobre la mitad superior de la torre, justo donde salía el Petróleo y tapaba a parte de un pulpo. Otro muchacho con un cartel blanco, ya le estaba dando a un tractor.

-Mira compañero lo que estás haciendo, ¡nos estas tapando el mural!.
- El mural ya estaba tapado, nosotros solo seguimos ha…
-Mira flaco hablemos bien…
-¿Que es hablar bien? Contesto el otro, nervioso, al que se lo veía bastante cascarrabias.
- Mirá, hablar bien, es hablar bien…..
- Si ya sé, y vos ¿como hablas mal?, hablemos mal.
- El eco del sonido del sopapo aun resuena por Avellaneda y algunos dicen haberlo oído por Dock Sud.
Se armó el Armagedón, Luis que estaba armado con un pedazo de caño, se fue de costado, a mi me sacaron un diente superior del lado izquierdo, el petizo José, se dio con otro medio petitero, lo tiro a suelo y lo sirvió hasta cansarse.

Una señora que pasaba por ahí, nos gritaba:
- ¡En el suelo no se pega!
- ¡En el suelo no se pega!

Nadie le daba bola, yo seguía cobrando, hasta que se metió Pedrito y le dimos a mi contrincante, lo suficiente, para que nos recordara, como yo lo recuerdo ahora.

El jefe de ellos, le dijo a Héctor:
-¡Para, Para que va a venir la cana!
Por su boca y su nariz salía el líquido rojo que lo había hecho entender, la cana era una excusa para defender el poco “honor” que le quedaba. Paramos todos, Héctor le dijo:

- ¿Entendiste flaco lo que es hablar mal?
-Sí, Si. Le respondió
- Bueno ahora sacan todos los carteles y quedamos bien.

Lo hicieron, pero el mural ya estaba jodido y no lo íbamos a poder reparar por seguridad pues en cualquier momento podía llegar la cana o algo peor.

Nos fuimos al comité de Avellaneda, discutimos, compramos pizza, seguimos discutiendo, cuando escuchamos un rumor, que venía de la Unidad Básica de la Juventud Peronista, con la cual hasta ese momento no habíamos tenido ningún problema y no lo queríamos tener, pues eran como se dice ahora, del mismo palo, o sea del campo popular.

Amenazadoramente nos gritaban:
- ¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno!
- ¡Aserrín, Aserrán de Avellaneda hoy no se van!

Nosotros en bolas hasta que llego Onofre, el querido Onofre.

- ¿Que hicieron Pelotudos?
-Los cascamos a los radicales, que nos taparon con los carteles celestes y blancos del mural, le dije yo.
-¡Que radicales ni ocho cuartos! Los carteles azules eran de los radicales, los blancos de los compañeros de la JP.

Eran como 50 y dale con:
- ¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno!
- ¡Aserrín, Aserrán de Avellaneda hoy no se van!
-¿Y qué hacemos?
- Vámonos mientras es de día y mañana negociaremos, fue la orden.

No, lo que habían hecho y lo que había pasado no era suficiente para estos modernos Heracles y como si se tratara del más célebre de los héroes griegos, el paradigma de la virilidad y el adalid del orden olímpico contra los monstruos ctónicos (telúricos bah), arremetimos a una nueva tarea, salir esa noche de carnaval, sábado de carnaval para ser más precisos, a pintar por las barriadas del Dock Sud.

No podíamos contar con José ni con Luis, o sea fuimos Héctor, Picho, Pedro y yo. El Picho era hijo de un pianista de tango, ex de la orquesta de Juan Darienzo, Fulvio Salamanca, preso por aquella época por una causa armada, pero básicamente por su militancia en el Partido Comunista y en SADAIC. El Picho tenía un amigo, que a su vez era dueño de una vieja camioneta rastrojero, la pidió prestada para la pintada y la consiguió, se nos unieron dos mujeres, una era Graciela Pane y la otra, la novia de Picho.

Recuerdo que salimos por la avenida Debenedetti a eso de las 12 de la noche, meta cal y brocha, a falta de José que era el artista, dibujaba yo las letras y el resto blanqueaba las paredes y rellenaba de color las letras técnicas de estudiante de ingeniería que yo realizaba, veíamos pasar las parejitas que iban empilchadas para el baile, el tiempo pasaba y nosotros pintábamos, el tiempo pasaba y unos eran felices bailando mientras otros, nosotros, lo éramos haciendo esas tareas revolucionarias que cambiarían la vida de todos, de ellos y de nosotros, el tiempo pasaba y ellos salían de bailar, nosotros…., seguíamos dándole a la brocha.

Caminando llegamos a un pequeño taller astillero, le pintamos las paredes de chapa, cuando de golpe, vemos un pequeño barco remolcador que estaban construyendo, saltamos el alambrado y sobre la proa del lado de babor, le pintamos bien clarito con letra inclinada a 75º

PARA QUE EL PAIS NO SE HUNDA
VOTE ALENDE- SUELDO

Pasó el tiempo, ni nosotros hicimos la revolución ni la JP, la patria socialista, es mas votamos a Perón (con Isabel) y luego a Luder con Exterminio Iglesias, luego de eso, juré no votar jamás a un peronista (ni por un radical) y soy de cumplir mis juramentos.

Pasaron 37 años y 9 meses, hoy es feriado nacional y se está realizando un censo nacional, estamos con mi esposa mirando la televisión esperando al censista, ya no soy Heracles luchando contra lo imposible, ya no existe Hércules, nadie ya puede Limpiar los establos de Augías en un día, por si solo, sin embargo las cosas, de a poco están mejorando. De golpe el anuncio brutal, en un cartel Rojo: Murió Néstor Kirchner...

Fue de golpe, el dolor golpeaba el pecho, me había dado cuenta que no en un día pero con paciencia, ese hombre ya cadáver, había empezado a limpiar los nuevos establos de Auguías, llenos de bosta, pero en Argentina y viendo a esos jóvenes marchar esa noche, llorando como yo lo hacía en mi casa, me di cuenta que nunca una consigna era tan justa como la aggiornada:

PARA QUE EL PAIS NO SE HUNDA
VOTE……..

Tiempo después falte dos veces a mi juramento, no lo siento, pero falta Hércules, a estos establos los tenemos que limpiar entre todos.
Enrique Ramiro Vázquez.

viernes, 11 de marzo de 2011

La gran impostura: Cámpora y el 11 de marzo de 1973

Quien no debió ser más que un presidente interino en la transición a la democracia, acabó manipulado por los grupos más radicalizados cuyos sucesores fabrican hoy el mito. El testimonio del ministro del Interior de Perón, Benito Llambí, sobre la violenta "primavera" camporista.

La historia está llena de malentendidos y el del papel de Héctor Cámpora en el 11 de marzo de 1973 es uno de ellos.

La fecha, de la que se cumplen 38 años, está asociada a la figura de este odontólogo de San Andrés de Giles porque, ante la proscripción que pesaba sobre el general Juan Domingo Perón, exiliado en Madrid, éste lo eligió para encabezar la fórmula del Frente Justicialista de Liberación que triunfó por 49,5% de los votos en las elecciones presidenciales que pusieron fin a la dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse.

Pero la exageración sobre su protagonismo –a niveles que rozan el ridículo– y la elevación a la categoría de víctima de un despojo –por su posterior renuncia– son imposturas contemporáneas.
El de Cámpora era un poder vicario, resultado de las últimas maniobras montadas por un gobierno de facto saliente que se negaba a aceptar lo inevitable: el regreso de Perón al país y a la Presidencia.

La elección de un candidato sustituto recayó en él por su presumida lealtad. Había sido electo diputado en 1946 y presidió la Cámara entre 1948 y 1952. Fue encarcelado tras el golpe de Estado que derrocó a Perón en septiembre de 1955 y al año siguiente se fugó a Chile, junto con otros dirigentes.

En 1971, Perón lo designó delegado personal. Se acercaba la apertura democrática y la retirada del gobierno de facto.

El entonces presidente, general Alejandro Lanusse, estableció que todos los candidatos presidenciales debían acreditar una residencia en el país anterior al 25 de agosto de 1972 –cláusula arbitraria que tenía un solo destinatario. Perón no tuvo más remedio que designar a un sustituto.

Una personalidad poco carismática y la ausencia de poder propio convertían a Cámpora en el candidato ideal para un mandato delegado en lo que no debía ser más que una transición hacia la definitiva normalización política del país.

Este interinato forzado por la proscripción de Juan Perón intenta ser presentado hoy por ciertos sectores como un período soñado. Una impostura histórica e intelectual que además elude responsabilidades en la frustración de aquella nueva oportunidad democrática para el país. El período camporista, pese a su brevedad, no fue en absoluto inocuo respecto al posterior desarrollo de los acontecimientos.


"Perón no va a volver", dice su delegado

Los rasgos de personalidad que hicieron a Cámpora elegible como suplente de Perón también lo volvieron permeable a la presión de la corriente de izquierda militarista en cuyo núcleo se encontraban las organizaciones armadas, Montoneros y FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), y que desde un primer momento pretendió disputarle al general exiliado la conducción del movimiento.

Mareado por la euforia del triunfo del 11 de marzo, el presidente interino prestó oídos a los cantos de sirena de quienes le sugerían que podía sustituir al fundador del peronismo.
"La primera señal clara que obtuve acerca de que Cámpora había cambiado sus intenciones y meditaba mantenerse en la presidencia –relata Benito Llambí, ministro del Interior de Perón en 1973, en sus Memorias– me la proporcionó él mismo espontáneamente cuando me dijo: 'Usted lo va a ver. (Perón) va a venir, va a estar un tiempo, y luego retornará a España. Y después ya no va a volver'".

En concreto, Cámpora se dejó manipular por los grupos que vieron en su debilidad política y de carácter una oportunidad de "copar" el Gobierno.

Esta intención era reflejo de una distancia creciente entre el discurso de unidad, conciliación y pacificación nacional, que encarnaba el Perón del retorno, y el proyecto sectario, extremista y violento inspirado en el modelo castrista de Cuba, que era el de la guerrilla.

Baste un ejemplo: mientras el jefe del peronismo intentó sumar al principal partido opositor, la Unión Cívica Radical, a su proyecto, ofreciéndole la vicepresidencia a Ricardo Balbín, la organización Montoneros asesinó meses después a otro importante referente radical, Arturo Mor Roig.

Benito Llambí escribe que estos grupos, "si bien contribuyeron (a la caída del régimen militar), luego también contribuyeron a la caída del gobierno constitucional (y) en vez de adaptarse al proyecto general y aceptar los requisitos mínimos de tolerancia y sacrificio que reclamaba la unidad nacional, prefirieron sostener su pretensión de conducir unilateralmente el proceso".


Ezeiza, la otra falsificación

El drama es que esta diferencia se expresó en actos violentos. Durante lo que los panegiristas del Presidente –que no debió ser– llaman "primavera camporista" tuvo lugar el enfrentamiento de Ezeiza, otro episodio que mediante artificio literario se pretende convertir en un complot contra Cámpora, cuando en realidad apuntaba a frustrar el regreso de Perón.

La responsabilidad institucional por la seguridad en la concentración de cientos de miles de argentinos que fueron a buscar al dirigente exiliado a Ezeiza aquel 20 de junio de 1973 le correspondía al gobierno camporista.

La violencia desatada ese día forzó al avión que traía al general a aterrizar en la base aérea de Morón. "De inmediato se le expuso a Perón el problema de Ezeiza –recuerda Llambí–. Sin disimular para nada su fastidio, hizo responsable de toda la situación al ministro del Interior Esteban Righi, a quien retó en términos durísimos delante de todo el mundo".

Ezeiza no fue sino uno más de varios episodios que no presagiaban nada bueno y que se habían iniciado apenas asumió Cámpora.

El periodista Armando Rubén Puente, corresponsal de la Agencia France Presse en Madrid, lo recuerda así: "Las noticias que recibía Perón en Puerta de Hierro desde el 25 de mayo de 1973 lo ponían furioso. No toleraba ni el clima de violencia que se generaba en el país por parte de la Juventud Peronista ni la cobertura que le otorgaba el nuevo presidente argentino. Las ocupaciones de edificios públicos, la violencia de las agrupaciones guerrilleras contra sindicalistas, militares y policías, o el clima revolucionario en las universidades no formaban parte de la restauración de la democracia que pretendía el General".

Llambí, por su parte, relata: "Los pasos dados por el doctor Righi, en las horas subsiguientes al cambio de gobierno, indicaron lo que se estaba preparando. Desafío y provocaciones a las fuerzas de seguridad, situaciones de escándalo en el servicio penitenciario, a raíz de las libertades determinadas por la amnistía decretada por el gobierno, virtual ocupación de la Casa Rosada por jóvenes de la Tendencia, sólo podían llevarme a una conclusión: recuperar el curso de acción en el que veníamos no iba a ser fácil".

Cabe recordar que las organizaciones armadas no esperaron a que el Congreso se reuniera. Tomaron las cárceles hasta forzar al gobierno camporista a liberar a los presos políticos mediante un decreto. Muchos de los cuadros guerrilleros que dejaron entonces la prisión volvieron de inmediato a la lucha armada.


"Cosas de muchachos"

Benito Llambí estuvo a cargo del protocolo de los actos de traspaso de mando. Para él, "el 25 de mayo de 1973, que debió haber sido una fecha de alegría y alivio para el pueblo argentino, terminó siendo una jornada funesta y llena de malos presagios, (...) alterada por innumerables hechos de provocación y violencia".

Un ejemplo –anticipo de los escraches hoy de moda– fue que el presidente uruguayo Juan Bordaberry estuvo a punto de volver a Montevideo sin asistir al acto tras ser insultado y agredido por un grupo de manifestantes.

Se trataba del mandatario electo de la nación vecina y que la llamada "bordaberrización" uruguaya no había tenido lugar aún. El ataque estaba motivado por la solidaridad con los jefes de la organización guerrillera Tupamaros detenidos poco antes en la República Oriental. Cámpora le restó importancia al incidente: "Son cosas de muchachos... En unos días se reordena todo".

No fue así, lamentablemente. La guerrilla no depuso las armas, pese a la abrumadora legitimidad con la cual Perón asumió la presidencia poco después, demostrando encontrarse en las antípodas del espíritu de reconciliación nacional del cual éste había regresado imbuido.

Montoneros ejecutó su venganza asesinando al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, a días del triunfo electoral de Juan Domingo Perón.

El líder sindical había sido el primero en manifestar públicamente que la voluntad de los trabajadores era ver al General en la presidencia. El 13 de julio, organizó un multitudinario desfile de trabajadores a la residencia de Perón en Gaspar Campos.

Horas después, Héctor Cámpora presentaba su renuncia. Al producirse el golpe que derrocó a Isabel Perón, tuvo que exiliarse en México –previa estadía en la embajada de ese país en Buenos Aires–, donde falleció en diciembre de 1980.

Lamentablemente, como los hechos posteriores lo demuestran, las tendencias negativas desatadas durante su breve interinato no pudieron luego ser desmontadas.

La consigna 'Cámpora al gobierno, Perón al poder' no había sido una trampa, sino la herramienta para eludir un veto.

Nadie se llamó a engaño entonces. Sólo por deshonestidad intelectual se intenta hoy atribuirle al personaje una "legitimidad" de la cual carecía. Los peronistas habían hecho un ensayo previo cuando en 1958 votaron a Arturo Frondizi por mandato de Perón, estando proscripto en esa ocasión todo el Partido Justicialista. En 1973, todos entendieron el sentido de la candidatura del ignoto Cámpora. Fue votado masivamente porque era la cara legal de Perón.

Fuente: infobae.com

jueves, 10 de marzo de 2011

"En Ezeiza, Perón sabía que lo querían matar"

El escritor Juan Bautista "Tata" Yofre detalló por Radio 10 cómo fueron los últimos días del gobierno de Héctor J. Cámpora, que duró 49 días. Afirmó que el día de su vuelta, sectores de izquierda querían asesinar al General. Mañana se cumplen 38 años del triunfo "camporista" en las elecciones presidenciales de 1973.


Tal vez sea uno de los hechos que más polémica generó dentro del movimiento peronista. La presidencia de Héctor José Cámpora, de quien mañana se cumplen 38 años del triunfo en las elecciones presidenciales de 1973, marcó un punto de inflexión entre los distintos sectores que pugnaban por el poder en la década del ´70 dentro del peronismo.Juan Bautista "Tata" Yofré, autor del libro "El escarmiento", en donde cuenta el último año de vida de Perón luego de su vuelta de España, y en el que afirma que el General sabía que sectores ligados a la izquierda dentro del Peronismo querían asesinarlo cuando llegara a Argentina, dio detalles de aquellos días de gobierno "camporista".

"Perón advierte que el país era un caos. Lo van a buscar a Madrid, y ahí a Cámpora lo maltrata. Perón vuelve el 20 de junio del 73, donde se cometen los enfrentamientos de Ezeiza. Y ya antes Perón sabía que lo querían matar, que "Montoneros" quería atacarlo. Incluso varios le advierten que las balas que se dispararon ese día también estaban dirigidas hacia él", afirmó Yofré en diálogo con Marcelo Longobardi, en el programa Cada Mañana de Radio 10. "Al día siguiente se va a la casa de Gaspar Campos sin avisarle a Cámpora, que al enterarse también se va para allá. Ahí Cámpora recibe una de las mayores humillaciones de su vida, porque Perón le reprocha duramentre una serie de cosas que habían ocurrido en el último tiempo", continuó.

El escritor afirmó que Perón estaba muy disgustado con los hechos que habían sucedido durante el gobierno de Cámpora, que había indultado a quienes habían sido detenidos por cometer ataques políticos durante los años anteriores, y que formaban parte de los grupos armados de izquierda.

"El 21 de junio pronuncia su famoso discurso y le advierte a la izquierda que no intenten infiltrarse en el movimiento. El 25 de junio se encuentra con Balbín en la oficina del bloque radical en el Congreso, donde Perón le muestra su enojo con lo que estaba pasando. El 26 sufre un pequeño ataque cardíaco, que le hace demorar unos días la decisión de sacar a Cámpora del poder", dijo Yofré.

"Cámpora ya tenía decidio abandonar el gobierno, pero esa decisión se acelera luego de que Calabró, desde Corrientes, declara que no tiene sentido que estando Perón en el país Cámpora sea el Presidente. Por eso el 13 de julio decide renunciar y asume la presidencia provisional Lastiri", concluyó Yofré.